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Full text of "Susana tiene un secreto : comedia en tres actos y en prosa"

Cbmedíaf 




RIO MARTIN PZ SIERUA 



«. ,- Caricatura de TOVAR. 



\X 



flñll IMIITIZ SlRIl y HOBOlia mUÍ 5üS.Mf,T,EM5üM SECRETO 

£«cpmo oEMujERi Gailos ARNICEES y Antonio PASO | 

50 céntimos 



|illll¡lllilllllílllllllilll¡llllllll!llliillll!i^ 

i NÚMERO II : : 27 DE FEBRERO DE 1926 >: AÑO I 

I COMEDIAS 

g REVISTA SEMANAL 

I director: gerente: 

I ANDRÉS GUILMAIN BENJAMÍN S. HERRERO 



I Oficinas: Rodríguez San Pedro, 57 :-: MADRID :-: Apartado 8.036 

I PRECIOS DE SUSCRiPCíON 

I España y América.. . . Trimestre 6 ptas. 

I — — ... Semestre. ..12 — 

g — — ... Año 24 

g Extranjero Semestre... 15 — 

= — . . Año .28 — 

g Los suscriptores recibirán sin aumento de precio cuantos nú- 
M meros extraordinarios se publiquen. 

|llllllllllll!IllllilllllllllllliilllillllllltillllP^ 

I Eí próximo sábado publicaremos, en númaro i 

I extraordinario, L 

I CURRITO DE LA CRUZ 

= comedia en tres actos 

I de Manuel LIÍNRRES RIVM5 

I y Alejandro PfREZ LüQm 

i Y 



EL PAVO REAL 

comedia en tres actos 

de Eduardo MRRQUmñ 



ÍAD 

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Si quiere usted conocer lo mejor 



^^ viuicic usiea conocer lo mejor /^^^^ n/i r—r^ = 

del teatro contemporáneo, lea COrVEDIAS 

IMÍlllllíllllllllllllllllililllllílllJilli 

imprenta deF. Moliner.— Leganitos, 54, Madrid. 



G. MARTÍNEZ SIERRA Y HONORIO MAURA 



SUSANA TIENE 

UN SECRETO 

COMEDIA EN TRES ACTOS Y EN PROSA 



Estrenada en e! Teatro Eslava, de Madrid, el día 8 de 
enero de 1926. 



REPARTO 

PERSONAJES ACTORES 



5USANA Catalina Barcena. 

dADAME TONTm Rafaela Satorres. 

liIJCI A ... . Milagros Leal , 

VlARIA ROSA , Rosa Díaz Gimeno. 

3LANCA. María del Carmen Gil. 

vIARLA PAZ Isabel Garcés. 

¿NFSRMERA Josefina Morer. 

LEONOR . Adela Santanlaria. 

UNA OFICXALA Aurora García Alonso. 

íLYARO de YEBENES Manuel Collado. 

íáATJRTCIO GALÁN, Luis Manrique. 

LUIS ALFONSO José Crespo. 

TRISTAN Ricardo de la Yega. 

ÜN CRIADO . Santiago Duque. 



671044 



ACTO PRIMEEO 



La escena representa im saloncito particular en el piso see;uii 
del Hotel Cristina, de San Sebastián. Al fondo hay un ventai 
grande, por donde se ve el mar y el monte Ulía. A la derecl 
puerta al cuarto de dormir de Susana. A la izquierda, puerta al « 
rredor del Hotel. A la derecha, en primer término, y ses^^-ada u 
especie de cama turca. Detrás de ella un velador muy ligero, 
los que se emplean en las sesiones de espiritismo. El resto del u 
biliario, el clásico de los grandes hoteles, pero con detalles dem<j 
trando que la habitación está vivida por persona de buen gust 

(Al levantarse el telón, en el centro de la hahix 
Clon y en derredor de una mesa, cuatro much 
chas, jóvenes y bonitas; todas están acabando 
comer. Un camarero del hotel les sirve los postn 
Son las diez y media de la noche.) 
(Levantándose.) Y ahora que nos hemos quedado & 
las, antes de que llegue el momento de desparrama ,., 
nuestros cuerpos gentiles por este saloncito del Hor 
Cristina, permíteme que... 

¡Ah!... ¿pero vas a brindar como en los banquetes c" 
veras? 



Lucia. 



Blanc. 



Lucia. 



M.^ Ro. 

Lucia. 

SUSAN. 

Lucia. 



M.^ Ro. 



Lucia. 



Voy a decir cuatro palabras, si me dejáis... Pero i 
sufras, no os daré la lata... Va a ser un brindis c 
principiante... 

Brindis, no... Eso es muy cursi. 

¡Pero, niña!... Adolescente y ya opinando... 

¿Queréis dejarla hablar? 

Permitidme, os decía, que levante esta copa de u 

dudoso Baccara {la mira al trasluz), en honor d 

nuestro anfitrión, que ha tenido el buen gusto d 

reunimos hoy alrededor de esta bien servida mesa 

como dicen los cronistas de sociedad... 

Oye, no te metas con Gil de Escalante, que ha prc 

metido publicar mi retrato en la plana de «Blanco^ 

Negro» dedicada a bellezas aristocráticas... / 

Mira, rica, o te callas o donde sales es en el suceso de 

día... para celebrar la triste ceremonia de su desp€¡ 

dida de soltera... De esta tristísima, de esta fúneb» 

ceremonia de la despedida de soltera. ¿He dicho tri| 

te? Pues me he quedado corta. Porque no me negáj ^' 



k 

■IN. 



reís que si hace apenas diez años, era el matrimonio 
el supremo ideal de las mujeres que oscilaban entre 
los dieciocho y los treinta y cinco, hoy las cosas, 
afortunadamente para nosotras, han cambiado mu- 
cho... En la vida de la mujer moderna... el matrimo- 
Dio ya no es un fin... Es un vulgar episodio. 

l^o. Tanto como episodio... Tú exageras... 

íA. Lo que hago, lucero, es tener veinticinco años bien 
apí'oyechaditos... y tú eres una niña inexperta, que 
conserva todavía en el paladar el sabor del Glaxo... 
¿Te enteras? 

Nc. Que la vas a hacer llorar... 

lA. La mujer, con la libertad que va teniendo, y de la 
que son símbolos indiscutibles el cigarrillo, la mele- 
na y la voiturette... 

Ro. Ahí tienes. . . Eso es un acierto. . . Y me permito in- 
terrumpirte para colocar yo también un brindis con 
e] que todas estaréis conformes ... 

^c. ¿Por quién irá a brindar esta insensata?. . . 

Ro. Bebamos a la salud de Citroen, a quien debemos en 
gran parte nuestra emancipación . . . ¿No os parece 
correcto? 

Correctísimo. . . Bebamos. . . {Beben todas,) 
¡Por don Andrés Citroen! . . . 
Por el cinco caballos. . . 

Y bebamos también porque desaparezca cuanto an- 
tes esa institución tan molesta y tan irracional, que 
vulgarmente conocemos por el nombre de cara- 
bina ... 

¡Ah!... Eso desde luego... ¡¡Abajo la señora de 
compañía!! 

No más trotonas con las faldas hechas unos zorros y 
ios tacones de costadillo. 
¡Muera la carabina! . . . ¡¡No más carabinas!! 
Oye, tesoro, modifica el grito, que van a creer que 
estamos celebrando un mitin contra el somatén . . . 
¡Si me salía del alma! ... 
Pueé procura que regrese... 
¡Viva el cabriolé!.. . 
Eso, bueno. . Y ahora, sigue, Lucía. 
No está la velada para discursos largos y voy a dar 
la puntilla al mío. . . Susana, . . te descarríos de co- 
razón todas las felicidades que son compatibles con 
tu nuevo estado. . . 
Pocas. . . pocas. . . 

¿Tú que sabes?. . . Si estás soltera. . . 
Pero me documento en cabeza ajena. . . 



Lucia. 



M.^ Ro. 

Blanc. 
Lucia. 



Blanc. 
Lucia. 

SUSAN, 

Lucia. 



M.^ Ro. 
Lucia. 
M.^ Ro. 

Lucia. 



M.'-^ Ro. 

L,UCÍA. 

M.^ Ro. 
Lucia. 
Blanc. 
M.* Ro. 

Lucia. 



Susan. 
M.^ Ro. 
Susan. 
M.^ Ro. 
Lucia. 
Blanc. 
M.^ Ro. 



.R, 

¡SAN. 



CCIA. 



ÍCIA, 



Y no olvides que posees en nosotras tres amigas I 

condicionales, que te aprecian en casi todo lo qu e 'y 

les. . . 

{Haciendo pucheros .) ¡Y pensar que te vamos a p< 

der! . . . 

¡Ay, monina, ni que se fuera al Tercio! 

¡Ah, no!. . . Eso no; si llora, encerradla en el cua¿ 

de baño. . . A ver si nos va a aguar la fiesta esta n 

ñor. .. {Siguiendo su brindis,) Si eres feliz, no b 

olvides. . . y si fueras desgraciada, con más moti\|Lj^ 

cuenta con nosotras, lo mismo para organizar ¡|J„ 

festival de esos que hacen fecha, que para prod u 

lesiones de importancia a tu marido, si se permite 

lujo de hacerte sufrir. . . {A las otras.) ¿He leído c 

claridad en vuestros respectivos cerebros? 

Ni que vieras a través de los cuerpos opacos. , 

Conque ya lo sabes. . . {Levantando su copa.) ¡Su 

na, por tu dicha! ' 

¡Por nuestra dicha! 

No,^ no. . . por la tuya. . . que por la de él, ya se 

taran encargando de brindar a estas horas sus ac 

gotes. . . 

Y que no dejes de contarnos tus impresiones. 
¿Sus impresiones de qué? 
( Un poco azorada . ) ¿De qué va a ser? . . . 
¡Tú atrasas, monada!. . . Eso de las confidencias 
la recién casada a sus amiguitas solteras es del tie 
po de la «Biblioteca Rosa». Ya no se lleva. 
¿Pues qué se lleva ahora? 

Ahora se lleva estar enterada de todo, a partir de 
se^-unda dentición, o por lo menos parecerlo. . . 
¿Y donde se entera una? 
Eso allá tú. . . Susanita, ven a mis brazos. . . 

Y a los míos ... 

Y cuando acabes, haz una turné por estos... I 
abrazan todas un poco emocionadas . ) 

Y ahora, terminada la parte oficial, vamos a dedic 
nos con intensidad al abdulla, al licor diverso y 
dulce chismorreo . . . (Se reparten por la habitad 
fumando y con su copita por barba.) 
Que nos cuente María Rosa un cuento verde. 
Si no sé más que uno. . . 
Pues ese. . . Venga. 
¡A lo mejor me da vergüenza! 
Vamos, no seas cursi y cuenta. . . 
Veréis cómo nos coloca la «Caperucita roja» . 
No, señora... Que yo no acabo de comprende! 



ÜCIA 
lüCIA 



¡m 



bion, pero dice mi hermano que es bastante verde... 
Anda . . . expele . . . 
Pues, señor. . . esto era una vez. . . 
¿Qué os dije?. . . La «Caperucití?í » . . . 
Ten paciencia. . . Vamos a darla tres minutos de cré- 
dito ... 

Esto era una vez un cazador que se perdió en un 
monte. . . Y llegó la noche y no encontraba su cami- 
no. . . Por fin, ya muy tarde, vio allá lejos, muy lejos 
una lucecita . . . 

(A Lucia.) ¿Tú ves lo verde? . . . 
No, pero como es de noche. . . 
Pues si no me dejáis contar, me callo . . . 
Vamos, sigue. . . Felipa Trigo. 

Llegó a donde estaba la luz. Era una casita pequeña 
de leñadores. ¡Tan! ¡tan!. . . Llama a la puerta. Y 
sale a abrirle un viejo bajito, pequeño, arrugado, con 
patillas... «Buenas noches», dijo el cazador. ¿Ten- 
dríais albergue para un viajero que ha pí rdido su 
camino? «Aquí hay siempre posada para el peregri- 
no—respondió el viejo- ; dos camas tt i^go. La de 
Bebé y la mía. Decid con quien queréis dormir»... 
El cazador pensó: Bebé será un niño y me va a dar 
la noche. «Dormiré con vos», le dijo al SDciano. 
¿Era argentino el cazador? 
¿Por qué? 

Como dice: Dormiré con vos . . . 
Es que en los cuentos se habí a así ... Se acostaron y 
a la mañana siguiente el viejo se levantó muy tem- 
prano y se fué al bosque a cortar leña. A eso de las 
ocho de la mañana, entró en el cuarto del cazador 
una muchacha como de dieciseis años, alta, rubia, 
preciosa, con un pelo que la llegaba hasta los to- 
billos, . . 
Sí . . . vamos ... A lo gargonne . . 

Y le dice: «Buenos días, noble huésped. Mi abuelo me 
encarga que os pregunte qué queréis desayunar». El 
cazador se restriega los ojos, la mira asombrado, y 
pregunta: «Pero... ¿tú quién eres?»... «Yo soy Bebé», 
contestó ella. . . «¿Y tú?». . . «Yo soy un imbécil» . . . 
Muy nuevo . 

Pues mira, no está del todo mal. . . No esperaba yo 
tanto ... 

Ni yo . . . Y aprende otros, que los cuentas muy 
bien. . . 

Y a ahora nos va a contar Susana . . , 
No, yo cuentos, no . . . 



Blanc. 

SUSAN. 

Blanc. 

SuSAN. 



Lucia. 

SuSAN. 

Blanc. 
Susan. 

LUCLA. 



M.* Ro. 

Susan. 
Blanc. 

Susan. 



M.» Ro. 

Susan. 

Lucia. 

Susan. 



Blanc. 

Susan. 



Lucia. 

Susan. 



!/f 



lazo que celebramos esta noche 
¿Te refieres a mi boda? 
A tu boda ... 

ít^^ vi^f« H * • ^'^ ^' "^t ^^^Plejo de lo que paree 
^inh. f ^ ^^^T •"^' ^^^^ ^^ ^es me hubiera 
u cho que dentro de dos iba a ser la mujer de Lu' '' 

tf.T^r- ""' ^^^^ ^^^ ^^^í^^^ l^^^ado una cam 
jada histérica, porque no es urbano, pero que hubi. ''' 

el histódco '"''^ ^'''''''^^ '''' ^''^''^'' "^^ sarcasmo, es °^^ 

Y ahora, en cambio. . . 
Qué quieres, Lucía, la vida es así. 
Bueno, pero detalla ... 
¿Me juráis discreción? 
Jurada. (María Rosa se está mirando al espejo,) Mñ 

V ven'^nlT- • * * ' ^" ^'' ^^« puñaladas "L/ aL^Lu 
y ven, que Susana va a contarnos el por qué de s 
enlace ... 

¡Ay, sí!. . Que yo deliro por los relatos de amor 
fues uno de los causantes de esta boda es mi tutor ' 
¿Tristán ha influido?. . . ' 

No, no Entendámonos... El padrino es incapa 
de meterse en eso. .. Pero. . . entre nosotras, ya i 
estando de el hasta aquí. . . [Por la coronilla,) 
lan buena persona como parece. 

Jnw i;* ••J®^'^ J""^ ^^^^® ancianí) 'tiene unas idea 
sobre la vida... de un rancio . . . 
Me lo imagino. . . 

¿Tú sabes lo que me ha costado acostumbrarle a h 
eternl? "^""^ ^' ^«^Patible el egipcio con la saivaciói 
¡No digas! 

Una tarde estaba yo en mi cuarto, en esa hora va^ 
de la siesta, saboreando un turco; entra el padrinea 
no queráis saber como me puso ... «¡Es una ver^^üeí íi'sai 
za! ¡Estas chicas de ahora!... ¡Claro!... Qué s.!m 
puede esperar de una generación que no lleva ape 
ñas ropa interior y la poca que lleva la llama: «Com' 
binacion* ¡Combinación!... ¡Y tanto!... ¡Quétiem 
fená?¡' tiempos!... ¡Ah!... ¿Pues y la me 

¿También la melena? B 

También, hija, también... Menos mal que el Pontífict 
-que por cierto me está resultando muy simpático 
porque es hombre de su tiempo-tuvo la buena ide^^ 
de declarar que no tenía nada de pecaminoso esto de 



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i iOSA! 

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llevar la nuca a la intemperie, y el padrino se ha con- 
vencido..., porque para él el Papa es infalible... 

;.* Ro. Para él y para todos los católicos... 

uciA. Sí, dueña mía... Pero eso es cuando habla «ex 
cátedra». 

¿Y esto no es «ex cátedra»? 

No rica, esto es ex peluquería... Además, he resuelto 
casarme joven..., porque me tengo un poco de miedo... 

uciA. Expláyate, que nos intrigas... 

USAN. Aquí donde me veis... tan modosita... en el fondo 
soy una pasional... 

LANC. ¡No digas!... 

USAN. Como lo oís... 

,uciA. ¿A qué llamas tú ser una pasional? 

USAN. Por ejemplo: A que una vez tuvo el padrino un mozo 
de comedor, de una facha estupenda, y me faltó el 
canto de una peseta para enamorarme de él... 

.uciA. Eso nos ha pasado a todas entre los quince y los diez 
y siete... ¿Verdad, vosotras? 

ILANC. ¡Figúrate! 

.uciA. ¿Y tú, María Rosa, qué dices? 

I.* Ro. Yo no digo nada; pero la que calla... 
:)j.uciA. ¿Y esos son todos tus antecedentes pasionales? 
¡)¡ iusAN. Ese es un botón de muestra. 

.uciA. Pues amplía el muestrario... 

USAN. Otra vez, a los dieciséis años, se me metió en la ca- 
beza que tenía que ser horizontal... ¿Verdad que sue- 
na bien? Lo había leído en una novela. Voy al cuarto 
del tutor y le digo: «Padrino, tengo una vocación 
irresistible. Quiero ser horizontal.» ¿Imagináis la 
escena? 

.uciA. Como si estuviéramos en un proscenio . Pero tú estás 
haciendo trampa. No nos cuentas la razón que te ha 
decidido a contraer con esta rapidez justas y prime- 
ras nupcias... 
Ah, ¿no? 

No. Hay algo más y lo callas. Eso no vale. Así no 
jugamos... 

¿Y qué quieres que haya? 

{Señalando el veladorcito.) ¿No ha influido el velador 
para nada? 

5USAN. ¿Cómo lo sabes? 

Lucia. Lo sospechaba. Sé que le consultas hasta las medias 
que vas a ponerte, y no ibas a pedirle opinión para 
elegir el ciudadano que ha de compartir contigo, 
desde la cartulina de la tarjeta de visita, hasta un 
rinconcito debajo del edredón. 



Blanc. 

SUSAN. 

M.^ Ro. 

"7USAN. 



Blanc. 

SuSAN. 



M.^ Ro. 

SuSAN. 

M.* Ro. 
Lucia. 

SuSAN. 



M.* Ro. 

Lucia. 

Blanc. 

SuSAN. 

Blanc. 

SuSAN. 



M.» Ro. 

SuSAN. 

M.^ Ro. 

SuSAN. 



M.» Ro. 
Blanc. 






¿Pero tú crees en los espíritus? 
Como creerías tú si hubieras visto lo que yo he vistx 
y escuchado lo que yo he escuchado. . . 
Cuenta . . . 

Cuento, pero antes quiero que sepáis que no hace aú 
quince noches, ahí donde estás tú sentada {A Mari 
Hosa) ha estado sentada Isabel la Católica. . . (AJari 
Rosa hace un gesto extraño), y ahí... {A Blancc 
Agustina de Aragón . . . {Blanca se ríe) Si os reís e 
sigo... Esto délos espíritus es más serio de lo qu 
parece. . . 

Perdona . . . , pero es que así ... de pronto . . . 
Desde que salí de Madrid no había vuelto a consulta 
ei mueblecillo. . ., que siempre viaja conmigo. Un 
noche, hace poco tiempo, volvía de Biarritz, del bail 
de ios Buendía . . . , esos argentinos tan ricos que efii 
táti de moda este mes ... \ 

¿iTü matrimonio que él es muy guapo y ella muy fea 
El mismo. 

¿Sabes cómo les llaman? Buendía y mala noche 
Esta niña se ha aficionado a los cuentos verdes. 
En ese baile se me había declarado formalmente Lui 
Alfonso y Carlitos Malbran. Tenía que contestar 
) no, a la mañana siguiente. Para sacarme de duda£|SisAi 
nadie mejor que los espíritus . . , Coloco tres sillas a] 
rededor del velador, me acerco a él, extiendo las ma 
nos y pregunto: «Si me caso con Luis Alfonso 
levita. . .» 

Oye> ¿y por qué esa prenda? Yo prefiero el smoking 
No seas analfabeta. Levita es la palabra cabalístic 
para que el velador se levante del suelo. 
¿Y levitó? 

¡Vamos! Qae pegó un bote de más de medio metro 
¿No se te fué un poco la mano, con la natural inpa 
ciencia? 

Ya te he dicho, Bianqaita, que esto no es para toma 
do a broma. Y lo demás, ya lo sabéis. Dentro de m 
mes, marquesa del Álamo. 
Susana, ¿si yo te pidiera un favor?. . . 
Tú dirás ... 

¿No podríamos ahora tener una sesión de espiritis 
mo?. . . Tengo una consulta que hacer. 
¡Ay, hija! Eso no es tan fácil como parece. .. En pri 
mer lugar, los espíritus no vienen donde hay incré- 
dulos. . . 

Si aquí todas creemos . . . 
Anda, sí. Tiene razón María Rosa. . » 



Eu.Ni 



m 



Pero tenéis que estar muy formales . 
Como en misa. 
Tú, Lucía, ¿qué dices? 
Por mí. . . Si Susi quiere. . . 

Vamos a probar. . . Pero no respondo. . . Tú, Blan- 
quita, trae el velador... {Blanca lo trae con cierto 
respeto.) Colocad las sillas alrededor Mirad. Hay 
que poner las ocho manos juntas, y tocar suavemente 
la mesa. Así... {Ensayan.) Tenéis que pensar con 
fuerza . . . {María Rosa hace el gesto de apretar los 
dientes.) No, rica, no es cuestión de mandíbulas. . . 
Es con el cerebro . . . 
¡Ah! Comprendido- 

Ahora, tú, que" eres la más joven, apag-a la luz. 
¿Es imprescindible que sea ia más joven la que ex- 
tinga? 
¿Por qué? 

Porque me da miedo . 
Entonces, lo dejamos. . . 

No, eso, no. . . {Se levanta, apaga la luz y vuelve co- 
rriendo a sentarse al lado de las otras. Por el ventanal 
que da al monte TJlia entra una luz tenue.) 
{Que está fumando.) Oye, ¿se puede fumar? 
Mejor, no... Es más respetuoso... {Blanca tira el 
cigarrillo. En tono más bajo y algo solemne.) Ahora, 
unos segundos de recogimiento. . . Pensad fuerte. . . , 
fuerte. . . 
¿Más? 
Más. 

Me va a doler la cabeza. 

Formalidad, o enciendo... Esas manos más juntas... Es- 
píritus de Isabel de Castilla y Agustina de Zaragoza... 
{Separando las manos.) ¡Ay, qué miedo!. . . He sen- 
tido algo . . , 

O te estás quieta o te largas. . . iksí no hay espíritus 
posibles. . . {Otra vez en tono ceremonioso.) Espíritus 
de Isabel y Agustina, si os habéis dignado venir a 
visitarnos, hacédnoslo saber. ¡Levita!... {En este 
momento suenan tres golpes secos en la puerta del sa- 
loncito que da al corredor.) 

{Con la voz realmente asustada.) ¿Habéis oído? {Se 
abre la puerta poco a poco y aparece por ella de smo- 
king, sombrero de paja y abrigo al brazo Mauricio 
Tordesíllas, de treinta a treinta y cinco años. Buena 
facha. Cara de juerga. No ve nada porque el cuarto 
está a oscuras. Las cuatro chicas quedan calladas 
entre sorprendidas y temerosas.) 



Mauri. 



Blanc. 

Mauri. 



SUSAN. 

Blanc. 



Mauri. 



M.^ Ro. 

Mauri. 

Susan. 
Mauri. 



M.^ Ro. 
Mauri. 
M.^ Ro. 
Mauri. 

M.^ Ro. 

Blanc. 

Mauri. 

Blanc. 

Mauri. 
Blanc. 

Susan. 
Mauri. 

Susan. 
Mauri. 



JO 



(A gntos.) Oye tú, pelmazo... ¿Pero ya estás dormido? 
Vengo del Bar del Victoria, donde he estado con Chu- 
chi y Conchita, esperándote... hasta que ya cansadas 
se han ido cada una a su carcoma... Mañana por la 
mañana nos esperan para ir en balandro... ¡¡Ehlj 
¡Despierta! {Va a la luz y enciende.) ¡Atiza! 
¡Ah!... ¿Pero eres tú?... ¿Qué buscas aquí? 
Chica, perdona... Vengo buscando a Alvaro de Yé- 
benes, que llegó ayer conmigo de Bilbao; creí que 
tema el doscientos treinta y seis y, por lo visto, no lo 
tiene... Ustedes perdonen. 
¡Perdonado! 

Estás en el cuarto de Susana Montehermoso. Os voy 
a presentar... Mauricio Galán... Mis amigas Susana, 
María Rosa Oria y Lucía Roldan. 
No se pueden ustedes imaginar lo que celebro que 
esta coladura me haya dado ocasión de conocerlas... 
Lo que siento es haberlas interrumpido... Se espiritis- 
meaba, ¿no? 

íbamos a intentar... Cuando usted ha entrado tenía- 
mos al habla a Isabel la Católica. ' 
Caray, eso es cosa seria... ¿Y quién es la médium? 
Servidora... i 
Entonces, no me extraña. Si yo fuera espíritu no salía] 
de aquí... Porque hay que ver qué médium... y qué 
extremos... 
¡Qué galante! 
Lo usual... 

¿A usted no le dá por los espíritus? 
¡Y cómo no!... También torturo el velador de vez en 
cuando. 

¡Ayl ¿Por qué no se queda usted? 
{A Susana.) ¡Estas debutantes son de un osado! 
Imposible, señorita... Tengo que acostarme tempra- 
no.,. Mañana regateo... 

Sí, ya hemos oído. . . Chuchi y Conchita... Eres el rey 
de los frescos... 

No tanto... no tanto... el delfín si acaso... 
Aquí tenéis al hombre que se da mejor vida por me- 
nos dinero... 

¿Cómo se las arregla usted? 

Muy sencillo; dejándome convidar. La gente es muy 
amable. 

¿Y usted no corresponde? 

Los que me convidan ya saben que lo hacen sin es- 
peranzas de reembolso... Simpatía que uno tiene... 
Ejemplo: En este momento dispongo de setenta y 



cinco pesetas con céntimos. Pues pasado mañana 
salgo para París, Londres y la India. Diez meses de 
viaje a todo trapo... 
Por supuesto, de gorra... 
No, Dios me libre... Convidado... 
¿Y tiene usted muchos convites de esos? 
No doy abasto... 
¿Estará usted muy satisfecho? 

Me tengo muy contento, sí, señorita, a qué negarlo. 
A ios veinte años me enteré de que había nacido 
para potentado sin tener los medios. Discurrí unos 
días y di con el sustitutivo... 
¿Y cuál es? 

Muy sencillo. Hago todos los favores que puedo siem- 
pre que no impliquen desembolso. No pido con cinco 
de hacara... Regateo, teniseo, golfeo y escopeteo 
discretamente, y, en cambio, desconozco el manejo 
del sable. Y, sobre todo, y este es el secreto de que 
se me busque con una insistencia que me abruma, 
para mí las mujeres de mis amigos son sagpadas... 
Comprendido, Es usted el señor de quien no se des- 
confía... 
Exacto. 

Pasará usted a veces muy malos ratos. 
Execrables. Porque entre que uno no está del todo 
mal configurado, y entre que las hay de un insinuan- 
te que aturde, la tentación menudea... 
Y tú, incólume. 

Yo, glacial... Porque pienso: Mauricio, que te juegas 
el boato... ¡Qué quieres! El lujo es mi vicio. Y no mo- 
lesto más. Señoritas, otra vez mil perdones y ya sa- 
ben que disponen de mi... para cualquier fiesta que 
deseen organizar... Hasta pasado mañana por la 
tarde, aquí. Mauricio Galán, a sus órdenes... Muy 
buenas noches. {Saluda y sale.) 
{A Blanca.) Sabes que tu amigo es un cínico . . 
Un espontáneo. . . Y, además, en el fondo es buena 
persona . , . 

A mí me ha sido muy antipático . 
¿Y a mí que no? 

Tú no cuentas, porque en viendo unos bigotes, te 
transfiguras . . . 

Anda, si precisamente soy una romántica .. y, 
además, no sé si sabréis que tengo mi tipo. . . 
¡Ah, sí! ¿Y quién es él? 

Digo mi tipo, por decir mi ideal. Tiene que ser alto, 
moreno, con los ojos negros y grandes, con unas 



bUSAN. 

M.^ Ro. 

SUSAN. 

Blanc. 

SuSAN. 

M.^ Ro. 

SuSAN. 

Lucia. 
SusAN. 
Lucia. 

SuSAN. 

Blanc. 

SuSAN. 

Lucia. 

SuSAN. 



Blanc. 

SuSAN. 



Blanc. 

SuSAN. 



Lucia. 

SuSAN. 



Blanc. 

SuSAN. 



la 



pestañas enormes, de esas que acarician al entor- 
narse . . . con los dientes muy blancos y, sobre todo 
con el labio inferior muy grii.eso. . . - 
¿Por qué el labio inferior grueso?. . . 
{Con cierto misterio.) Porque dicen que los que tie 
nen el labio así, besan mejor. 
¡Qué romántica! . . . ¿Pero es de veras? 
¿No lo sabías?. . . Si es de preparatorio. 
{Preocupada.) ¿Queréis creer que no me he fijado ei 
cómo tiene los labios Luis Alfonso?. . . 
No es posible ... 
Como lo oyes. 

Haz memoria. Recuerda algún beso ... 
¿Tú estás loca? 
¿Ah, pero no?. . . 
{Un poco avergonzada.) No. 
¿Ni uno? 
Ni medio. 

Susana, por Dios, ese chico es tonto. 
No lo creas. El otro día estábamos sentados los do 
solos en la playa de Guetary viendo ponerse el sol 
muy cerca, muy cerca, en silencio, soñando. . . 
Qué agradable . . . ¿no? 

De pronto, Luis Alfonso me dice: «Te voy a explica: 
por qué no te he dado nunca un beso . . . Mira . . . 
Cada amor se compone matemáticamente de un nú 
mero exacto de besos. Hay amores de quiniento 
besos; los hay de setecientos, de mil. . . Cuanto má 
tarde empecemos a gastar los que nuestro amor tie 
ne asignados, más durará nuestro presupuesto d 
ternura. . . ¿Me comprendes?» Y me miraba con uno; 
ojos tan expresivos, que me faltó muy poco para pe 
dirle un anticipo. . . 
¿Y no te lanzaste? 

No. Odio los sablazos. . . Pero eso que acaba de de 
cir María Rosa, me tiene preocupada. ¿Me permití 
un momento? 
Tú mandas . . . 

{Al teléfono.) Señorita... ¿Me hace el favor de po 
nerme con el Kursaal?. . . Sí, con el comedor. . . ¿E 
el Kursaal?. . . Haga el favor de decir al señor Mar 
qués del Álamo, que está comiendo ahí con unos ami 
gos, que se ponga al aparato. . . 
¿Pero qué vas a hacer? 

Salir de dudas. . . {Al aparato.) Hola. . . Eres tú. . 
¿Qué tal va esa despedida?. . . Nosotras, bien. . . d 
sobremesa... Oye, a propósito, muérdete el labi 



M.^ Ro. 
Lucia. 

Blanc. 

Trist. 
Lucia. 
Blanc. 
Trist. 

Blanc. 

Lucia. 
M.^ Ro 

Trist. 



inferior. . . No, no estoy loca. . . Obedece. . . ¿Te lo 
has mordido ya?... ¿Hasta dónde llegas con los 
dientes?. . . No, tonto, sin apretar. . . ¿Qué?. . . ¿Que 
como lo tienes tan grueso, te cuesta mucho trabajo? 
(Encantada.) Bueno, entonces, déjalo. .. No, te ase- 
guro que estoy perfectamente serena. . . Sólo hemos 
bebido botella y media de champagne... No seas 
tonto. . . Anda, vuélvete a tu comida; mañana te lo 
explicaré. . . (Cuelga.) ¿Habéis oído? 
¡Que sea enhorabuenal 

Respiro. Mira que si llega a tener el labio delgado... 
{6e abre la puerta del saloncito y entra don Tristán, 
de smoking. Muy correcto. Tiene unos setenta años.) 
Buenas noches, pollitas. . . ¿Qné tal esa comida? 
Estupenda, padrino, estupenda — Lo hemos pasado 
de primera ... 

Más que de primera, de sleeping. . 
¿Y tú que has hecho? 

Abajo me he quedado jugando al mah-jong, con la 
Valmojado, la Móstoles y la Santa Olalla.. . Qué tres 
cotorronas. . . ¡Digo, perdón. . . a lo mejor son pa- 
rientas vuestras! 

Sí, Tristán, la Valmojado tía mía, pero abundo con 
usted... ¡qué cotorrona! 
Menos mal que las he ganado los cuartos. . . 
¿Mucho? 

Trescientas pesetas. . . Casi todo a la Móstoles, y ex- 
cuso decirte como estaba con lo agarrada que es . . . 
Verás como desde mañana no bebe Solares en la co- 
mida. . . Urumea y gracias. . . Bueno y me parece 
que ya es hora de dar por terminada esta fiesteci- 
ta . . . ¿No? 

(^ Lwcz'a.) ¿Has traído tu coche? 
No, pero Blanquita tiene el suyo abajo. ¿Cabemos 
las tres? 

¿No hemos de caber?. . . Apretadas, pero es más di- 
vertido . 

Sí queréis que yo acompañe a alguna. . . 
De ninguna manera . 
Además no vamos a casa. 
¿Pues a donde vais a estas horas? 
Ahora abrimos el coche y nos vamos a dar una vuel- 
ta por la Concha a oxigenarnos. . . 
Y a ver caer estrellas de rabo . 
. Y de paso, a molestar a las parejas con los faros. 
¡Quéchicas!... ¡Señor!... ¡Quéchicas!... Si vuestras abue- 
las os oyeran... En su tiempo no pasaban estas cosas. 

13 



Blanc. 
Trist. 
M.» Ro. 
Trist. 

M.^ Ro. 

Trist. 
Blanc. 
M.* Ro. 

SUSAN. 

M.* Ro. 

SuSAN. 

M.* Ro. 



SuSAN. 

Lucia. 

M.^Ro 

Lucia. 
Trist. 
Lucia. 

SuSAN. 

Trist. 

SuSAN. 



Porque no había automóviles. . . 
Pero en cambio había más verg-úenza 
Por el estilo ... 
¿Habrase visto la niña? 

No se enfade usted, que en ei fondo está conforme 
conmigo . 

Ni en el fondo ni en la forma. . . (Se han ido ponien- 
do ¿os abrigos y los sombreros.) 
(A Susana.) Bueno, sol, hasta mañana; que desean^ 
ses ... 

Avísanos cuando te vas a Madrid. 

Descuida; se os notificará. . , 

Y si vuelves a tener ocasión de hablar con esas se 
floras ... 
¿Con cuales? 

Con Isabel la Católica y su amiga . . no dejes del 

preguntarlas de mi parte si creen que me casaré. 

para la primavera. . . No te olvides, ¿eh? *"^''' 

Cuenta conmigo. 

(Que ha oído.) Pues será con lo único que cuente 

Porque de novios, ríen . . . 

¿Tú que sabes? 

Vaya. . . Adiós, Tristán. . . ¡Buenas noches! 

Adiós y. . . formalidad. . . 

Ne tenga usted cuidado. . . Somos buenas chicas. 

De qué buena gana os acompañaba ... 



Sl'SA. 

líisi. 

SüSA, 

tosT. 

StSAN 

ÍRIST, 
Sl'SAN 

FmsT, 



ÜONC! 
il'SAN 
SoNCt 



Trist. 

SuSAN. 
IRIST. 

SuSAN. 

Trist. 

SuSAN. 

Trist. 



SuSAN. 

Trist. 

SuSAN. 

Trist. 



¿A qué?. . . ¿A molestar parejas? 
No, padrino... a ver caer estrellas... para pedir 
algo... (Entra y cierra la puerta. Tristán se ha 
sentado en una hidaca . ) 

¿Para pedir algo?. . . Perderme pronto de vista, .'no^ 
¡Que tontería! 

Dentro de un mes. . . a volar. . . 
Esa es la vida, padrino. 

¿Y os casáis definitivamente el veinticinco de octubre^ 
Definitivamente. De hoy en un mes. 
De hoy en un mes. . ¡Señor!. . . ¡Como pasa el tiem- 
po! Aun me acuerdo del día en que te trajeron a vi- 
vir a casa. . . Eras un diablillo con la falda mny cor- 
ta. . . Claro que no tan corta como la de ahora.'. . 
¿También le parece a usted mal? 
Lo que me parece es que exageráis . . . Está bien que 
se ventile el tobillo. . , 
Es higiénico. . . 

Lo es. Que se airee la pantorrilla, puede pasar Lo 
que no comprendo es la exhibición de la rodilla 
¿Hay nada más antiestético? 



iüSAN, 



SuSAN 
BOXCE 
Sl'SAN, 
ílONCE 
feiN, 
COKCE 

|l'SA.\', 
bcE, 

fa\', 
foxCE 



Es la moda. 

Lo será. Pero si yo fuera tu novio... 
¿Qué iba usted a hacer? ¿Enfundarme en un saco? 
No tanto. Pero reservarme el monopolio de tus atrac- 
tivos, sí. 

Es usted de otra generación . 

Bastante que lo siento yo. Vaya, y ahora a descan- 
sar, que es muy tarde... Yo estoy muerto de sueño... 
Espere usted un poco, padrino. . . 
¿Qué te pasa?.. . ¿Estás preocupada? 
Dígame usted, padrino. . . ¿Cree usted que a Luis Al- 
fonso no le molestará que yo sea sonámbula?... 
¿Pero no se lo has dicho todavía?.. . 
No me atrevo. . . ya sabe usted que nunca se lo he 
dicho a nadie. 

Qué chiquilla eres... Si eso no tiene nada de particu- 
lar... Vaya, que descanses... Hasta mañana, hija... 
(Besándole la mano.) Hasta mañana, padrino... 
(Sale Tristdn. En cuanto se queda sola Susana, entra 
su doncella^ que es una muchacha hastante apreciable.) 
Oye, Leonor, ¿tú has conocido algún sonámbulo? 
No, señorita. 

¿En tu familia no hay ninguno? 
No, señorita... En casa el único que hay así algo 
raro, es un primo mío que se fué a América y creo que 
es prestidigitador... pero eso no tendrá nada que ver.,. 
Nada. Bueno, ven a desnudarme, que con estas emo- 
ciones estoy rendida. . . (Desaparecen por la puerta 
del cuarto de dormir. Queda la escena sola unos se- 
gundos; poco después sale la doncella. Por la puerta 
entreabierta se ve a Susana ya en la cama con ganas 
de dormir. La doncella coloca la ropa encima de una 
silla y pone un poco de orden en el cuarto . ) 
Señorita. 
¿Qué quieres? 

¿Qué traje preparo para mañana? 
Sácame el tailleiir marrón... 
¿Cuál? ¿Uno que es verde? 
¿No te digo que el marrón? 

Bien, señorita. (Suena el teléfono.) ¿Quiere la seño- 
rita que vea quien es? 
(Bostezando , ) Sí . 

¿Quién? (Escucha.) El señorito Luis Alfonso, que dice 
que ya ha vuelto de la comida. . . 
Dile que estoy acostada. 

La señorita está ya acostada... {A Susana.) Que pase 
la señorita buena noche... 



sS 



SUSAN. 
DONCE. 
SuSAN. 
DONCE. 

SuSAN. 
DoNCE. 

SuSAN. 

DONCE. 

SüSAN. 



tli. 



tlA. 



¿Eso me lo dices tú o éí? íH 

El, señorita. 

¡Ah, pues que gracias y que igualmente! 

Que gracias y que lo mismo dice. {Cuelga.) Seño) 

rita. ... 

{Con mal humor.) ¿Qué? 

,';Qué medias para mañana? 

Dá lo mismo, con tal de que no tengan puntos. (L 

doncella manipula en el armario.) 

¿Señorita? 

¿Quieres dejarme dormir? (La doncella acaba dé arre 

glar todo Se lleva la ropa blanca, apaga la luz dt\ 

saloncito y sale procurando no hacer ruido. En 

cuarto de Susana hay una luz tenue como de íina lam 

pavita de una mesa de noche. Susana duerme. Pasa', 

unos segundos. Susana se levanta dormida, y con I 

rigidez de los sonámbulos, sale de su cuarto, pasa po- 

encima de dos sillas que hay en su camino, abre I 

puerta del salón que da al corredor y sale mientra\ 

cae el 



TELÓN 



ACTO SEGUNDO 



ÍONO 



El boudoir de Susana en su casa de Madrid el día de su boda. Ha 
mucho desorden en el cuarto. Cajas de sombreros. Trajes; ropa blai¡ ul 
ca. Maletas a medio hacer alternan con baúles entreabiertos. Sobif,,. 
una biu.aaa, extendido con mucho cuidado, está el tra,je de novii 
Puerta a ia derecha, a las habitaciones de Susana. Otra al fondc 
por -ioiide salen y entran los que vienen defuera. Otra a la ii 
quierda, que va al interior de la casa. Son las cinco de la tard< 



Lucia. 
Leo. 

Lucia. 

Leo. 

Lucia. 

Leo. 

Lucia. 



(Al levantarse el telÓ7i, Leonor, la doncella cím\ 
Susana, arregla el equipaje dirigida por LMCía|,>R( 
¿Esta maleta es la que van a llevar en el sleeping? 
Esa, señorita. 

¿Y ese es el baúl que va directamente a París? 
Sí, señorita. 

Pues entonces pon estos trajes en aquel baúl y estf 
camisas en la maleta. 

¡Cómo se conoce que la señorita está acostumbrada 
viajar! 



mi 



no 



tener donc( 



Leo. 



A lo que estoy acostumbrada es a 

Ha. . . ¿Tú vas con los señoritos? 

Vamos el ayuda de cámara del señorito y yo, y mu 

buen mozo que es, . . 



lÓ 



l'R. 



kih. 



JCIA. 

O. 

JCIA. 

:o. 

JCIA. 

;o. 

JCIA. 



JCIA. 
ÍO. 



UCIA. 

Ro. 

EO. 

:.* Ro. 

EONO. 



Vaya. . . que sea enhorabu'ena. . . 
No, señorita. . . No puede ser. . . 
Ay, es verdad, que tienes novio. . . 
Eso sería lo de menos, lo malo es que él tiene novia... 
¡Ah! ¿Y es tu primer viaje al extranjero? 
No, señorita. . . Ya he estado una vez en Hendaya. 
¿Y sabes algo de francés? 

Sí, señorita. . . estos días hemos dado unas lecciones 
el criado del señorito y yo, en casa de ese señor Bér- 
liz... 

¿Y qué habéis aprendido? 

Un porción de frases de las más usuales: «Comantale 
vü», «Bonsur», «Bonsuar», «De lo cho», «Delafrua» 
y otras que no le digo porque a lo mejor la señorita 
no las comprende. 
Pronuncias muy bien . 

Disposiciones que una tiene. Total, cuarenta y cinco 
lecciones. 

Nadie lo diría. {María Rosa entra por la derecha,) 
Leonor, pregunta la señorita si ha venido ya ma- 
dame Tontín . 

Que yo sepa, no. . . señorita. 

Pues que indague usted su paradero . . . que ya es 
tarde. 

Voy a ver si está abajo, señorita. (Sale Leonor por 
la puerta de la izquierda,) 
¿Está muy nerviosa? 
Ella dice que no; pero. .. 
¿Qué hace ahora? 

Acabando de ondularse, y como no se está quieta, el 
peluquero la ha quemado tres veces . . . {Suena den- 
tro un grito de Susana.) Con esta, cuatro. . . Yo la en- 
cuentro muy rara. 
¿A qué llamas tú rara? 

Que no es la de antes. Está como preocupada. 
¿Te parece que no tiene motivos? 
¿Porque se va a casar? 

Precisamente. Esto del Himeneo es más serio de lo 
que te figuras ... 
¿Qué me figuro yo? 

Tú no ves más que la parte agradable. . . Regalos, 
traje de novia, marcha nupcial, abrazos, envidia de 
las amigas, la estación, «al fin solos», sleeping, Pa- 
rís, Venecia... pero hay más. . 
Pues yo, aunque sólo fuera por esa primera parte, 
iría como unas castañuelas a la Vicaría.. . 
Eso va en caracteres... Tú eres una pequeña insen- 



17 



Madam, 
Lucia. 
M.^ Ro. 

León o. 
Lucia. 

Madam. 
Lucia. 

M-\DAM. 

Lucia. 
Madam. 

Í-UCIA. 

Madam. 



Lucia. 
Madam. 



Lucia. 

Madam-. 

Lucia. 

Madam. 

Lucia. 

Madam. 



Madam. 

SUSAN. 
18 



(Sai! 



il'Si 



. ¿el fiancé es bello hombre! 

Parce que moi, yo detesto q 
que no están m 



sata y lo serás siempre. (Entra madame lontin y 
oficiala, seguidas de Leonor. Las dos vienen en qr 
toilette. Madame Tontin tiene- esa gordura quena U fj, 
ga a la obesidad de las francesas que se transplant 
a la tierra, de los garbanzos. La oficíala es el tipo el 
sica del maniquí Alta y esbelta.) 
Bonsoir, mes demoiselles . . . 
Bonsoir, madame Tontin... 
La estaban a usted esperando. 
Voy a avisar a Ja señorita. 
[A María Rosa.) Y tu vete a meterla prisa. 
María Rosa y Leonor por la derecha.) 
¿Cómo encuentra usted la robe de la novia? 
¡Ok! ¡Deliciosa! 

¿N'est-ce pas? ¿No piensa usted que ella va a est 
exquise aquí dentro? .^ 

De lo más exquise. 
Dites, mademoiselle 
Bellísimo . . . 
¡Oh quel bonheur! . . 
mis dientas se casen con señores 
bellos. . . 

¿Es usted una apasionada de la estética? 
No. Es porque al costado de un novio, feo, gruesitr 
mal construido, la toilette de la mariée pierde muc 
de su efecto, y no abundan los encargos, que es 
idea principal. 

Pues esta vez puede usted estar tranquila. El no\ 
está bien construido, como usted dice. 
¿Uniforme o jaquette? 
No. . . No.. . Uniforme. Es maestrante. 
^De?... 
De.. . Zamora. 

¡Oh! Parfait. . . El azul de la cruz irá muy bien c<F' 
este lame de plata... y el rojo del pantalón di 
muy bien cerca del blanco de la cola. . . Parfait. 
Tendré encargos. . . {Entra Susana seguida de Mar 
Rosa y Leonor. Susana trae puesto un kimono enciri, 
de su coynbinación, y se ve que está recién peinad^^^^^ 
Quiere aparentar tranquilidad, pero se ve que es 
muy nerviosa . ) 

¡Ah! Voilá Mademoiselle Snzanne. . . ¡Oh! mon Diei 
¡que vous etes rouge! ... 

¿Ah, con qué estoy rouge?. . . Pues eso se lo debo 
su paisano, Mr. Gontran, que tiene la tenacilla de i 
inquieto que por poco me tuesta.., (^4 Lucia 
¿Oye, de veras estoy tan rouge? ■. 



k. 

!íD, 
iüS.. 

láü, 

ii's; 

iüD, 

iüS.3 

llD, 

b 



t'.\ 



.UCIA. 
iUSAN. 

á.^ Ro. 

5USAN. 

á.^ Ro. 

USAN. 



Á.^ Ro. 

^ 5 USAN. 
^ADAM. 
SUSAN. 

^^ ÁADAM. 
^USAN. 

Iadam. 

5USAN. 
/ÍADAM. 
5USAN. 
ÍADAM. 

5USAN. 

ADAM. 

)USAN. 



ADAM. 
5USAN. 



EO. 



^ADAM, 



Pálida no estás, pero 5^a sabes que aquí la parisién 
es ponderativa de suyo. . . 

María Rosa, ¿quieres traerme una caja de polvos que 
está encima de mi tocador? 

¿No he de querv<.'r? (Sale María Rosa por la derecha, 
Susana se quita el kimono y queda en combinación . 
La. puerta que da al fondo está abierta; se ve cruzar a 
un criado,) 

{A Leonor.) ¿Haces el favor de correr esas cortinas? 
A ver si es que me voy a vestir en la Cibeles. {Leo- 
nor cierra la. puerta . ) 

{Desde dentro.) ¿Qué polvos son? ¿Una caja que pone: 
«Ya Mego la aurora»? 

No; esos son los de día. . . Otra que dice: «La tarde 
fallece». . . que es más pequeña. (Susana ha empe- 
zado a ponerse el traje de novia ayudada por madame 
y la oficiala. Lucia, sentada en una butaca, mira. 
Leonor de pie, espera. Entra María Rosa con los 
polvos.) 
¿Estos? 

Los mismos. Déjalos ahí. ¿Quieres? 
Mademoiselle va a estar deliciosa con esta robe. . .* 
Madame, eso es vetusto. . , 
¿Comment? 

Que c'est historique. . . ¿Compris?. . . 
Ah, oui. . . mademoiselle. . . Yo creo que no he vesti- 
do jamás una mariée tan bonita. . . 
Hoy viene usted propicia al aforismo. . . 
¿Mademoiselle? 

Que dice usted verdades como puños. . . 
Mademoiselle ma dit que el novio es bello también, 
n'est cepas. 

Un soleil, madame, un soleil. . . 
¿Rubio o moreno? 

Verá usted, madame. . . Tiene un cabello que no ad- 
mite comparación ni con el oro de las mieses ni con 
el ala del cuervo. . . pero que para mí posee unos en- 
cantos indudables. . . ¿Falta mucho, madame? 
Un moment, mademoiselle. , . 

Pues, avive, que estoy que trepido... Leonor, ¿tienes 
el equipaje ya listo?. . . 

Oui, Mamuasel . . . Ay, la señorita perdone... Ya 
está listo, sí, señorita. . . Sólo ts^Ua cerrar las male- 
tas (Madame, después de poner el traje a. Susana, la da 
polvos con la borla. Luego la vuelve hacia. Lucia y 
María Rosa.) 
¡Voila! 

19 



M.^ Ro. 

Lucia. 
Madam. 

SUSAN . 



Madam. 

SuSAN. 

Lucia. 



Susan. 
Trist. 
Susan. 
Trist. 

Madam. 

Susan. 

Trist. 

Susan. 



Trist. 
Susan. 
Trist. 

Susan. 



Madam. 

Trista. 

Madam. 

Susan. 

Madam. 
Susan. 

Madam, 
Susan. 

Ofici. 



¡Uy, qué sol! 
¡Moníhima! 



0' 



{Á Susana.) Regardez vous dans la glace... {Susat 

va al espejo.) 

(Delante del espejo.) Sí... No está del todo mal... C\ 

ro que la percha ayuda... Esta corona me aprieta 

{Se la pone de medio lado con un gesto de niña m 

educada.) 

¡Oh! ¡Mademoiselle! (La vuelve a colocar bier 

{Dando un ¡puntapié a la cola.) Y yo con este velo ]j 

sé andar... 

Fíjate que es un traje de boda... Si querías uno con' 

para correr al «cross country», habérselo dicho 

m adame... {Llaman a la puerta del centro.) 

¿Quién? 

{Desde fuera.) Soy yo... ¿Se puede? 

Adelante, padrino... (Entra Iristán de uniforme.) \ 

¡Señor! Cómo está esta chiquilla... 

N'est-ce-pas, monsieur le Marquis? 

¿Qué?... ¿Gusto?... 

¡Encantadora!. . . ¡Si tu pobre madre te viera! 

No, por Dios, padrino... asuntos tiernos, no... porq 

como se vierta la primera lágrima, con lo propic 

que yo soy al llanto, vamos a dar el mitin. . . 

¿Estás ya lista? 

Sí, padrino, pero es muy temprano... 

Son las cinco y cuarto... 

Con que salgamos a las seis menos minutos, bast' 

La iglesia está a un paso, y quiero que cuando 

llegue haya plétora de invitados. Para una ocasi 

que se tiene.de lucir este traje hay que apro\| 

charla... N'est-ce-pas, madame? 

Oh... Oai, mademoiselle! 

Entonces, abajo me tienes a tus órdenes... Has 

ahora... {Sale Tristdn.) 

Y nosotras vamos vite a l'eglise para bien ver la e 

trada de mademoiselle... 

La verdad, madams. ¿A usted qué le interesa v( 

¿Mi entrada o la del traje? 

¡Oh! Mademoiselle... 

Vaya, vaya... y así me contará luego los comentar; 

de la plebe... 

Du courage, mademoiselle... 

Du courage... ¡Qué graciosa!... Pero si estoy tra 

quilísima... Si precisamente yo no sé lo que es ter 

nervios... 

Buena suerte, señorita. 



lA, 

R{ 
m. 

IISAN. 

OCIA. 

il'SAN 
tClA, 
il'SAN 
£CLA, 
[SAN, 
KIA, 
■■i ¡USAN 

HA, 

il'SAN 
KlA, 
Il'SAN, 

m. 

¡SAN, 
.tlA, 
iCSAN, 
KIA. 

hs. 



¡Áh! ¿Pero tú hablas?.-. Muchas gracias. 
{Contemplando desde la puerta su obra.) ¡Ra-vi-sante! 
(bale con la oficiala. Susana le saca la lengua con 
ademán infantil.) 

{A Leonor.) Leonor, vete a mi cuarto y mira a ver si 
estoy allí. 

{Que tarda un poco en comprender.) Bien, señorita. 
{Sale por la derecha.) 

¿Y a tí, tesoro, no te importa ir un rato a hacer com- 
pañía al padrino? 
¿Os 'estorbo? 

Tengo que hablar con Lucía... 
¿Y conmigo, no? 

Tú eres un poco Joven para los asuntos que vamos a 
tratar. 

No me intriguéis... ¿Qué es ello? 
No indagues, María Rosa, y vete... 
Pero prometedme que me contaréis... 
¿Quieres largarte?... {Sale María Rosa un poco 
picada.) 

(Adoptando de pronto un tono muy serio.) ¿Lucía, 
puedo contar con tu opinión sincera y leal? 
¿Sobre qué? 

Ahora lo sabrás. Pero, responde. 
Sí, mujer. Cuenta con ella. 
¿Y con un consejo si lo necesitase? 
También, pero empieza. . . 
Ante todo, ¿qué opinas tú de las sonámbulas? 
¿Que qué opino yo de las sonámbulas? 
¿Tú crees que las sonámbulas son responsables de 
sus actos? 

No; qué tontería. . . ¡Qué han de ser! Todo lo hacen 
inconscientemente ... 
Repite . . . 

Inconscientemente . 

Gracias. No sabes el bien que me hacen tus pa- 
labras . 

Oye, ¿me estás tomando el pelo? 
Te estoy contando un capítulo de mi historia. 
¿De tu historia? . . . ¿Tú, sonámbula? 
Yo, sonámbula . . . Pero hay más ... 
Sigue . . . 

¿Qué hubieras tú hecho, si una noche te acuestas en 
tu cuarto del Hotel Cristina, y a la mañana siguiente 
te despiertas en un cuarto distinto? 
Pellizcarme a ver si soñaba . 
¿Y después? 

21 



J-.UC1A. 
SUSAN. 



Lucia. 

SuSAN. 

Lucia. 

SuSAN. 

Lucia. 

SuSAN. 

Lucia. 
SusAN. 

hvClA . 
SuSAN. 

Lucia. 

SUSAN. 

Lucia. 

Susan. 

Lucia. 

Susan. 

Lucia. 

Susan. 



Lucia. 

Susan. 



Lucia. 

Susan, 
Lucia. 
Susan, 
Lucia. 
Susan. 
Lucia. 
Susan. 
Lucia. 
Susan. 
Lucia. 
Susan. 
Lucia. 
Susan. 



Después, averiguar dónde estaba . 

¿Y si al ir a realizarlo te encuentras con que a lo 

pies de tu cama hay un pantalón de smoking-, y en 

cima de una butaca un sombrero de paja y un basi 

ton, y sobre la mesa de noche un puro apaWdo^ 

¿Todo eso te ha pasado a ti? 

A mí. 

¿Cuándo? 

Hoy hace un mes. La noche de mi despedida de sol! 

tera . ¿Te acuerdas? 

¡No es posible! 

Como lo oyes. Me acosté, me dormí, y al despertar 

me estaba en el cuarto de un desconocido . . . 

¿Y el desconocido? 

Ah, no sé. . . Allí no había nadie mas que yo. 

¿T qué hiciste? 

¿Qué iba a hacer? Tirarme de la cama, salir corrien 

do y meterme otra vez en mi cuarto. 

¿No te vio nadie? 

Creo que no . 

¿Qué hora era? 

Las siete de la mañana. 

¿Y tú no recuerdas nada, nada? 

Nada. Ya sabes que tengo un sueño muy pesado. 

¿Y no te fijaste siquiera en el número del cuarto? «.. 

Comprenderás que no estaba para reparar en gua 

rismos. Sólo sé que era en el mismo piso y en el pa 

sillo del mío. 

¿Y después no averiguaste algo? 

Me pasé ios ocho días que estuvimos en San Sebae 

tián fijándome en los sombreros de paja y en los bag 

tones de los que entraban y salían . 

¿Y nada? 

Nada. Espiaba una sonrisa, una mirada. Inútil. 

¿Y esto lo sabe alguien? 

Dios, tú y yo. 

¿Y el otro? 

El otro, quiza no. 

¿Quizá no?... 

¿Y si pasó la noche fuera de su cuarto? 

Sería muy raro . . . 

Puede ser sonámbulo. . . 

Demasiada casualidad. 

O simplemente juerguista. 

Eso- ya es más fácil. 

¡Pero mira que si no fuera así, y me vio entrar, o í! 

entrar él me encontró allí, ¡qué vergüenza!. . . 



ri 



¡Si... realmente, qué vergüenza! ¿Luis Alfonso lo 

sabe? 

¡No lo sabe! 

¿No te has atrevido a contárselo? 

¿Te hubieras atrevido tú? 

Creo que no . 

Además, después de todo, yo no he hecho nada malo, 

¿verdad? 

Evidente. Tú no has hecho nada malo. 
Pero como los hombres son tan especiales, a lo mejor 
hubiera interpretado de otra manera. . . 
Seguramente. 

¡Pero mira que si algún día se llega a enterar! 
i Ahí. . . Eso sí. . . si se llega a enterar. . . 
Ahora, que no es fácil que se entere. . . 
No, que ha de ser fádi. 

Yo, en medio de todo, estoy tranquila, porque ¿qué 
culpa tengo yo de ser sonámbula? 
¡Claro! ¿Tú que culpa tienes? 

Pero por otro lado, siendo inocente, no tengo moti- 
vos para ocultárselo a Luis Alfonso. 
Eso es verdad. 

Yo, toda esta temporada no he querido ni pensar en 
ello... 

Has hecho bien. 
Pero hoy ya, al pie del altar, ya me parece mas 

grave ... 

Leve no es . . 

Ay, hija, sácame de dudas. . . Me dices amén a todo... 

Así cualquiera aconseja. . . 

¡Ah! ¿Pero tú lo que quieres es un consejo? 
! ¡Ciaro!.., 

Haberlo dicho antes. Y qué quieres que te aconseje. 

¿Qiie se lo cuentes a Luis Alfonso o que no se lo 

cuentes?. . . 

Es tan difícil contar a un novio una cosa así. 

No se lo cuentes. Es mi consejo. 

Pero mira que si por callarme me juego la feli- 
cidad. . . 

Si eres enemiga del juego, te aconsejo que se lo 

cuentes ... 

¡Eres odiosa! ¿En qué quedamos? 

(Entrando por la puerta del fondo.) Señorita, el se- 
ñorito Luis Alfonso está abajo y pregunta si le puede 

recibir la señorita. 

¿Luis Alfonso aquí?. . . ¡Qaé raro! 

El cielo te le envía. 



23 



SUSAN. 

Lucia. 

SüSAN. 

Lucia. 

SuSAN. 

Lucia. 

SuSAN. 

Lucia. 



Lu. Al, 

SuSAN. 

Lu. Al. 



SuSAN. 

Lu. Al. 



SuSAN , 

Lu. Al. 



SuSAN. 

Lu. Al. 



SuSAN. 

Lu. Al. 



SuSAN. 

Lu. Al. 



¿Tú crees? i 

Parece . . . ¿No? | 

¡Qué suba! {Sale Leonor.) Tú. . . ¿Qué hago? ' 

Si tienes valor, díselo. . , Si no te atreves, cállate 

¿Pero tú que opinas? 

Yo opino que lo mejor es dejaros solos. En tu cu 

espero... 

Escucha, Lucía. . . ,^ 

Que viene. . . {Sale Lucia por la derecha y entra á 

en seguida Luis Alfonso por la del fondo. Es jové 

guapo y viste uniforme de maestrante de Zamc 

Guerrera blanca con una cruz azul en el pecho . P 

talón encarnado y Ucornio blanco con plumas azi 

Viene muy agitado . ) 

¡Susana! ' 

¿Cómo tú aquí a estas horas? 

Perdóname . . Ya sé que no es costumbre venir 

estos momentos., pero era más fuerte que yo 

Quería verte. . . Necesitaba verte. . . 

¿Qué ocurre? 

Nada ... Es que quería convencerme de que vive| 

de que estás vestida de blanco ... de que nos vam 

a casar dentro de media hora . . . 

Pero Luis Alfonso, ¿qué te pasa? 

Nada. . . perdona. . . no me pasa nada . . mejor c 

cho, sí, me pasa que desde ayer teng-o una idea q 

me obsesiona. . . que no me deja vivir; esta noche 

he dormido.. . 

¿Y qué idea es esa? 

No sé... Un presentimiento de que algo iba a i 

pedir nuestra boda... Es demasiada felicidad. 

¿Comprendes?... Mira, no lo querrás creer, pero si 

llegar ahora, me hubiera encontrado media puer 

cerrada y me hubiera dicho el portero: «¿No sa 

usted lo que pasa, señorito?. .. La señorita ha mu( 

to. ..» no me hubiera extrañado nada... 

¡Tantísimas gracias! 

Compréndeme . . . Quiero decir que venía prepara 

a lo peor... Pero, afortunadamente, veo que to 

ha sido una pesadilla horrible; que estás viva y v< 

tida de novia... y guapísima... Y que podrem 

ser felices. Porque podremos ser felices. . . ¿Verda 

Felicísimos... ¿Por qué no? 

No sé. . . Pero yo tengo miedo a la vida. . . No ii 

porta... lucharé con ella y te defenderé contra! 

dolor. . . para que no sufras. ¿No has visto en Par! 

en los escaparates de las grandes fruterías, unos n 



24 



SUSAN. 

Lu. Al. 

SuSAN. 

Lu. Al. 

SuSAN. 

Lu. Al. 

SuSAN. 

Lu. Al. 

SuSAN. 

Lu. Al. 

SuSAN. 



Lucia. 

SuSAN. 

Lucia. 

SuSAN. 



locotones y unas manzanas hermosísimas que des- 
cansan sobre una capa de algodón en rama para que 
no se golpeen? Pues tú serás la manzana. . . 

Y tú la capa de algodón... Qué idea más bonita. 
Luis Alfonso. . . ¡Lo que hace el haber viajado! 

Y nunca habrá secretos entre tú y yo... prométemelo. 
¿Dices que entre nosotros no tiene que haber se- 
cretos? 

No, no tiene que haberlos, Susana, porque el secreto 
es el cáncer del amor . . . 
¿Ese pensamiento es tuyo? 

Y tuyo... 

¡Qué talento tienes! 

Si acaso, dotes de observador. . . Dime, Susanita, ¿no 

será tarde? 

Falta un cuarto de hora ... 

¡ün cuartx) de hora!. . . Como quien dice: ¡un siglo! 

Y hay que ver las cosas que pueden pasar en un si- 
glo. . . Yo no quisiera separarme de ti. . . 

No ves que es imposible. . . Los novios no van jun- 
tos ala iglesia. . . 

Tienes razón... Pero recomiéndale a tu mecánico 
que vaya despacio y con mucho cuidado ... No sé 
si leíste que, en Nueva York, una novia que iba a 
casarse en su auto, chocó contra un tranvía y murió. 
Esas cosas no pasan más que en Nueva York, y ade- 
más de aquí a la iglesia no hay tranvías . 
Pero hay autobuses . . . que son peores ... Yo los lla- 
mo los chulos del asfalto . . . 
No tengas miedo ... 

Se puede romper la dirección . . . ¿Vuestro mecánico, 
es cardíaco? 
No creo. . . 
Sé prudente, Susana . 
Ay, Luis Alfonso, no seas lúgubre. 
No tardes. . . Te espero con el alma en un hilo. . . 
¡Hasta ahora, si Dios quiere! 
Sí que querrá . . . 
{Desde la puerta.) ¡Mi vida! 

¡Mi dueño! {Se envían un he so con la mano. Y sale 
Luis Alfonso por la puerta del fondo. Susana se 
asoma a su cuarto y llama ) ¡Lucía! . - . 
(Entrando.) ¿Se lo has dicho? 
¿En qué lo conoces? 
En la cara de alegría que tienes. 
Es que es tan guapo . . . que el verle me reconforta . . . 
Pero no se lo he dicho. . . 



25 



Lucia. 

SUSAN. 

L/JCIA. 

SuSAN. 

Lucia. 

SUSAN. 

Lucia. 

SuSAN. 

Lucia. 



SusAN. 
Lucia. 
SusAN. 
Lucia. 

SuSAN.; 

Lucia. 
Susan. 
Lucia. 
Susan. 



Lucia. 
Susan. 



Lucia. 

Susan. 
Leo. 
Susan. 
Leo. 



Susan. 
Leo. 

Susan. 

Lucia. 



Susan. 
Lucia. 

26 



¿No? ■■: 

Ahora, que como si se io hubiera diebo. 
No comprendo. 

Estoy decidida a confesárselo mañana . 
¿Mañana? 

Sí. . . En el sud-expréss. Entre Heodaya y Biarritz 
¿En San Juan de Luz? 

Por ahí. . . No creas tú, que es un género de paisaje 
que le va muy bien a esta confidencia . 
Ni hecho a medida... pero no te descuides, por- 
que ya... Bayona y las Laudas se prestan me- 
nos . . 

¿Sabes io que me ha decidido? 
¿Qaé? 

Una frase de Luis Alfonso. . . 
Dila. 

«El secreto es el cáncer del amor». 
Muy bonita... ¿De quién es? ¿De Goyanes? 
No; te he dicho que de Luis Alfonso. 
¿Original? 

Toda ella. Y mira lo que son las cosas. Sólo con ha- 
ber tomado esa resolución ya soy otra. Más tran- 
quila... Me parece como si ya no hubiera secretos 
entre nosotros... ¡Respiro!... Ven, arréglame un poco 
el traje . . . ( Van al espejo y Lucia la arregla los 
pliegues del vestido.) ¿Estoy bien? 
Estás estupenda... 

Quiero gustar, y, sobre todo, gustarle a éi... Si le 
vieras de uniforme... ¿Verdad que hacemos una pa- 
reja despampanante? 
Hacéis... 

¡Si vieras qué feliz soy! 
(Entrando.) ¡Señorita] 
¿Qué ocurre?... ¿Me esperan, no? 
No, señorita. Es un señor que acaba de entrar por la 
puerta de servicio; ha preguntado por mí y me ha 
dado esta carta para la señorita y estas cieri pesetas. 
¿Una carta y cien pesetas para mí? 
No, señorita; la carta es para la señorita, pero las 
cien pesetas son para mí. 

¿A ver? (Abre la carta y la lee.) Espera ahí fuera, 
Leonor... (Leonor sale. A Lucía.) Entérate... 
(Leyendo.) «Un caballero necesita hablar con usted é 
solas de un asunto importantísimo, antes de que sal- 
ga usted para la iglesia. Luego sería tarde». 
¿Tú comprendes esto? 
Yo, no, ¿y tú? 



Yo quisiera no comprenderlo... pero , desgraciada 
mente... 

¿Qué quieres decir? 
¿Mira que si fuera el otro? 
¿Qué otro? 
El del hotel. 

¡Qué disparate! ¿Por qué has de ponerte en lo peor? 
Además, no es verosímil que si fuera el otro hubiera 
esperado a hoy, a este momento, para darse a co- 
nocer... 

A lo mejor es un sablista. 

¿Un sablista que debuta dando cien pesetas a la don- 
cella? 

Eso es verdad. 
¿Le recibo? 

Siquiera para salir de dudas. 
Pero si fuera el otro... ¡Qaé vergüenza! 
Sea o no sea, serenidad.. . 

Tienes razón: después de todo, no me va a comer. 
¡Leonor! 
.Eo. ¿Señorita? 
^usAN. Que suba ese caballero, sin que nadie se entere. Y tú 

espera ahí fuera. ¿Comprendido? 
:.Eo. Sí, señorita... {Sale Leonor.) 
vüSAN. Por lo que más quieras qaédata ahí ai iado, y si te 

Hamo ven en seguida... 
Lucia. No tengas miedo. 
'íusAN. No... si ya no tengo miedo... (Le da la mano.) ¿Ves 

qué serena estoy? (Temblando.) 
[.uciA. Muy serena... Ahí me tienes. (Sale por la puerta de la 
derecha. Susana se queda sola en medio de la hahita- 
ción esperando. Se abre la puerta de la izquierda y 
aparece con 'inucho sigilo Leonor.) 
Señorita... Aquí está... 
Que pase... 

{A un personaje invisible .) Pase usted. (Leonor deja 
paso y entra Alvaro de Yébenes. Un joven de unos 
treinta anos, de aspecto simpático, bien vestido.) 
(A Leonor.) Déjanos. [Leonor sale por la puerta del 
foro.) ¿Caballero? 

Señorita, ya comprenderá usted que si he tenido la 
audacia de venir a molestarla en estos momentos, 
P para usted tan solemnes, habrá sido porque el asunto 

que me trae merece la pena... 
SusAN.; En efecto. Sólo así acierto a explicarme su conducta 
extraña. {Hace un ademán ofreciendo asiento a Al- 
varo^ que acepta. Ella, se sienta en otra butaca.) 

27 



Alvar. 

SUSAN. 

Alvar. 
SusAN. 
Alvar. 



SuSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 

Alvar. 

SusAN. 
Alvar. 



SüSAN. 

Alvar. 



SuSAN. 

Alvar. 



SuSAN. 

Al VAN. 

SuSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 



Alvar. 

SuSAN, 
28 



¿No me recuerda usted? 5 

No le he visto a usted en mi vida. ; 

¿Está usted bien segura de lo que afirma? 
Segurísima. 

Es posible. Entonces, contra mi voluntad, voy a ver^ 
me obligado a referir episodios que hubiera preferidc 
por usted no tener que recordar... 
¿Qué quiere usted decir? 

Usted se llama Susana Montehermoso, ¿no es eso? 
Eso es. 

¿Y ha pasado usted el verano en el Hotel Cristina, de 
San Sebastián? 
Efectivamente. 
{Tras una pequeña pa^ía.) Señorita... En la noche del 
veintitrés al veinticuatro de septiembre, hoy hace 
exactamente un mes, el caballero que ocupaba la ha 
bitación número doscientos treinta y uno del Hotel 
Cristina, estaba a eso de las doce acostado tranquila 
mente en su lecho, leyendo una novela y fumando 
un cigarro, cuando vio que, de pronto, se habría la 
puerta de su cuarto, muy poco a poco, y aparecía en 
el dintel una muchacha bellísima... ¿Qué tiene us- 
ted?... ¿Se encuentra usted mal?. .. ¿Quiere usted que 
llame? ^ 

No, no es nada... Siga usted... Haga el favor. 
El caballero pensó: Una señorita que se ha equivoca 
do de cuarto. Esto es muy frecuente en los hoteles... 
Pero, por un lado, la toilette de la bella desconocida, 
y por otro la decisión con que penetró, cerrando tras 
ella la puerta, le hicieron sospechar que no se trataba 
de un simple error. 
¿Y qué más? ^ 

La señorita que de modo tan inesperado entraba a 
las doce de la noche en el cuarto número doscientos 
treinta y uno del Hotel Cristina, se llamaba Susana 
Montehermoso. 
¡Ah!... 

Y el caballero que yacía en el lecho, novela en mano 
y cigarro en boca, se llamaba Alvaro de Yébenes. 
¿Y era usted? 
Servidor. 

Está bien. Si no recuerdo mal, en todo este relato 
cuando se refería usted a su persona, ha dicho usted 
«El caballero»..,, ¿no es eso? 
Exacto. El caballero. 

¿Debo entender que esa palabra es una simple ma- 
nera de expresarse, o una realidad? 



Uüa realidad. Puede usted estar segura. 
Así lo espero y esto me tranquiliza. Y antes de se- 
guir esta conversación tan delicada, quiero que sepa 
usted algo que tal vez ignora. Yo, caballero, soy 
sonámbula... 

(Con una sonrisa impertinente apenas perceptible.) 
¿Ah?... 

¿Lo duda usted? 

¿Cómo voy a permitirme dudar de algo que usted 
afirma? 

¿No lo comprendió usted en seguida al verme entrar? 
No, señorita; pero eso no tiene nada de extraño. 
¿Por qué? 

Porque los sonámbulos dan muchas veces la ilusión 
de una persona en estado perfectamente normal. 
Bien. Ha interrumpido usted su narración en el mo- 
mento en que Susana Montehermoso entraba en la 
habitación número doscientos treinta y uno cerrando 
la puerta tras ella. ¿Quiere usted hacer el favor de 
continuar? 
Señorita... 
Yo le ruego a usted que siga . . . 

Y yo le ruego a usted que no insista en ello. 
Sin embargo . . . 

Además, señorita, tenemos los minutos contados y 

aún queda lo más importante por decir. 

¿Lo más importante? 

Sí, señorita. Dígame usted, ¿su novio conoce este 

episodio? 

{Un poco avergonzada,) No. 

Me lo figuraba. 

¿Y por qué se lo figuraba usted? 

Porque si su novio supiera todo esto, no sería usted, 

sino él quien me hubiera recibido. 

íAh: 

Y ahora, señorita, me voy a permitir darla a usted un 
consejo, autorizado por esta involuntaria y miste- 
riosa complicidad que nos une. Cuénteselo usted to- 
do a su novio. . . 

¿Qué interés tiene usted en ello? 

Su felicidad de usted. 

¿Mi felicidad? 

Sí. ¿No le parece que tengo ya un poco de derecho a 

interesarme por ella? 

¿Y se puede saber por qué ha elegido este momento 

para venir a darme semejante consejo? 

Porque el paso, era. . . muy delicado, y hasta hoy no 

29 



SuSAN 

Alvar. 

SuSAN 

Alvar. 

SuSAN, 



Alvar. 
SusAN, 

Alvar. 

SusAN. 
Alvar. 



SuSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 

\lvar. 

SuSAN. 
x'lLVAR. 
SuSAN. 

Alvam. 

SuSAN. 

Alvar. 

5.', USAN. 

xAlvar. 

SuSAN. 

Alvar. 

SusAN. 
Alvar. 



SuSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 

Alvar. 



SuSAN. 

Alvar. 



me he decidido. Pero hoy he comprendido que n 

tenemos derecho a que Luis Alfonso ignore 

¿Le conoce usted? 

Le conozco. 

¿Es amigo suyo? 

No es enemigo y basta. 

Entcnces, señor de Yébenes, puede usted estar tranl 

quilo Hace media hora he tomado la firme resolu 

Clon de contárselo todo. 

(Visiblemente decepcionado.) ¡Ah! Eso está bien 

feí, señor, mañana por la mañana, entre HendaVa - 

Biarritz, sabrá Luis Alfonsp. . . ^ ' 

ün momento, señorita. . . Yo la he aconsejado que s 

10 cuente usted a su novio, no a su marido 

¿Qué diferencia hay? 

¡Cómo se ve que no conoce usted a los hombres' Ui 

dase ^^ perdona jamás una confesión de' esj 

¿y un novio? 

i Ah! . . . Eso depende ... 

Usted, ¿en el caso de él qué haría? 

¿Puedo contestar con franqueza? 

Eso quiero. 

Yo no me casaría con usted. 

¿Ve usted cómo me aconseja un imposible? 

Entonces, ¿no se lo quiere usted contar? 

No. 

Hace usted maL Pero si es una decisión irrevocable 

voy a darla a usted otro consejo: No se case usted 

¿Que no me case? 

No. Porque Luis Alfonso lo sabrá un día u otro x 

entonces . . . pobre de usted ... '" ^ 

Y como lo va a saber. . . ¿Sería usted capaz?. . 

Me hace usted daño con esa pregunta. No, no sería 

yo. Sena usted misma quien se lo dijese 

¿Yo? 

Usted. Queriéndole como le quiere, no podría usted 
guaraar mucho tiempo el secreto, porque créame us- 
ted, señorita... el secreto es el cáncer del amor 
¿Como ha dicho usted? 
Que el secreto es el cáncer del amor. 
¿Esa idea es de usted? 

Sí, señorita. Pero está a su disposición. Cuando la 
precise, puede usted apropiársela. Yo se la recalo 
Tengo otras. ^ 

Gracias . 
Por Dios, señorita. . . Sin cumplidos , . . ¿Y puedo saber 



Si 



antes de retirarme cuál es su determinación en el 
asunto que me ha traído? 
No, no puede usted saberlo. 
Comprendo. Ni usted misma lo sabe. 
Eso es cosa mía. 

Sin duda, pero puedo anticiparla que a poco que re- 
flexione, desistirá usted de su boda. Y hará usted 
muy bien. 
¿Por qué? 

Por lo que he dicho antes. Que lo sepa el novio, es 
peligroso... que el marido lo averigüe, puede ser 
trágico. . . 
¿Usted cree? 

Conozco a los hombres... Y ahora, señorita, permíta- 
me usted que me retire, que bastante la he molesta- 
do, y tiene usted ya muy poco tiempo para tomar 
una resolución de tanta importancia... Solo quiero 
añadir dos palabras: Alvaro de Yébenes es un caba 
iiero. Medite usted bien esta frase. Si algún día duda 
usted, ella le aconsejará lo que tiene que hacer. Se- 
ñorita,.. {8e levanta y hace ademán de marcharse,) 
Perdone usted, señor de Yébenes. ¿Cree usted since- 
ramente que no tenemos nada más que decirnoi? 
Qae yo sepa. no. 
PieLse usted bien. 

{Con cierta guasa.) Por más que pienso, la verdad, 
no encuentro... 
¡Ah! ¿No encuentra usted? 
Lo juro, señorita. 
¿Y usted es el perfecto caballero? 
Por tal me tengo. 

Usted conocerá muy bien a los hombres, pero de las 
mujeres no sabe usted una palabra. 
Sigo sin comprenderla. 

Pues hablemos claro, a ver si me entiende. ¿No sospe- 
o,ha usted que precisamente lo que más me interesa- 
ba saber es lo que usted no ha querido contar? 
¡Ah!... Ya comprendo. Señorita, desde las primeras 
frases que hemos cruzado me ha parecido usted una 
mujer muy inteligente. Por eso no he hablado más 
que lo indispensable, huyendo de parecer fatuo o 
indiscreto. 

¿Y si yo no fuera tan inteligente como usted ha su- 
puesto? 

¿Modesta, además?... Tiene usted todas las cualidades. 
Y usted todas las impertinencias... ¿Insiste usted en 
no hablar? 

31 



Alvar. 

SUSAN. 

Alvar. 



SuSAN. 

Leo. 

SuSAN. 

Alvar. 

Susan. 
Lucia. 
Susan. 
Lucia. 
Susan. 
Lucia. 
Susan. 
Lucia. 

Susan. 



Lucia. 

Susan. 
Lucia. 

Susan. 
Lucia. 
Susan. 
Lucia. 
.susan. 
Lucia. 
Susan. 
Lucia. 



Trist. 
Susan. 

Trist. 
Susan. 
Trist. 

Susan. 
Trist. 

;^2 



81S 



Insisto. Algún día me lo agradecerá usted. 

En ese caso haga usted el favor de salir inmediata 

mente. 

Tiene usted motivos para estar nerviosa, y no quiero 

tomar en cuenta sus últimas palabras. No olvide 

usted lo que le dicho: soy un caballero. 

¡Leonor! 

{Entrando.) ¡Señorita! 

Acompaña a este . . . caballero ... 

¿Lo ve usted?... Gracias. {Reverencia.) Señorita.. 

{Sale con Leonor por donde entró.) 

¡Lucía! 

Aquí me tienes... 

¿Has oído? 

¡Todo! 

¿No es horrible? 

¡Horrible! 

¿Qué harías tú en mi caso? 

[Ah! Eso sí que no lo sé... Es un asunto tan delica-ius 

do... tan personal... 

{Como monologando.) Y, además, ahora estoy peoí 

que antes... sé que ahora sé que ese señor sabéis 

todo... todo... y sé que yo no sé nada más... Es deses 

perante... {Pasea unos instantes en silencio .) \Lvlcísl\ . . 

¿Qué quieres? 

Di al padrino que suba. 

¿Qué vas a hacer? 

Di al padrino que suba... 

Se lo diré... pero antes dime... 

¿Rara qué?... Ya he tomado una resolución. 

¿Caál? 

Ahora lo sabrás... 

Si no me lo dices antes, no bajo. 

Bajaré yo. 

No... Espera... {Sale Lucia por la puerta del foro 

Susana pasea por el cuarto muy nerviosa. Se oyert 

los pasos de Tristán y Lucia que vuelven. Susant 

adopta una actitud enérgica.) 

¿Pero tú sabes la hora que es? 

Es igual. Te he llamado para decirte que hoy no mi 



caso. 

¿Que hoy no te casas? 



Eso es. ¿Está claro? 

Bueno, pero vamos a ver. . . vamos a ver. . . ¿habla. 

en serio? 

¿Tengo cara de broma? 

¿Y se puede saber a qué se debe esta resolución? 



ÜS 



iUí 



íRI 



Se debe a que hoy no tengo ganas de casarme . 
Eso no es motivo suficiente. Comprendo que dijeras: 
Hoy no tengo ganas de ondularme . . . Hoy no tengo 
ganas de igualarme la melena. Pero... Hoy no tengo 
ganas de casarme. . . reconocerás que. . . 
No reconozco nada. 

{Cada vez más serio.) Vamos a hablar con formali- 
dad, Susana. . . ¿Qué ha sucedido aquí?. . . 
¿Aquí?. . . ¡Nada!. . . ¿Ha sucedido aquí algo, Lucía? 
Que yo sepa, no. 

¿Entonces es que quieres reírte de mí? 
Yo no quiero reírme de nadie . Yo lo que no quiero es 
casarme. ¿Comprendes? 

Susana. . . ¡Basta de juego!. . . Hace veinte minutos 
que esperan en la iglesia, el novio, la madrina y los 
testigos. . . Vamos allá. . . 
Yo no voy. .. Que se retiren. . . 
¡Susana! 
¡Padrino! 

No olvides que estás aún bajo mi tutela y te puede 
costar caro este capricho de niña testaruda. . . 
Yo estaré bajo su tutela, pero usted no tiene derecho 
a insultarme. . . 

¿Pero te he insultado yo? (A Lucia.) ¿ha. he insul- 
tado yo? 

Que yo sepa, no. 

¡Ah! ¿Con que no me ha insultado?. . . ¿También tú 
de su parte? . . . ¡Vaya unas amigas! . . . Pues, si señor... 
Me ha insultado, me ha insultado. . . Y eso yo no se 
lo tolero ni a tutores, ni a curadores, ni a parientes 
más cercanos. . . 

¿Sabes que parece enteramente que te has vuelto 
íoca? 

¿Y por qué no puedo yo volverme loca?.. . ¿No tengo 
yo derecho a volverme loca?... ¿O es que ya no 
puede una ni volverse loca?. . . 

( Visiblemente preocupado. A Lucia. ) Yo creo que tiene 
un ataque serio. 

{Cogiendo un jarrón.) He dicho que no me caso, y no 
me caso ... 

{Quitándola el jarrón con suavidad.) Está bien... 
No te casas . . . Pero cálmate ... y piensa en lo que 
vas a decir ahora a tu novio . . . 
¡Eso es cosa de usted! 
¿Mía? 

¿De quién, si no?... ¿No es usted mi tutor? ¿No es 
usted el responsable de mis actos? Pues ya está usted 

33 



Trist. 

SUSAN. 



Trist. 
Leo. 



SuSAN. 



Trist. 



Lucia. 
Trist. 

Susan. 

Lucia. 
Susan. 

Lucia. 

Susan. 
Lucia. 
Susan. 

Lucia. 

Susan. 

Lucia. 

Susan. 



Lucia. 

vSuSAN. 



oc 



yendo a la iglesia, a explicarle como mejor le j 
rezca ... 

¡Ah! ¿Pero encima tengo que ser yo el que vaya; 
decirles?. . . ¡Señor! ¡Esto es demasiado! . . . 
{Cogiendo otra vez el jarrón de antes y haciéndolo yi 
gas antes de que se lo pueda quitar Lucía, que lo 
tanta.) ¡He dicho que ya está usted yendo a 
iglesia! 

Bueno. . . Tranquilízate. . . ¡Ya voy! 
{Entrando por el foro ) Señorita. . . eJ señorito 
Alfonso ha enviado al mecánico a preguntar si 
rre algo. Dice que está muy intranquilo. . . 
{A Tristán.) ¿Lo oye usted?. . . ¿Usted cree que 
derecho a tener a tanta gente esperando?. . . Peí 
sobre todo... ¡allá usted!... Yo he cumplido c 
mi deber. {Sale por la puerta de su cuarto y al Í7 
tantt se oye el ruido de otro cacharro que pasa a mej 

' vida . ) 

{A Lucia.) Bonito papel el mío... ¡Señor!.. 
ñor!. . . Ocúpate de ella. . . ¿quieres?. . . No la dej 
sola... 

Descuide usted . 

{Saliendo con I^eonor.) Dile al mecánico del señori 
que enseguida voy.. . {Salen los dos por el fondo.) 
{Asomando la cabeza. En tono natural.) ;Se ha h 
ya?... ^ 

Ya. 
{Entrando .) ¿Lo he hecho bien? 

¿El qué? 
El ataque. 

Admirablemente. Yo misma me lo he creído. 

Lo importante era ganar tiempo. Ahora lo ten^ 

para reflexionar. . . 

¿No crees tú que hubiera sido mejor reflexionar pi 

mero? . . 

No... no, así está bien... Oye, Lucía, cuéntame proi 

to algo gracioso, divertido. . . 

¿Para qué? 

Para distraerme . . . Porque estoy sintiendo surgir ] 

lágrima. . . {Empieza a hacer pucheros.) Y si me poi 

go a llorar. . . ahora que tengo motivo. . . {Se pone 

llorar francamente .) 

Espera un poco, mujer ... 

{En pleno llanto.) Ño, ya es tarde. . . ya no puec 

contenerme. . . Ahora lo que te pido es que no re 

moleste nadie en una hora. . . Necesito llorar a gu 

to. Me voy a echar... Tú quédate por aquí.. 



ccu, 



so. 



,i [til 



jgjm, 



iris, 



ten 



iSíK, 



34 



Ro. 



para que me dejen en paz. . . A eso de las siete me 
interrumpes . . . ¿Lo harás? 
Cuenta conmigo. . . Puedes llorar tranquila ... 
{Saliendo por la puerta de su cuarto llorando con des- 
consuelo.) ¡Qué buena amiga eres! {En ctw.nto se 
queda sola, Lucia coge un libro, enciende la luz y se 
sienta, dispuesta a leer. Se abre la, puerta del fondo y 
entran Leonor y María Rosa.) 
¿Pero es verdad?. , . Señorita, . . ¿es verdad? 
És verdad, ¿qué? 
¿Que ya no se casa la señorita? 
És verdad. Puedes retirarte; la señorita no necesita 
nada por ahora. {Leonor sale por la puerta de la iz- 
quierda . ) 

¿Pero qué ha pasado? ¿Tú lo sabes? 
Sí. 

Explícame, por lo que más quieras. . . 
{Levantándose y llevando o. María Rosa hacia la 
puerta del fondo.) Dime, Maria Rosa, ¿tú eres capaz 
de guardar un secreto? 
Lo soy . . . {Están ya cerca de la puerta . ) 
{Andando un poco raás . ) ¿De veras? 
Te lo juro. 

¿Sabes callarte a tiempo? ( Ya están en la puerta . ) 
Si . . . 

Pues yo también. {La empuja suavemente, cierra la 
puerta y vuelve o, sentarse al lado de la lámpara 
mientras cae el 

TELÓ N 



ACTO TERCERO 

5.za de un hotel de Hendaya. Un día espléndido de verano. 
Las dos de la tarde. 

{Al levantarse el telón están sentadas alrededor 
de una mesa, en segundo término a la derecha, 
las mismas muchaeJias que en el primer acia.) 
{Levantándose ,) Mis queridas amigas: La experien- 
cia que me da el celebrar por segunda vez esta ce - 
remonia de la despedida de soltera, hace que me 
levante ya con mucha menos emoción, para agrade- 
ceros sinceramente que hayáis venido a acompañar- 
me las mismas que rodeabais mi mesa el año pasa- 
do, en día semejante. . . Si os he de decir la verdad, 
yo ya no soy la misma. . . 
Ni nosotras ... un año enseña mucho , . . 



3-^ 



0' 



Lucia. 
Blanc. 

M.^ Ro. 

Lucia. 

SUSAN. 

M.^ Ro. 

SuSAN. 

Susan. 



Blanc. 

Susan. 



M.^ Ro. 
Lucia. 

Susan. 



M.^ Ro. 

Lucia. 



M.» Ro. 
Blanc. 



i^UCIA. 

M.^ Ro. 

Lucia. 

Susan. 

Lucia. 

M.^ Ro. 

Susan. 

Lucia. 

30 



Y si no, que lo diga María Rosa, que ya está casad 
Por cierto que te has ahorrado la despedida 
soltera. . . 

Gustavín no quería . . . 
Ah, ¿pero tú eres de las que obedecen?. , . 
Déjala, que tiene cara de ser feliz. 
Mucho . ¿Para qué lo voy a negar? 
Pues yo os confieso que voy esta vez al matrimoni 
como si fuera al dentista. . . sia pizca de ilusión 
Haces mal, porque tiene momentos muy agradable 
Lo de Luis Alfonso me desencantó para siempre ^H^ 
los hombres. . . ¡Mira que no tomarse siquiera el tnjucü 
bajo de averiguar por qué no quise casarme! 

Y en el fondo, ¿por qué fué? 
(Mirando a Lucia.) Es muy largo de explicar 
Pero en el fondo, fué porque entonces le daba 
demasiada importancia a eso de casarse. . . Hoy y4 
las cosas de otro modo. . . Ahora considero el matrl 
monio como una formalidad de la vida, que convi<pAN 
ne tener hecha, como la vacuna. . . 
Yo prefiero el enlace a la vacuna. 
Es que tú eres una golosa . . . 

No niego que con Luis Alfonso llevaba cierta íHSüsan 
sión. . . Pero no siendo con él, ya me es igual casa 
me con cualquiera. . . ¡Con tal de que no usen calv 
ni lentes, ni corbatas de lazo, para mí todos los hor|Si 
bres son iguales! . . . 

Pues yo necesitaba a mi marido . . . Estamos hech 
a medida... • , 

Estoy conforme con Susana. Los hombres son todi 
iguales. . . mejor dicho, ni siquiera iguales, que es 
tendría sus ventajas; son parecidos, que es peor 
Gusta vín no se parece a nadie ... 
A ti lo que te pasa es que estás intoxicada con 
morfina de la luna de miel; pero ya verás en cuaní 
se te acabe el específico y te despiertes y te encuei 
tres al lado, no de Gustavin, sino de tu marido. . 
Como que yo, desde que he sabido que el Gobierr 
ruso ha prohibido el beso, me siento bolchevique. , 
¿Pero han hecho esa barbaridad en Rusia? 

Y muy bien que han hecho . . . 
¿Por qué? 

Porque el beso es el vehículo del microbio. 
Pues yo prefiero ese vehículo a un RoUs . . . 
Como te digo una cosa, te digo otra. Eso de supi 
mir el beso, me parece un poco fuerte. . . 1 

¡Bah! Todo es acostumbrarse. . . 



LANC. 

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LUCIA. 



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Lucia, 
Susan 
Lucia, 

iiUSAN 

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Enfer 
Susan, 
Enfer 



iUSAN 

Enfer 
Susan 
l,'R( 



Pero no me negarás que hay circunstancias que re- 
quieren el ósculo, 
¿Cuáles? 

Por ejemplo: una puesta de sol, al borde del mar, en 
verano . . . 

Pues no me descuides un atardecer de otoño en un 
pinar... 

Tampoco es ninguna tontería una mañana de Mayo 
en la Rosaleda, cuando se abren los capullos... 
Y el guarda no mira... 
Sois unas prosaicas. 
¿Y tú, qué eres? 
Una mujer fuerte. 

Ya te daría yo fortaleza si cayeras con uno como 
el mío. 

Como el tuyo los he tenido por gruesas y no he 
caído. 

¿Pero, a que has tropezado? 
Eso es cosa mía... 

Bueno... Agotado el tema, y dejad a María Rosa que 
sea feliz con sus ilusiones... Ya sabéis que la boda 
es, por fin, el sábado... 
¿A qué hora? 

A las once. Espero que vendréis todas.. . Así me pa- 
recerá la ceremonia menos lúgubre. 
¿No hemos de venir? 

Pero no corráis la voz por San Sebastián. Prefiero 
que haya poca gente. Si pudiera me casaba de traje 
sastre, y me parecería que me casaba menos. 
¿Le has tomado asquito a esa formalidad? 
No lo sabes tú bien... 

Pues no seas tonta y desiste, como la otra vez. 
¿Qué diría la gente? 

Di que no, Susanita; cásate. Yo, al principio, tam- 
bién llevaba mucho miedo; pero luego, en cambio, 
me alegré más... {En este momento se acerca a la 
mesa y a Susana una especie de nurse inglesa,) 
¿La señorita va a dormir la siesta esta tarde? 
No sé. ¿Por qué? 

Porque si la señorita no me necesita ahora, quisiera 
ir a poner unos telegramas. Dentro de un cuarto de 
hora estoy de vuelta. 

Vaya. En todo caso, antes de esa hora no pienso des- 
cansar... 

Entonces, hasta luego, señorita, . . 
Hasta luego. (Sale la enfermera por la derecha.) 
. ¿Quién es? 

- . 37 



SUSAN. 

M.* Ro, 

SuSAN. 



Lucia. 

SuSAN. 

Lucia. 

Susan. 

Alvar. 



Susan. 

Alvar. 

Lucia. 

M.a Ro 

Alvar. 

Susan. 

Alvar. 

Susan. 

Alvar. 

Susan. 

Alvar. 



Susan. 
Alvar. 



SusaN. 
Lucia. 
M.* Ro. 

Susan. 
Lucia. 

Susan. 
38 



1í 



lí 



lí 



Mi enfermera. 

¿Tu enfermera? 

Sí... Como soy un poco sonámbula, por si acaso 

cuando vivo en hotel, está a mi lado mientra^, 

duermo. 

(Á media voz.) Te la lia puesto Alvaro, ¿no? 

(ídem.) El mismo ... 

¡Cómo se cuida! 

Figúrate . . , Aquí le tienes . . . (Entra Alvaro por le 

derecha, con americana azul y pantalón blanco.) 

(Besando la mano a Susana!) Mi adorada prometi 

da. . . (Dando la mano a las otras.) Mis preciosaí 

amigas . . . ¿Qué tal ese festín? 

(Sin entusiasmo.) No ha llegado al de don Baltasar 

pero. . . ¡vaya!, se ha hecho lo que se ha podido. 

Eso quiere decir que se ha puesto verde al hom 

bre, ¿no? 

¡Por supuesto! 

No; conste que yo, no. . . 

Tú nos comprendes, María Rosa. . . 

(Interrumpiendo a Alvaro.) ¿Arreglaste todo? 

Todo. . . Es decir, nos falta un detalle. 

¿Cuál? 

Un padrino . 

¿Cómo?. . . ¿Tristán no quiere? 

Ni atado . Dice que él va a la boda de testigo, de con 
vidado, de espectador, incluso a abrir las puertas d( 

lo3 coches, pero que para padrino no le pescan más. 

Qué conflicto . 

¿Por qué? Para que haya boda, los únicos personajes 
indispensables son los novios y un clérigo. El padri- 
no es un accesorio ... Ya encontraremos uno de aquí ^'' 
al sábado... "w 

Tienes razón. . . (A las chicas, que se preparan para 
marcharse.) ¿Qué? ¿Ya emigráis? 
Sí. . . Nos volvemos en seguida a San Sebastián, por-j 
que Blanquita y yo vamos a los toros . 
Y a mí me espera Gustavín, que estará de un impa 
ciente ... En cuanto nos separamos más de media 
hora, nos parece que nos falta algo. . . 
¡Ah!, pues eso, no. . . Yo no quiero tener la culpa dej , 
que estéis incompletos. . . ' 

Hasta el sábado, Susi. . . , y a última hora, si ves que 
no te divierte, no seas prima. . . Con hacer lo de la 
otra vez . . . 

Imposible; comprenderás que, después de lo que me 
ha pasado, o me easo con Alvaro o me quedo soltera 



11/ 



.ANC. Adiós, preciosa. . . 

.^ Po. Hasta el sábado. . . (Salen todos por la derecha, En- 
tra Mauricio por la izquierda con un botones,) 

AL'Ri. Haz el favor de decir a la señorita del ciento cator- 
ce, que deseo hablar con ella un momento. 

bTON. Está bien, señorito. . . {Sale por la derecha.) 

jsAN. [Entrando.) ¿Es usted quien me ha mandado avisar? 

AURi. Me he tomado esa libertad. . . 

JSAN. Pues usted dirá. . . 

AURi. Ya sabrá usted que estoy pasando unos días en este 
hotel. 

JSAN. Sí. Le veo muy a menudo con una señora bastante 
apreciable. . . 

Precisamente de esa señora se trata. . . Es la mujer 
de un íntimo amigo mío, el barón de la Unión Pa- 
triótica. . ., que ha tenido que ir a Madrid unos días 
y la ha dejado bajo mi tutela. . . 
¿Y usted, encantado? 

No . No olvide usted mi norma . . . Las mujeres de 
mis amigos, son sagradas. . . 

Es verdad. . . No me acordaba de que es usted una 
especie de «señor de compañía» . . . Como quien dice: 
una carabina. . . 

Mis amigos me llaman el rifle; pero no me ofendo. La 
señora en cuestión, que se llama María Paz, desea 
serle presentada, para hablar con usted de un asunto 
que les interesa por igual. 
¿De qué se trata? 

Lo ignoro. Ella misma se lo explicará, si es que no 
tiene usted inconveniente... 

¿Inconveniente j por qué?... ¿Dónde está esa señora? 
En el bar... Voy a llamarla. ..{Va hacia la izquierda 
y hace una seña. Entra María Paz, que es una señora 
joven, bien vestida y de aspecto simpático.) María Paz, 
te voy a presentar a la señorita de Montehermoso... 
La baronesa de la Unión Patriótica... {Inclinación 
mutua. Apretón de manos.) Y les dejo a ustedes para 
que puedan hablar con entera libertad... Señorita, 
un millón de gracias... Hasta luego, María Paz; en 
el bar te espero. 
Hasta ahora, Mauricio. 

Siéntese, señora... Según me ha dicho Mauricio, tie- 
ne usted que hablarme. 
Sí, señorita... 
Pues usted dirá... 

Es un asunto un poco delicado, y que yo no quisiera 
qu^ usted interpretara. . » 

39 



Si SAN. Hable usted sin miedo. . . 

M.^ Pa2. Usted tiene novio, ¿no es eso?. . . 

SusAN. Sí, señora... 

M.- Paz. Un muchacho delgado, de buena facha, que se llam 

Alvaro de Yébenes. 
SusAN. El mismo. . . ¿Le conoce usted? 
M.^ Paz. De vista solamente.. . Como le habrá dicho Mauricic 
mi marido ha tenido que ir a Madrid, y estoy sol 
en mi cuarto del hotel... A mí no me gusta encerrai 
me por dentro de la habitación, porque soy mu 
aprensiva y tengo miedo a ponerme enferma y qu 
no puedan entrar... Es una rareza, lo comprende 
pero es más fuerte que yo... 
SusAN. Eso no tiene nada de particular... 
M.* Paz. Su novio de usted es muy distraído, ;no es eso? 
SusAN. No creo... ¿Por qué? 

M.^ Paz. Porque con la de anoche, ya son tres las veces qu 
se mete en mi cuarto y me da unos sustos horribles 
Susan. ¡Que raro! Pues él a mí no me ha dicho nada... 
M.* Paz. ¿No le digo a usted que debe de ser muy distraído 
Menos mal que, hasta ahora, lo único que ha hech. 
es asustarme, porque siempre que ha entrado me hj 
encontrado dormida; pero yo he querido hablar coi 
usted para que usted a su vez ruegue a ese señor qu' 
se fije bien en dónde entra. . . 
Susan. Señora, créame usted que si yo hubiera sabido 
M.» Paz. No vaya a dar a todo esto más importancia de Ij 
que tiene... La prueba de que yo no se la doy es qu* 
ni a Mauricio, que ahora representa a mi marido, 1< 
he dicho una palabra... Ya ve usted si lo hará dis 
traído, que anoche se me presentó en pyiama 
Susan. ¿En pyjama? 

M.* Paz. Sí, señorita. Yo creo que lo más acertado es que us 
ted le aconseje, puesto que es tan propenso a equivo 
carse, un procedimiento que hay infalible para estoi 
casos... 
Susan. ¿Y qué es? 
M.^Paz. Muy sencillo... Que antes de entrar, aunque sea ei 
su propio cuarto, dé en la puerta tres golpes acom 
pasados con los nudillos, al mismo tiempo que pre 
gunta: «¿Se puede?»... Y así no habrá error posible.. 
Susan. ( jjn poco amoscada.) Muy ingenioso. \ . 
M.* Paz. {Como si no comprendiera,) ¿No es cierto? En Ingla 
térra, donde abundan las personas distraídas... sf 
usa mucho. 
Susan. ¿De verdad? 
M.*Paz. Se lo aseguro... 

^^^ t 



SusAN. ¿Y es eso todo lo que tenía usted que decirme? 

M.^Paz. Todo. 

SysAN. Pues esté usted tranquila. Yo respondo de que no 
volverá a repetirse... 

M.^ Paz. {Levantándose.) MuGha,s gracias, y perdone la mo- 
lestia. 

Usted es la que tiene que perdonar... 
Mucho gusto, señorita... 

El gusto es mío... (Se despide con sonrisa de conejo y 
la ve salir. Alvaro ha llegado por la derecha y presen- 
cia el final de esta escena.) Y el disgusto va a ser el 
suyo. {Susana se vuelve y e ^cuenira a Alvaro j que 
procura adoptar una actitud desenvuelta.) 

Alvar. Bueno, pues cuando quieras... estoy a tus ordenes... 

Susan. ( Yendo a él furiosa.) ¿Ras visto a esa señora que acaba 
de salir? 
Sí. 

¿La conoces? 

De vista. La encuentro todos los días en el ascensor, 
en el «hall»... 
¿Sólo en esos sitios? 
Sólo. 

¿Estás seguro? 

No comprendo lo que quieres preguntar. 
¿Cuántas veces has entrado en su cuarto? 
{Con asombro.) ¿Yo, en su cuarto?... 
Sí, tú. 
¿Para qué? 

Eso, tú sabrás... Contesta... 
¿De modo que esa señora ha venido?... 
Esa señora ha venido a decirme con mucho retintín 
que yo tengo un novio muy distraído que se mete en 
su cuarto sin decir: «orí»... y que anoche te presen- 
taste en «pyjama»,.. 

Alvar. Esa señora te ha dicho que yo no digo: «orí»... ¡que 
anoche!... ¡que en «pyjama»!... ¡Hay para volverse 
loco! 

Susan. Suspende la demencia por ahora y escúchame. ¡Eres 
un fresco!... ¿Me entiendes? ¡Un fresco! 

Alvar. Susana... 

Sl'San. (Interrumpiéndole.) Si tú y yo fuéramos dos novios 
normales, te aseguro que ésta sería nuestra última 
conversación... Te vale el que para mí ya no hay 
más novio posible que tú... sobre todo después de la 
campanada que di con mi boda fustrada. . . Pero, 
óyeme... 

Alvar. {Enérgico.) No, la que me va a oír vas a ser tú. . . 



Susan. 

I Alvar. 

Suban. 
'|ii Alvar. 

Susan. 

Alvar. 

Susan. 

Alvar. 
i Susan. 
iiSf Alvar. 

Susan. 



SUSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 
i\.LVAR. 

SuSAN. 

Alvar. 



SuSAN. 

Alvar. 



SuSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 

Alvar.' 

SuSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 

Alvar. 



Si. SAN. 
Alvar. 

SuSAN. 

Alvar. 



Sl'SAN. 

Alvar. 



SuSAN. 

Alvar. 
SusAN. 
Alvar. 



bUSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 

43 



¿Qué tienes que decirme? 

Ante todo, ¿desde cuándo conoces tú a esa señora? 
Me la acaban de presentar. 
Y a mí, ¿cuánto tiempo hace que me conoces? 
Desgraciadamente, hace cerca de un año... 
Supongo que en vista de la diferencia abrumadora a i 
mi favor, darás más crédito a mis palabras que a las 
suyas... Y yo te digo... 
Tú me vas a decir un embuste. Lo presiento. 
Basta. Esa palabra me ha llegado al alma. ¡Señorita! 
Alvaro de Yébenes es un caballero... ¡Buenastardes! 
{Da media vuelta y hace ademán de irse.) 
{Llamándole.) ¡Alvaro!.., 
¿Es a mi? 

¿Qué es lo que querías decirme? 
Tú lo has dicho. Un embuste. 
Anda, habla... 

¿Para qué, si es una mentira? 
De todas maneras... Por si acaso... 
¿Me vas a creer?. . . 
¿Qué remedio? 

{Solemne.) Susana... Yo puedo afirmar que no he en- ' 
trado nunca, a sabiendas, en el cuarto de esa señora. 
¡Nunca!... ¿Está claro? 

Entonces, ¿esa señora no ha dicho la verdad? 
Puede que sí... 
¿Qué quieres decir? 
{Cada vez m,ás solemne.) Quiero decir que todo esto i 
viene a robustecer una sospecha que hace tiempo me 
tortura... 
¿Una sospecha? 

Sí. Una sospecha que acaba de ascender a certidum- 
bre... Susana, ten valor. . . ¡También yo soy sonám- 
bulo! 

¡Qué casualidad! 

¿Lo dudas?... ¿Tú?... ¿Precisamente tú?... 
Los hombres sois tan embusteros. 
¿Ah, sí?... Pues escucha. Hace quince dias tropiezo 
en una revista con un artículo que decía en letras muy 
visibles: «¿El sonambulismo es contagioso?»... Lo 
leo con avidez... Todos los grandes especialistas coin- 
ciden en que el fenómeno lo produce un microbio 
que han denominado el «auto-somnium...» Ese mi- 
crobio se transmite difícilmente, pero se transmite. . 
¿Cómo?... 

Desde luego al besar... 
(Muy colorada.) \A.\i\,., 



Está probado... El sonambulismo es contagioso. 
Entonces.., ¿en el fondo soy yo quien tiene la culpa 
de que te introduzcas en pyjama en cuarto ajeno? 
No pienses ni un segundo que te lo echo en cara. 
Si te lo he dicho es para que me comprendas, me dis- 
culpes, y si acaso, me compadezcas... 
¿Pero hablas en serio? 

Pregúntale, pregúntale a esa señora, si al entrar en 
su cuarto no llevo las manos crispadas, la mirada 
vidriosa, el andar espectral... 
¿Y tú cómo sabes que vas así?.,. 
Lo conjeturo. Porque así van los sonámbulos. ¡Ah! y 
menos mal que me ha dado por la manía bien ino- 
cente "de querer pernoctar en el cuarto de una seño- 
ra... Porque podía haber tenido obsesiones más peli- 
grosas... 
¿Cuáles? 

¿Tú no sabes que a muchos sonámbulos les da por 
arrojarse a la calle desde un quinto piso?... 
Pero tú, afortunadamente, vives en el primero. 
No importa... Subiría antes. No quiero ni pensarlo. 
Ni yo. 

Mira que si una mañana al asomarte a tu balcón para 
recrearte contemplando el Cantábrico, te encontra- 
ras con que mi cuerpo yacía inerte... 
¡Calla!... ¡Calla! 
¿Me crees ya? . . 
Tanto me dices. . , 
Y conste que te perdono. 
Que me perdonas, ¿qué? 
El contagio... 
¡Qué bueno eres! 

Soy un caballero. Nada más. ¿Qué?... ¿Salimos? 
Más tarde. Estas cosas me han enervado un poco.. . 
Prefiero descansar.. 

¿Quieres que venga a buscarte dentro de un rato? 
Bueno. 

Pues voy a hacer unos encargos y vuelvo en segui- 
da. Hasta ahora, mi sonámbula... 
Hasta luego... {Con guasa.) ¡Tormento! {Sale Alvaro 
por la derecha en el momento en que vuelve la en- 
fermera por la izquierda.) Viene usted que ni llo- 
vida del cielo... Dígame... usted qu€ es enfermera 
debe saberlo... ¿esto del sonambulismo es conta- 
gioso? 

¡Qué disparate! 
¿Está usted segura? 



43 



Enfer. 

SlJSAN. 

Enfer. 

SUSAN. 

Enfer. 

SuSAN. 

Enfer. 



SuSAN. 

Enfer. 

SuSAN. 

Enfer. 

SuSAN. 

Enfer. 

SuSAN. 

Enfer. 

SuSAN. 

Enfer. 
SusAN. 
Enfer. 

SUSAÑ. 

Enfer. 
Su san. 
Enfer. 

Süsan. 
Enfer. 
Susan. 
Enfer. 

SlJSAN. 

Enfer. 

Susan. 

Enfer. 

Susan. 
Enfer. 



Yo no lo he oído decir nunca. 
¿Tampoco ha oído usted hablar del «auto-somnium; 
No, señorita, no conozco ese coche. 
Es un microÍ)io. 

;Ah!... Pues tampoco le conozco. 
¿Y es cierto que los sonámbulos tienen a veces la o 
sesión de tirarse por un balcón desde el quinto pis 
Es muy raro. Eso suele suceder cuando el enfermo 
albañil, bombero o artista de circo... Pero la señorit 
puede estar tranquila. En primer lugar yo velo, 3 
además el sonambulismo de la señorita es inofen 
sivo... 

Ahora no se trata de mí... 
¿Alguna amiga? 

Tampoco. Daniela, tengo que pedirla a usted ui 
favor. 

La señorita no tiene más que mandar. 
Hasta que me case, tendrá usted que velar dos sue 
ños en vez de uno. 
Lo que usted disponga. 

Yo comprendo que lo que le pido es algo delicado... 
Quiere usted callar, señorita Susana... ¿Y quién ei 
la sonámbula? 
Es un sonámbulo. 
¡Ah !¿Un sonámbulo? 
Sí, el señorito Alvaro.... 

¡Ah!... (Con desencanto.) El señorito Alvaro... 
¿Qué?.. Le da a usted reparo velar el sueño de ur 
caballero. 
No, no es por eso... 
Pues, entonces... 

No sé cómo explicarla. No me pida usted eso, seño- 
rita Susana, no me pida usted eso. 
Me está usted intrigando, Daniela. 
¿La señorita quiere que la diga la verdad? 
¿No he de querer? 
Aunque sea amarga. 
Aunque sea. 

Señorita... el novio de la señorita es un sonámbulo 
de segunda mano. 
¿De segunda mano? 

Sí, de ocasión. Quiero decir que no lo es. Que se lo 
hace. ¿Comprende la señorita? | 

¿Y cómo se ha enterado?... ■' 

Ya sabe la señorita que yo duermo los sábados, que 
es el día que vela la doncella de la señorita... El pri- 
mer sábado que me quedé a dormir se apareció en! 



I 



44 



mi cuarto el señorito Alvaro, a las tres de la maña- 
na, en pyjama, con las manos crispadas, la mirada 
vidriosa y el andar espectral. Venía diciendo: «Aquí 
es... Ya estoy... Ya he llegado.» Yo, al principio, me 
lo creí... Me levanté y procuré convencerle con sua- 
vidad para que no se despertase... «No, no es aquí, 
señorito Alvaro; se ha equivocado usted...» Pero é). 
insistía. . . «Sí, no cabe duda, ya he llegado... esto 
es cosa mía», y hacía al mismo tiempo unos adema- 
nes de toma de posesión, que comprendí que aquello 
no era serio... 

Querrá usted decir que lo era demasiado. 
¡Y tanto, señorita!.... No tuve más remedio que dar- 
le un pellizco en el brazo con toda mi alma para 
que despertase, si es que, en efecto, dormía, o para 
que comprendiese que perdía el tiempo si iba des- 
pierto. 
¿Y qué hizo? 

Por de pronto, ahogar un grito instintivo, porque el 
pellizco fué de los de pronóstico, con perdón de la 
señorita, y luego salir del cuarto sin dejar de ha- 
cerse el dormido, diciendo: «No, pues está visto que 
aquí no es... No he llegado todavía...» Y vi que se 
metía en su cuarto, rascándose el brazo. 
¡Qué bandido!... ¿Y después? 

Después ha vuelto a insistir con el mismo procedi- 
miento; pero yo ya estaba prevenida y había cerra- 
do con llave la puerta, y le dejé que estuviera media 
hora diciendo: «Sí, aquí es. . . Ya heilegado...» Has- 
ta que se cansó y se fué a acostar. 
¿Verdad, Daniela, que ios hombres son un asco? 
¡Ay, si, señorita!... Cuéntemelo usted a mí. Ve una 
cada cosa.., Yo lo que quisiera es que la señorita no 
se disgustara por esto... 

¿Disgastarme?... Usted no sabe el favor que me ha 
hecho... Esta noche está usted libre. Y tome usted 
doscientos francos que la regalo para que se di- 
vierta. . . 

Ay, señorita, mil gracias. ¡Qué buena es la seño- 
rita!.,. Entonces, con permiso de la señorita... m.e 
retiro... 

Sí, sí, hasta mañana, Daniela. . . 
Hasta mañana, Síñorítíi,.. (Sale la enfermera por la 
derecha. Susana queda meditando unos instantes, con 
cara alegre. Va a salir por la izquierda , con aire deci- 
dido, y tropieza con un botones que le da una tarjeta.) 



Botón, Señorita, este señor que desea ver a 



¡a señorita. 
45 



SUSAN 

Botón 

SuSAN. 



Lu. Al 

SuSAN. 



Lu. Al, 

SusAN. 



Lu. Al. 
SusAN. 



Lu. Al. 

SuSAN. 



Lu. Al, 

SuSAN. 



Lu. Al. 

SuSAN. 

Lu. Al. 

SuSAN. 

Lu. Al. 



SuSAN. 

Lu. Al- 



SuSAN. 

Lu. Al. 

SuSAN. 

Lu. Al. 



. {Leyendo la tarjeta con verdadero asombro ) jEI 
aquí?... ¿Dónde está ese señor? ' 

■ En el imlL | 

Que pase. {Susana espera.. Entra Litis Alfonso col 
indumento veraniego y visiblemente conmovido. Su^ 
sana le acoge muy ceremoniosa.) Caballero 

■ Susana ... 

¿Me conoce usted?. . . ¡Qué tonta! . . . íClaro! ¡ Aboi 
ra caigo! ... ¿No es usted un señor que estuvo a pud 
to de casarse conmigo el año pasado? 
liSusanaü 

Es usted, ¿verdad?. . . Ya decía yo. . . Esta cara ndj 
me es desconocida... Y quiere usted hablarme. . . 
cifemduda, viene usted a explicarme por qué desis 
tío de su matrimonio conmigo?. . . 
¿Que yo... desistí'?... 

Por Dios, si no vale la pena de hablar de eso . 
Aquello ya pasó. . . No tiene usted que disculparse.. 
Esta usted perdonado. . . 

Que yo estoy perdonado... Susana, esto es demasia- 
aa burla. . . 

{Sin hacerle caso.) Yo no le di importancia ningu- 
na. . Cosas de chicos... Qué, ¿se ha vuelto usted 
mas form.ai?. . . Ahora, de aspecto por lo menos, está 
usted hecho un hombrecito ... 
Señorita ... 

Y pensar que si usted se toma el trabajo de venir a 
verme al día siguiente y tenemos una exnlicación, a 
lo mejor a estas horas yo era su muier. . ? iQué risa 
me da!. ., ^ í^ - 

Señorita. . . ¿quiere usted escucharme? 
Ah, ¿pero quería usted hablar? 
A eso he venido. 

Como no decía usted nada, yocreí...Hable,hableusted. 
( Un poco en el tono de quien repite una lección apren- 
dida.) Ya comprenderá usted que si me he permitido 
dar este paso es porque el asunto que me trae merece 
la pena... 

Así lo espero . J 

Si no estoy mal informado, dentro de unos días pien- 
sa usted contraer matrimonio con un... pongamos 
caballero que se llama Alvaro de Yébenes. 
Exacto . 

Pues mi visita no tiene otro objeto que venir a co- ' 
municarla que ese enlace no se efectuará. 
¿Ah, no? 
No. 



I 



46 



ps 



Iai 



¿Y quién lo va a impedir? ¿Usted? 
Desgraciadamente, no puedo pretender tanto. Será 
usted misma. 
No lo creo. 

¿Se apuesta usted algo? 
Está prohibido el juego . 

Señorita. . . En la noche del 23'al 24 de septiembre, 
el caballero que ocupaba el cuarto número 231 del 
Hotel Cristina estaba a eso de las doce acostado 
tranquilamente en su lecho leyendo una novela y fu- 
mando un cigarro, cuando vio que se abría muy po- 
co a poco la puerta de su cuarto y aparecía en el din- 
tel una muchacha bellísima. . . 
¿Y qué más? 

La señorita que de aquella manera tan inesperada 
entraba a las doce de la noche en el cuarto número 
231, se llamaba Susana Montehermoso. 
{Muy tranquila . ) ¿Qué me cuenta usted? 
Y el caballero que yacía en el lecho, novela en mano 
y cigarro en boca . . . 
Era usted, ¿no es eso? 
Usted lo ha dicho. 

Es usted un pobre inexperto y no sabe usted men- 
tir, . . Todo eso que ha contado usted es cierto. Todo, 
menos que el caballero del 231 fuera usted. 
Tiene usted razón, Susana, no sé mentir. . . El caba- 
llero era. . . 
Alvaro de Yébenes . 

No. Está usted muy equivocada. Le doy a usted mi 
palabra de honor de que no era él. . . 
¿Quién entonces?. . . ¿Quién? 

Veo que empieza usted a interesarla esta historia. . . 
Quieres decirlo, ¿si o no?. . . 
¿Ya me tuteas otra vez?... ¡Esto va muy deprisa! 
Pero quieres hablar... ¿Quién era? 
Otro. 

¿Pero, qué otro? 

Espera un momento. Mauricio. {Va al hall, hace una 
seña y entra Mauricio.) Haz el favor de contar a Su- 
sana lo que ayer me contaste a mí. 
Sin favor. Señorita, en la noche del veintitrés al 
veinticuatro de septiembre, el caballero que ocupa- 
ba el cuarto número doscientos treinta y uno del 
Hotel Cristina.. . 

No, no, por Dios. Que me lo sé de memoria. El Caba- 
isero que yacía en el lecho novela en mano y cigarro 
en boca, era , , . 



47 



Mauri. Yo. 

SusAN. ¿Usted? 

Mauri. El propio aludido . 

SusAN. ¿Y qué hizo usted al verme entrar? 

Mauri. Lo que hubiera hecho en mi caso una persona de-í p¡ 
cente. Comprendí que venía usted dormida. Me tiré! 
de la cama. Vi cómo se posesionaba usted de ella; y, 
salí de mi cuarto sin hacer ruido, dejándola a usted 
de dueña y señora de él. . . 

SusAN. Usted sí que es un caballero. 

Mauri. Hasta cierto punto nada más. Me refugié en el cuartoL 
de Alvaro de Yébenes dispuesto a pasar allí la noche. 
Inquirió el motivo. Se lo conté. Entonces me hizo 
una proposición tentadora. Si yo me callaba y le 
traspasaba íntegro el derecho a apropiarse aquella 
extraña aventura, me regalaría diez mil pesetas. . . 

Usted conoce mi situación financiera A los dos 

días salía para la India, convidado. Una cifra así, 
era para tenida en cuenta. . . 

Susan. ¿y aceptó usted? 

Mauri. Acepté; . . No debí hacerlo. Lo comprendo. , . Pero 
qué quiere usted. En estos tiempos, la caballerosi- 
dad está en proporción directa con el capital de que 
se dispone... Con cincuenta mil duros de renta j 
cualquiera es un caballero. Lo difícil es serlo con 
tres mil pesetas. . . Salí para la India. . . 

Susan. Con los dos mil duros del . . . señor de Yébenes . 

Mauri. No, no. . . Yo acepté, pero él no me pagó. . . Eso es 
aparte. . . Precisamente aquellos días no disponía de 
fondos. . . El treinta y cuarenta. . . Una rubia dis- 
pendiosa que había conocido. ¡Pretextos! A mi re- 
greso liquidaríamos. . . Llego hace unos días, y cuál 
no sería mi sorpresa al enterarme de que usted había 
roto su boda con Luis Alfonso y se casaba con Alva- 
ro . Comprendí que había abusado de mi secreto . . 

Susan. ¡Y tanto! 

Mauri. Entonces empezó a remorderme un saldo de concien^ 
cia que me queda para ocasiones como esta, y decidí 
intervenir. Para ello era menester hablar con Luis 
Alfonso... 

Lu. Al. y Luis Alfonso estaba en Norteamérica F 

Susan. ¿Y qué hacías allí? 

Lu. Ai. ¿Qué iba a hacer?. . . ¡Olvidar!. . . ((Susana le mira^ 
con ternura.) J ^^^ 

MAurfi. Le llamé. . . Regresó. Ayer tarde se presentó en Hen' ^*™ 
daya. Le he contado todo, y lo demás ya lo sabe» r 
usted. *^' 

48 



SiN. 



(ÜRI. 



SURI. 
SAN, 



ÁL 
KAN, 

Al 

l'SAN, 



\m. 



IVAR, 
l'SAN, 



j. Al. No. Hay algo que no sabes. . . Le he ofrecido a Mau- 
ricio las diez mil pesetas que le debe ese caballero. . . 
Y no tía querido aceptar. . . 

SAN. {Dando la mano a Mauricio.) Eso está bien. 

\uRi. {Haciendo gesto de que ¿en^apaczewcícs.) Espere us- 
ted . . . Espere usted . 

j. x^L. No ha querido aceptar mas que siete mil quinientas. 
Me hace un descuento de un veinticinco por ciento. 

AURi. Precio de amigo, porque esta vez mi conciencia me 
dice que es un negocio más limpio. 

jsAN. Por lo menos más simpático. 

AURi. Esa es la palabra. 

JSAN. Me parece que despierto de una pesadilla. {Se pasa 
la mano por la frente. Luego, como tomando una reso- 
lución.) Luis Alfonso, Mauricio. . ., ¿me hacen uste- 
des el favor de esperar ahí dentro hasta que yo les 
llame? 

j. Al. Tú dispones. Estamos a tus órdenes. 

USAN. Pues vayan ustedes, porque aquí llega Alvaro y 
quiero . . . 

j. Al. ¿Me permites que yo?. . . 

JSAN. No. No te permito. . . Esto es cosa mía. . . Vayan. . . 
Yo les llamaré . {Salen Luis Alfonso y Mauricio por 
la derecha. Segundos después entra Alvaro por la 
izquierda . ) 

.vAR. {Que viene encantado de vivir.) ¿Qué? ¿He taidado 
iiiucho? 
¡Un siglo! 
¿Tanto? 

Tanto. Ven aquí, ^Ivarín... Siéntate. .. {Se sientan.) 
Tenemos que hablar de algo que siempre me preocu- 
pa. Hasta hoy no he insistido. . . Pero ahora que ya 
somos casi marido y mujer, tengo derecho a que me 
lo cuentes. . . Dime, Alvaro. . . ¿Qué pasó en la no- 
che del veintitrés al veinticuatro de septiembre? 
AR. ¿Pero otra vez, Susanita? 

;an. La última. . . Te lo Juro. . Anda, por lo que más 
quieras. . . cuenta. . . Entré. Tú estabas acostado le- 
yendo una novela. ¿Qué hice yo? 
AR. Espera que recuerde bien. Viniste hacia mí. . . {Imi- 
ta el gesto de una sonámbula efectiva) despacio, muy 
despacio. . . 
JAN. ¿Y qué más?. . . Sigue. . . sigue. . . 
AR. Venías andando con los brazos abiertos ... la cara 

ponriente. . . 
5AN. Espera; a ver si podemos reconstituir la escena. Tú 
estabas ahí. . . echado. . . {Le hace echarse en el di- 

49 



i 

van^ luego da unos pasos hacia atrás y hecha a anáf " 
hacia él.) Y yo ^enía hacía tí. . . así.'. . (Va anda 
do rniiy despacio con los brazos abiertos.) ¿Con efi 
cara? ;* 

No, no, más sonriente. . más expresiva. . , 'i 

^Asl? {Pone la cara más incitante.) 't 

Éso... Así. 

Y llegué a tí. . . {Al llegar donde está él le da una 
esas tortas que paran un reloj.) Y ¡zas! ... 
(Levantándose como movido por un resorte.) ¡Susar 
No hay Susana que valga. Es usted el rey de los n 
serables . 

Pero, Susana .. | 

{Cada vez más encolerizada.) ¿Conque compran^ '^^^ 
aventuras a crédito para explotarlas al contac 
Conque «Ya estoy», «Ya he llegado», «Este es 
sitio». ¿Conque el sonambulismo se pega? 
Alvar. ;Pero, hablas en chino?. . . 



Alvar. 

SUSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 

Alvar. 

SüSAN. 

Alvar. 

SuSAN. 



AUK 



Susan. 



Alvar. 



Susan. 



Lu. Al. 
Susan. 
Lu. Al. 
Susan. 
Lu. Al. 
Susan. 

Mauri. 

Susan. 
Mauri. 
Susan. 

.SO 



Hablo en esquimal, que debe ser su lengua a juzg 
por lo glacial que es usted. Y le digo que lo ún 
que puede compensarme de su vileza , es que e 
misma me libra de usted. . . Y no quiero hablar m 
f'íí su hazaña.. . Y ya está usted quitándose p| 
: iempre de mi vista si no quiere usted que dos caí 
üeros que están ahí dentro organicen un mitin 
bofetadas sobre sus mejillas . . . Salga usted . ¿Pé 
es usted sordo? ¡Salga usted! 
{En tono muy digno.) Un momento. ¡Me voy!., . 
me he de ir? Ya lo creo que me voy. Se lo juro. p1 
antes necesito decir dos palabras. Señorita: Alvi 
de Yébenes es un caballero. Buenas tardes, (i 
media vuelta y desapaj'ece .') 

¡Uf! . . Qué peso se me ha quitado de encima! 
( Va a la derecha y hace señas. Entran Mauricio 
f^uls Alfonso.) 
¿Se fué? 

Para siempre. ¡Luis Alfonso^ qué feliz soy! 
Y yo. Pero aún no me atrevo a creer. . . 
Atrévete, hombre, no seas tímido. . . 
¡Mi vida! . . . Mira que si no es por. . . 
Ya, ya... Y pensar que estábamos a punto de. 
(Se ponen muy tiernos.) 

¿Están ustedes seguros de que yo les hago falta?. 
Sí. Al fin y al cabo a usted le debemos la felicidad 
Estoy bien pagado, señorita. 
No basta . Cuente con una casa más donde 
bien los jueves y domingos. . . 



com 



jKi. ¿Comer bien los Jueves y domingos?. . . Eso me re- 
cordará mis tiempos de colegio . Mil gracias, Susa- 
na... ¿Desea usted algo más?. . . 

USAN. Sí... Coja una fórmula de telegrama... {Mauricio obe- 
dece.) Escriba... {Dictando.) Lucía Oria. Hotel Conti- 
nental. San Sebastián. Subsistiendo fecha nupcias, 
pero habiendo ligera variación en cuanto al contra- 
yente, os invito para celebrar jueves noche despedi- 
da definitiva de soltera . Soy más que dichosa . Abra- 
zos, Susana. {Mientras Mauricio escribe, Susana 
casi abraza a Luis Alfonso y le dice:) ¡Qué felices 
vamos a ser! . . . 

ÍAURi. {Que ha terminado.) ¿De madrugada? . . . 

USAN. ¿Cómo de madrugada? .. . Y a todas horas, si Dios- 
quiere. . . ¿Yerdad, Luis Alfonso? 

TELÓN 



51 



CARLOS ARNICHES Y ANTONIO PASO 



JÜÉ ENCANTO DE MUJER! 

COMEDIA EN TRES ACTOS, INSPIRADA EN LA 
OBRA DE VERNEUIL «MI PRIMA DE VARSOVIA> 

Estregada en el Teatro Fontaíba, de Madrid, el 24 de 
diciembre de 1925. 



REPARTO 

PERSONAJES ACTORES 



TÓ . Carmen Moragas. 

iNÉ, MARQUESA DE CA- 

jAUYA Pilar Pérez. 

lCHALEÑ Blanca Jiménez. 

lEIA INASI Eugenia Illescas 

RESA .,..,. ... . María Teresa Balín. 

[USTINA .......>.. . María Talero, 

.^A Carmen Picó . 

TUGA Pilar Calvo. 

ISTETA Consuelo G. de Luna. 

lRY . .^ M. Valero. 

[ANIÑA.. Niña García. 

NY SANTURCE, MARQUES 

)E CALAUVA Alberto Romea, 

ÍIQUE MARZO. Luis Peña. 

[ICETO MORDENTE Nicolás Rodríguez, 

EOMIN Andrés Novo. 

^ANCISCO ... Alfredo Alaiz. 

EGORIO Manuel Pacheco. 

COLÓ Juan Orduña. 

IPUCHO , Julio F. Alyman. 

>YITO. Antonio Rodríguez. 

ÑOR SATUÑANO Ángel Ruiz de Apodaon. 

MARERO Carlos Heredero . 

í NIÑO Niña Vargas. 



acción del primero y segundo acto, en Zarauz; del tercero. 
Santander. Derecha e izquierda, las del público. 



53 



ACTO PRIMERO 

En Zaranz Hall de un bonito y ooquetón hotel particular, amut! 
blado sencillo pero con gusto. Primera izquierda delpúbiici, pue-! 
ta que figura da al vestíbulo, por la que se entra de la calle. En ¡ 
toro, y un poco a la izquierda, y formando ochava, gran vidrier'^^ 
con hojas que al abrirse dejan ver el jardín; en la parte dereoh''^ 
del mismo foro, una puerta con escalones que bajan hacia adentr 
y que figuran dar paso al jardín. A la derecha, primero y seo-uius. 
do termino, puertas que conducen a las habitaciones interiore, 
^n el centro, sofá de junco color hueso, velador y sobre él cai 
de cigarrillos egipcios, encendedor, periódicos, etc., etc.; butaqu 
tas de junco sillas... El suelo es imitando parquet. En el centr 
del toro, caballete; sobre él un retrato a medio concluir, pincelef 
paletas, etc. Estamos en Agosto: al empezar la acción son las ochí 
de la mañana. 

(Al levantarse el telón está la escena a obscuroif'^ 
Entra, sin embargo, por los cristales mal cerri 
dos de algunas vidrieras, la claridad de la mam 
na. Por la izquierda salen Teresa y Agustina, dm 
celias de la casa, con trajes de limpieza, qrandm 
blusones y toquitas blancas, puestas con cieri 
coquetería, que las envuelve totalmente la cabe', 
para preservarlas del polvo. Traen enlamar 
útiles de limpieza, cepillos de suelo, máquinas < 
dar brillo, plumeros, paños, etc., etc. En cuaú 
salen, abren los ventanales y entra el fuerte sol\ "' 
un día de agosto.) : 

í ERE. Anoche han estao aquí las señoras hasta muy tard 
Agus. ¿En qué lo conoces? 
Tere. En que hay la mar de colillas. 
Agus. Bueno; oye, Tere, tú me ayudas a dar brillo aqui^ 
luego yo te correspondo en el gabinete y acabami 
antes. Iiaci 

Terk. No te molestes, hija, haremos la pamplina; pero #'^^ 
te pronostico que hoy no acabamos la limpieza | 
esta casa. (Una sacude los mmebles con un plume0^^^ 
y la otra mete el pie en el ceoillo y frota el suelo.) 
Agus. ¿Pero es que tú te crees que la señora...? ' pi 

i ERE. Apéate del cepillo, que te voy a decir una friolera 
Agus. {Acercándose con interés.) ¿Cuála? 
Tere. (Con misterio.) Pues nada, que la señora se está Ue 
vando en este mismísimo momento uno de los disgua 



María, 



54 



s. 



tos más grandes que se ha llevao en su ya larga y 

pintarrajeada vida. 

¡Repeine! 

Y va a más. , nr • 

Pero, oye, Tere, ¿es que tú te figuras que la Mana 

Inasi habrá sío capaz de Irle con ei cuento? 
E. Desvía el plumero, que me haces cosquillas, 
s. Chica, dispensa, pero es que estoy asusta. 
E Pues no t'asustes. La María Inasi hace diez minutos 

que está en el cuarto de la señora contándoselo todo, 
s. ¡Atiza! ¿Pero tú crees que todo? ^ 

E Todito. Cé por bé. Esas vascas no s'atemorizan de 

nada. De lo cual que yo m'alegro, te lo confieso, 
,s ¡Miá ésta!... Y yo. ¡Pero qué disgustazo va a tener la 

señora, con su genio; no quiero pensarlo! 
E. Y la señorita Machalén, ídem por ídem. 
is. ¡Las va a alegrar el veraneo, por la otra punta! (Oyen 

rumor de voces.) 
M. Menéate, que salen. , 

js. ¡Arrea! Vienen la señora y la señorita, con la Mana 

Inasi. , TA 1 1 1, 

xE. Se conoce que ya les ha soltao la bomba. Dale ai piu- 

I mero, Agustina. 

US. Oye, si la da a la señora ese ataque que pellizca, no 
me dejes sola, ¿eh? Vamos a medias, 

RE Descuida. {Siguen haciendo que limpian; por la se- 
gunda derecha salen Nene, Machalén y María Inasi, 
Las primeras con saltos de cama elegantes; la otra ves- 
tida de casera vascongada, con el característico pa- 
ñuelo a la cabeza.) , 

ARÍA. Y ya he sentío muchísimo de tenérselo que desirselo 
a la señora marquesa, que ya me dispensara, creo 

que... ^. , 

BNÉ. (Con voz agitada y casi llorosa.) No, hija, no. bi has 

hecho admirablemente... Me has dado un disgusto 

que puede que me cueste la vida...; pero has hecho 

admirablemente. 

¡Por Dios, tiíta, no llores! ^ 

¡Cómo no quieres que llore, si esto es una vergüenza 

y un escándalo! 

No me lo digas, tita, que me parece imposible... ¡ ^>aé 

aseo de hombres! 
ÍARÍA. La señora marquesa ya se tiene que comprender bien 

las co8<'tó... 
NÍENÉ. Sí, hija, sí... 
M, viARÍA. Qae una si comprendía que el perjuicio era pa la se- 

ñora marquesa sola, pos pa que la señora marquesa 

55 



Nene. 
María 



Nene. 
María 



Nene. 
María. 

Mach. 

María. 

Mach. 

María. 

Nene. 
María. 



Nene. 
María. 

Tere. 



Nene. 
Agus. 



Nene. 

María. 
S6 



ÍÍÚ 



no se llevaría el disgusto, una diría: ándate con Dit 
y con tu pan te lo comas. Pero es que cuando a un 
las cosas también la atacan, pos una con ponerla ixi 
creo que"' '""''°' ""^ ""^^^ "°^"°* cosaTma' £ 

Si mirar/a a la alcoba, ya lo vería. Ni ha Dasao í^sfe 
noche, ni anoche pasó, ni antes de la noche ante 
tampoco ha pasao ni ninguna pasa 
¿Pero estás segura? ! ! , 

cogió ésas el comedor, que el señor marqués va s. 

lofn^.^' '" ""^ ^ ^""''^^' P^ ^^rarse eso que tiene d 
los nervios que pellisca a todas.. 
¿Oomo que pellizca? 

lo°opSTra^r^'^ '^'^ ''"^ ^^*°y '^--"'1° <í- 
Es vergonzoso, tita. 

o^ra llBT.ttr"^'' "*"! ^''^" 1"^ «'^'"'««'a. «e sale, 
SroT/LTvis'to-^atK-^^^^^^ 

So°n' dorcatur " '°^ '^^^'^''^ ^ '^ «--• 

Se salen vestidos así como de luto, con unos cha'e- 

ZZTZrJr ''"^T'^'J '« éogen rcarretera 

(llmJjcentesI) (Alto.) ¿De modo que el ¿efiorito En- 

J a los minutos, también se salen Gregorio, el avnda 
de cámara y Francisco, el mozo pa com¿r que se 
saltan por las ventanas de la servidumbre v pa aLte 
sfse^'enT""" *^"^ '°^ ^^^°^««' ¡Q- '"Stía"!» 
Sí, señora, señora marquesa, se salen. Yo no hubiera 
dicho nada por no disgustar a la señora maraneta 
que una servidora se va a casar con FraSo y 
natural ya comprenderá la señora marquesa Qm 
BJlntCtf ''' «^^°^' '^'-°- í^-ncisc^oT^^ ^"^ 

ustedes a callar. No necesitan ejemplo de nadie esos 

&'' ^ y^ '^ y° '° 1»e ^<' «le ¿acer co^ ellos 
Vosotras a darse brillo, que ya le diré yo todo a la I, 



hí 



Iené, 



ÍÍRÍÍ 
llíRÚ 



l^i, 



Nene. 



\1aría. 



^Iené. 



Podas. 
María. 



señora marquesa, que ahora hay que andar a edi- 
tarla lo mío. 
¿Y qué es lo tuyo? 

Pos que ya demasiao de sobras que se sabe la seño- 
ra marquesa que una servidora y Chomincho, mi 
marido, pos que ya hace más de quince años que nos 
estamos aquí pa la guarda de la casa j cuido de las 
plantas y ai^imales como el señor marqués nos tiene 
mandao. (Casi llorando.) Chomín ya era de los bue- 
nos maridos que se pueden desir... Y a la presente... 
¿Por lo visto, también es de los que se largan? 
(Llorando.) Sí, señora, señora marquesa. ¡Quinse 
años hace que hasnos contraído... y ninguna noche ha 
marchao de casa! ¡Dos veses únicas me tiene salido, 
pero por la ventana! Una, que le tiró mi padre, y 
otra, mi madre... ¡Cuestiones!... 
¡Pero volvería enseguida! 

A curarse las narises. Pos la otra noche va y me di- 
se: «Duérmete, que ahora te vuelvo»; y uñase duer- 
me a la buena fe, y a la media noche busco entre la 
cama, y que si te quieres... ¡Marido que no te en- 
cuentras! Y viene disiendo excusas: que l'habían 11a- 
mao pa un primo enfermo, o así... Y s'acuesta, y se 
duerme, y se sueña, y va y se dise: «Gachona, tira 
pa arriba con el /o¿c, que m'ha gustao!... » (Las don- 
cellas se ríen.) 

;Ustedes a callar y no reírse! 

Y, e^ta noche, pos que también me s'ha escapao, y yo 
se lo he querido desir todo a la señora marquesa pa 
que el orden les ponga, que lo demás de los golpes 
pa mi cuenta corre. 

¿De modo que en este momento no hay ningún hom- 
bre en casa? 

Ninguno, señora marquesa. 

Hasta al gato le tengo echao de menos, que la gata 
mayando la noche bien sola s'ha pasao. 
¿De modo que si nos hubiese ocurrido cualquier co- 
sa?... 

Pos desamparadas que estaríamos, y máxime de ño- 
che, que es cuando los hombres le hasen más falta a 
una, creo que... pa que la guardarían a una, y cosas 
así. 

Bueno, está bien. Retírense ustedes... Yo arreglaré a 
esos bribones de criados. Es decir, callar. Aquí 
están los tres. {Mirando por la primera izquierda.) 
Es verdad. 
Ya me deja la señora, y cojo a ese chochólo, y... 



57 



Franc. 

Greg. 

Chom. 

Franc. 

Greg. 

Chom. 



María. 

Nene. 
Tere. 

Agus. 



Nene. 
María. 



Nene. 
Mach. 

Nene. 



Mach. 

Nene. 

Mach. 

58 



Caima; entornen todo, como si no se hubiese levan -^ 
tado nadie, y ocultémonos aquí, que ya tendrán su 
merecido. {Las criadas corren las cortinas, recogen 
los útiles de limpieza y todas se ocultan por primera 
derecha. Asoma la cabeza Francisco, avanza de pun- 
tillas y corre las cortinas; de puntillas también en- 
tran Gregorio y Chomin.) 
{Acento baturro.) No nos han visto ni las ratas. 
{Con alegría.) No se ha enterao ni un alma. 
{Acento vasco.) Unos cucalandas ya te somos. (Se ríen 
los tres.) 
Cada uno a lo suyo. 

Y tan formaiitos. 

Más chulo te soy que un ocho y medio. {Francisco y 
Lhomín hacen mutis por la izquierda, y Gregorio por 
la segunda derecha. Cuando han hecho mutis, salen 
las mujeres por la primera derecha.) 
{Indignada.) ¡Granujal Mañana, las dos muelas más 
gordas, en estos pendientes te verás. 
jGolfos, sinvergüenzas! Ya os daré yo. Vayan, vayan. 
(A Agustina.) Too esto se acaba en que la señora 
echa a Gregorio y a Francisco, ya verás. 
Pos como los eche, en cuanto el señor marqués me 
diga de darme un beso, le pego una bofetá que, como 
no se anuncie la dentadura en «El Pueblo Vasco», no 
la encuentra. {Hacen mutis: la Agustina, por la iz- 
quierda, y la Teresa, por la segunda derecha,) 

Y a usted, María Inasi, no le recomiendo más que 
una cosa... ¡Como yo vea hoy a su marido sin seis o 
siete chichones, se va usted de casa! 

No me recomiende la señora marquesa. De que ven- 
ga le mando con un recao pa casa mi madre, y, si no 
le pone una señal, pa nada le conosemos a la güelta. 
Ya verá la señora marquesa. (Vase por la puerta del 
foro que da al jardín.) 
{Llorosa.) ¿Estás viendo? Qué vergüenza. 
Yo no he querido abrir la boca. Estoy asqueada, tita. 
¡Tu tío escapándose ridiculamente de casa como un 
colegial travieso!... ¡Claro, por eso quería poner al- 
coba aparte con el pretexto de la neurastenia! 
Pero ¿qué tiene que ver la neurastenia con dormir 
solo? 

Sí, porque m© dijo que tenía un tic nervioso..., y ca- 
da vez que le daba el tic, de una patada me echaba 
de la cama. 

No lo creas, tita; eso no es tic; eso es una añagaza 
indecorosa y soez. ¿Quieres fumar? 



Nfí 



Hené. 

Mach. 
Nene. 
Mach. 

Nene. 

Mach. 



Nene. 
Mach. 

Nene. 
Mach. 

Nene. 



Mach. 



Nene. 



Mach. 



Nene. 
Mach. 

Nene. 
Mach. 

Nf;NÉ. 



¡Naturalmente! jÍJien claro ío veo ahora!... ¡Dame un 
cigarrillo, hija! {Le da un cigarrillo y fuma. ) 
¿Pues y Enrique? 
¡Otro que tal baila! 

¡El artista delicado, el pintor exquisito!... ¡Un pinta- 
monas indecente! 

No le llames pintamonas, hija, que te está pintando 
a tí. 

¡Es que no sé lo que me digo! Hace dos años que me 
quedé viuda: pues a los quince días ya andaba de- 
trás de mí como un loco. Viene aquí a pasar el vera- 
no con nosotros para ultimar los detalles de la boda , 
y ya ves el cinismo y la... ¡Puaf! ¡Qué asco! 
¡No te desesperes, hija! 

Cuando ocurrió la tragedia automovilista que le cos- 
tó la vida al pobre Alfonso, debí meterme a monja. 
No digas eso, Machalén, no te apures. 
¡Oh, y como yo encuentre un convento donde dejen 
fumar, me meto; ya lo verás, tita! 
Peor es lo mío: jlo de Tony! ¡Un hombre al borde de 
la tumba y no tener miedo de ser calavera! ¡Parece 
increíble! 

Y el necio ese de Enrique, diciéndome todos los 
días lo mismo... ¡Cuánto te amo!... ¡El arte!... ¡Mi amor 
de artista!... Y me tiene hora y media todas las ma- 
ñanas posando para ese mamarracho de cuadro que 
está haciendo. 

Consuélete lo mío, hija. Ya ves mi marido, ya ves 
Tony... ¡Veinte años de matrimonio! Veintiocho años 
a su lado aburridísima, y al fin, ahora, cuando le 
voy tomando un poco de cariño..., {Llora) ¡porque 
no te rías!..., le voy tomando un poco de cariño... ¡Y 
mira lo que me hace!... 

Pues yo, ¡vaya, tita, quiero confesártelo todo!... Yo..., 
no quería gran cosa a Enrique, la verdad...; pero 
hace unas noches, bailando en el Casino, el tonto ese 
de Luisito Santaliza, que es un chismoso, sin duda 
para quitarme la ilusión me contó en secreto que 
tío Tony y Enrique se escapaban algunas noches a 
San Sebastián. Yo no quise creerlo... 
¡Pues ya lo ves!... ¡Más cierto!... 
Y me añadió que tío Tony tenía una amante, una 
cupletista trágica... 
¿Amalia la Decaída? 
Amalia la Decaída. 

¡Se lo he oído soñar en las siestas, que es lo único 
que duerme (^erca de mí! 

59 



Mach 

Nene. 
Mach. 

Nene. 

Mach. 

Nene. 

Mach. 

Nene. 
Mach. 

,Nené. 

Mach. 



Tony. 

Enriq. 

Tony. 

Enriq. 

Tony. 

Enriq. 

Tony. 



Enriq. 
Tony. 



60 



Y que Eiirique tarnbiéa tenía de amiguita a una ma - 
mcura, Matilde la Polisuar... que cre^o que la llaman 
«la rema del padrastro». 

iDei padrastro; ah, calla, hija, calla! ¡Qué cinismo y 
que repugnancia! ^ 

l,^'fJ^^,'^''^''r^ ^^'^^^' ^ ^'''''- Pelindruscas 
son ios motivos de sus escapatorias nocturnas v de 
sus salidas extemporáneas durante el día 
01, claro; que si la comida en la embajada tal, que si 

l4 te^o^l™ '^''''' ''°' ^''' ^''' '^^^^^^ ^^á'- 
Y yo también. Hay que hacer algo, retener a esos 
hombres tita,., porque yo que cuando creí que Enri- 
que estaba loco por mí no le quería, ahora que veo 
que no me quiere parece que siento por él... 
iM o llores, hija; las mujeres somos absurdas. ¡Y que 
en tan os siglos de mundo no se haya inventado un 
bustitutivo de esos mamarrachos de hombres' 

^A ^T í^^^^^ pensando el tonto ese de ¿disson? 
{Acercándose al ventanal.) 
Pues en su... amiguita, probablemente. 
Oalíaj tita... me parece que son ellos 1 

Pues vamos a ocultarnos. Déjalos que se regodeen en 
su impunidad, y, cuando menos lo piensen. 1 

bi; aparecemos... y les afrentamos; los avergonza- 
TI'" í^ maltratamos... (Mutis por la segunda de- 
tectia. For la primera izquierda aparecen con mu 
chas precauciones Tony y Enrique: viene delante 
lony, de puntillas. Mira a todos lados, receloso. En- 
riquequeda atrá, esperando franquicia. Visten los dos 
de smoking y sombrero de paja; pero ya, por una noche 
ae juerga, la elegancia de sus indumentos, resulta 
a]ada y maltrecha. Llevan los sombreros inclinados 
sobre las nances, como deseosos de no s erreconocidos ) 
[En un francés malo.) Antré. ' 

¿Nadie? 
Personne. 

No se deben haber levantado todavía. 
jMersí a Dieu! 

Y eso que hoy hemos vuelto demasiado tarde, 
¡loma, como que cuando hemos pasado en el auto 
por la carretera de la playa y he visto que ya se ha- 
cían a la mar las barcas que salen al bonito, he dicho: 
«Hoy esos pescan!» 
Pues no has acertado. 

wf ^^^í^"^' í.^^^ ^^^^'^ ^^ Juerga, Enriquillo!... ¡Quel 
nuit de trapisond, mon Die! 



¡Oh, estQpendal (Se deja caer en el sofá.) 
(Tarareando en voz baja un cuplé que recuerda.) 

¡Yo soy una loca. 
¡Soy una asesina! 
¡Quiero mucha coca... 
mucha cocaína! 

¡Cómo canta Amalia este cuplé!... ¿Verdad que da una 
sensación de cocainómana enorme? 
¡Como que cocainizal 

Te digo que cuando canta, entre la cocaína y su voz 
suave, parece que te elevas al paraíso de... de..., ca- 
ramba, ¿cómo se llama ese Dios de los árabes? 
¡No sé qué Dios dices! 
¡Sí, hombre, ese Dios que es capicúa! 
¡Ah, sí; Mahoma! 
¡Eso es; Mahoma! 

A mí lo que me asombra es cuando se lleva las ma- 
nos a la garganta y así, como un estertor, susurra: 
(Cantando.) 

Soy una muerta. 
Soy una esfinge. 
¡Ay, mi garganta! 
¡Ay, mi laringe! 

¡Se queja de un modo!... 

iQue da gana de avisar al doctor Tapia; ya te lo he 
dicho! 

¡Bueno; lo cierto es, querido Tony, que me estás per- 
virtiendo! 
¡Angelito! 

Hombre, no te diré que mi seriedad sea para epatar 
a Wifredo el Velloso, pero, vamos, yo he venido aquí 
a formalizar mis relaciones con tu sobrina. Macha- 
lén m© conviene. Son veinte mil duros de renta. 
Además, os hereda a vosotros... cinco o seis millo- 
nes, que es un remiendo... y que ya, por mucho que 
viváis... 
Oye, tú... 

No te molestes, Tony; frisas en los cincuenta y cinco 
años y el hilo de tu existencia está ya. . . 
Oye, pollo, que con este hilo no te remiendas tú 
nada, ¿eh? 

Bueno; fuera de bromas, sentiría mucho, querido 
Tony, que Machalén descubriese estas escapatorias 
lioctunias y me mandase a freír espárragos o cual- 
quier otra hortaliza similar. 

6i 



Tony. 

Enriq. 

Tony. 

Enrío. 

Tony. 

Enriq. 



Tony. 

Enriq. 

Tony. 

Enriq. 

Tony. 

Enrío. 
Tony. 



Enriq. 
Tony. 



Enriq. 
Tony. 



Enrío. 
Tony. 



62 



¿Y por esa consideración vas a dejar a Matilde, li 
mejor manicura de España?... Una chiquilla qjú 
cuando coge el polisuar, no frota, acaricia... 
Todo lo que quieras... pero si valía tanto, ¿por qué 
me la cediste? 

Hombre, porque me iba cansando un poco de ella y, 
además, ya no quedaban uñas... 
Bueno; pues, nada, hoy te acompañaré a almorzai 
por última vez con esas socias... 
Oye, no te olvides que el pretexto es que almorzamos 
en la embajada de Siam. 

No tengas cuidado, pero desde mañana vuelvo s 
adorar a tu sobrina, y a mi vida de artista... Quiere 
seguir pintando mis manchas de color... No me qui 
tes mis manchas, por lo que más quieran. 
¡Pero 8i tú no sirves para pintar, hombre!... 
¿Quién te ha contado ese cuento? 
¡No tienes inspiración, ni afición! 
¿Que no?... ¿Tú sabes las manchas que he hecho ye 
en un año? 

Has hecho más manchas que el aceite; pero todas tus 
manchas son una porquería, confiésalo. 
¿Y no tuve un éxito enorme en mi última exposi- 
ción?... 

¡Esa es otra!... Al demonio se le ocurre lo que a ti; 
hacer una exposición de manchas en la calle de la 
Greda. 

¡Humorismos, no! 1 

¡Qué humorismos, si es la verdad! ¡Hasta tu nombre 
es antipictórico!... ¡Enrique Marzo!... Nada, hombre, 
tú debías firmar tus cuadros con un pseudónimo clá 
sico, como hacen los toreros: Velázquez H, por ejem 
pío; Goya, 18. 

{Riendo.) ¡Sí; o los Madrazo, 24! 
Cualquier cosa; pero la prueba de que eso de Marzo 
no sirve más que para que te tomen el pelo, es que, 
como uno de tus cuadros se denominaba: «Efectos 
del huracán», otro «Viento Sur», otro «La galerna», 
un crítico de arte, al ocuparse de tu exposición, ti- 
tulaba su artículo: «Marzo ventoso». 
Bueno, bueno; basta de bromas y vamos a acostar- 
nos, no sea que se levanten y nos sorprendan. 
Quiá, hombre. Nene no se levanta hasta las diez. 
En este instante estará {Aparecen las dos mujeres por 
la segunda derecha) en el más profundo de los sue- 
ños, i Yo la llamo la de Cepórrez! ... ¡Si pones atento 
el oído, puede que la oigas roiicar\{En este momento 



Nene ronca ruidosamente. Se asustan los dos. Aterra- 
do.) |Mi venerable madre! ... ¿Has oido? 
Han roncado. 
¿Pero quién? 
¡La de Cepórrez! 
(Sorprendido.) ¡Nene! 
La de Cepórrez y Compañía. 
¡¡Machalénü 

¡Muy buenos días, Enrique! 

(¡Atiza, manco, y jugaba a la comba!) {Alto. A su 
mujer.) ¡Yo te hacía durmiendo! 
(Furiosa.) Y yo te deshacía despierto. Tony, eres un... 
¡Nene, no motejes, que hay forasteros!... 
Bueno; pocos subterfugios; ¿de dónde venís? 
Pues, venimos de ahí, de... 
De un desafío. 
Yo he sido padrino y éste ma,.. este m'ha acom- 



¿Y quién se ha batido? 

Pues fué una cuestión entre Pepito La Cuesta. . . 
Pablo Santo Domingo y Gonzalo Las Claras. 
Empezó la cosa, porque creo que se burló La Cuesta 
de Santo Domingo... Terció Las Claras, los insultó a 
los dos. 

Y se han tenido que batir los dos con Las Claras. 
¿Que se han batido con Las Claras?... ¿Tú has leído 
QlABCáQ ayer? 

Yo, no; ¿qué pasa? 

Pues nada, que Gonzalo Las Claras se casó ayer en 

París. 

(¡Atiza!) 

Y Pablito Santo Domingo está en Sevilla... de modo 
que a esa distancia... un duelo... 

Es que se han batido a pistola. 

No mientas, Tony; necesito, exijo que se me diga... 

Y yo te ruego, Enrique, por única y última vez, un 
rasgo de sinceridad: ¿de dónde venís? ... 

Bueno; ¿les decimos la verdad, la verdad?... 
Sí, hombre; pero dísela tú; a mí no me creerían. 
Pues hemos pasado la noche en la Embajada de Li- 
tuania. Ha habido una verbena; nos invitó el emba- 
jador... 

¿El embajador?... ¿Tú has leído el ^ 5 C de ayer? 
Yo no; ¿pero qué es? 

Pues que dice el A JB C que el embajador de Lituania 
se dio ayer, en automóvil, un trasta?5P en Biarritz, 

63 



Enriq. 
Tony. 

-Nene. 

Enrío. 

Nene. 

Tony. 

Enrío. 

Nene. 

Tony. 
Nene, 
Tony. 

Nene. 
Tony. 



Nene. 
Tony. 



Enriq. 
Tony. 

Enrío. 



tan espantoso, que está en cama con una grave le- 
sión en la cabeza. 

Pues no nos ha dicho nada. 

¡Se conoce que atontado con el golpel... ¡Ya noté yo 

que llevaba una vendita!... 

(Sarcástica.) Y, claro, tú dirías: bendita tú eres entre 

todas las mujeres... ¿verdad? 

(¡Bueno, no damos una!) 

¿Conque queréis decir dónde habéis pasado la noche, ' 

sí, o no? 

(Aparte a Enrique.) (Oye, ¿le habrá ocurrido algo al 

general Weyler?) 

(¡No he leído el A B C; de modo que no te metas con 

don Valeriano, por si acaso!) 

Tony, eres de una crueldad neroniana. ¡Sabes que 

tengo celos, porque tú lo sabes!, y me haces sufrir y 

me tienes loca y desolada... 

¡Vamos, Nene, no gastes bromas! Si no me has que- 
rido en tu vida, ¿qué celos vas a tener ahora? 

Pues si creías que no te quería, ¿por qué te casaste 

conmigo? 

Porque me caí de un caballo, me di un golpe en la 
cabeza y estuve tonto dos años, y tus padres se apro- 
vecharon. 

¡Dice que estuvo tonto y a los tres meses de casado le 
pegó a mamá ! 

Un momento de lucidez que tuve. Pero, en fin, Nene, 
te debo la verdad, una verdad verdaderamente pi- 
randeliana; venimos de un cabaret... ¡para que lo 
sepas! 

¡Qué horror! 

Nada de horror; sabes que a consecuencia de mi 
neurastenia cerebral, el doctor Otumba me recetó 
que me dedicase a escritor. Esto no supone esfuerzo 
mental ninguno. Ya recordarás la receta: un vaso de 
agua de Cabreiroa, en ayunas, y escribir cinco cuar- 
tillas de una novela. Novela que sabes que estoy es- 
cribiendo. Se titula: «El pollo pera». Se trata de una 
obra en que se fustigan costumbres libertinas. Nece- 
sito frecuentar los antros sociales. Si no entras en un 
antro, ¿cómo dices lo que hay dentro del antro?... 
Yo le tengo que hacer los dibujos... y por eso voy con 
él y le acompaño, y aquí está explicado todo. 
Y esta mañana, a las doce, tenemos que ir a otro 
antro, ¿verdad, tú? 

Sí, a almorzar con unos hampones que tiene éste que 
describir. 



ONY. 

■«ÍENÉ. 
'ONY. 
ÍENÉ. 
'ONY. 



jNRIQ . 
ÁACU. 



jRECx. 

Tony. 

xREG* 



Un novelista necesita pintar la vida. 
¿No pareciendo por casa?... 
¡A ver qué vida!... 
¡Tonyl 

A ver qué vida pintas si no la estudias... (Quedan 
sentados y hablando en voz baja separadamente.) 
(Separándose con Machalen.) ¡Pero créeme, cielo, 
créeme! 

¡Qué voy a creerte, Enrique!... ¡Estoy tan desenga- 
ñada de la vida, que para mí la palabra hombre sólo 
tiene un valor de improperio!... {Sale Gregorio por la 
segunda derecha con una bandeja y en ella un tele- 
grama.) 
Señor marqués. 
Pasa. {Entra.) ¿Qué pasa? 

Que me he encontrado encima de la mesa, todavía 
sin abrir, sin duda por distracción del señor mar- 
qués... 

¡Y por ausencia! 
Este telegrama. {Se lo da.) 

Un telegrama. ¿A ver, a ver?... (Lee.) ¡¡Caramba!! 
¿A que no sabes de quién es? 
¿De quién? 

No lo adivinarás en cien años. ¡Qué sorpresa!... ¡De 
mi prima Totó! 
¡Jesús! ¡De esa vagabunda! 
¿Pero es de Totó? 

Y oid lo que dice: «Solicito hospitalidad varios días. 
Salgo Burdeos, siete noche, con mi secretario, Trosky 
y Clemencéau. Si no me mato, porque llevo el sesenta 
Hispano, a las ocho y media estaré en vuestros bra- 
zos. Totó.» 

¡Virgen Santa, pues esta loca es lo único que nos 
faltaba! 

Ay, no digas eso, tía. Yo me alegro que venga. Es 
una mujer interesantísima. 

¿Es esa prima tuya, semi-aventurera, de quien te he 
oído hablar? 

La misma; una cabecita encantadora, pero extra- 
vagante, loca, diabólica.,, y al mismo tiempo deli- 
ciosa. Totó es como una ola que viene a sesenta por 
hora; se estrellará aquí y luego se alejará mansa- 
mente extendiendo sus espumas blancas por la su- 
perficie oceánica. 

¿Ves?... No ha hecho más ese demonio de prima que 
anunciar el viaje y ya le ha puesto romántico. 
No olvides que soy literato por prescripción facul- 

65 



Greg. 

Enriq. 

Tony. 

Mach. 

Tony. 
Enriq. 

Nene. 
Tony. 



Mach. 
Tony. 

Nene. 

Tony. 

Mach. 

Nene. 

EnriQí 

Tony. 

Nene. 



Tony. 
Enriq. 
Mach. 
Tony. 



Nene. 
Tony. 

66 



tativa. Bueno, Gregorio, estad todos alerta en < 

vestíbulo por si llega la señorita Totó, que segú 

anuncia no debe tardar. 

Todo estará prevenido, señor marqués. (Mutis por íl" 

izquierda.) 

¿Y tan interesante es esa damita? 

¡Oh! No puedes imaginarlo. 

No hay libro de aventuras más sugesuivo que su prcl^ 

pia vida. 

Y si se las oyeras relatar a ella misma te encantaría 
¿Y es guapa? 

¡Bah! (Con cZe^cZ^íi.) Altucha,blancucha, delgadiicba.iffl 
¿Cómo altucha? Esbelta como el junco de las orilla 
del Eufrates; tiene el cimbreo lánguido de la palmeí 
ra indostánica, la blancura de la magnolia mongóM' 
lica, y el suave perfume del nenúfar abisinio. • 

Y tiene una gran cultura. i 
Posee seis idiomas europeos, dos lenguas muertas 
tres moribundas y veintinueve dialectos. 

A éste, en el último viaje, le llamó tonto de cuarent 

y siete maneras. 

Canta en chino, declama en hebreo, hace gárgara 

en alemán y recita poesías festivas en sirio. 

Que quiere estar fría contigo, te habla en ruso; qnj|ií. 

quiere mostrarse apasionada, en caldeo. 

Que no quiere hablar con nadie, se calla... en cuajl»! 

quiera de los idiomas que posee. 

Fueses una verdadera joya. ¿J es soltera o cdjsi, 

sada? 

El estado perfecto: viuda. 

Casó a los veinte años con un multimillonario cubat 

no, de la Vuelta de Abajo, que a los seis meses s 

hizo un lío con tanto idioma y se murió, dejándoL 

sesenta millones, treinta en papel y treinta en taitc, 

baco. 

Mas dos fábricas de cerillas. 

¿Y sin duda para mitigar su pena se dedica a viajar 

No; viaja por placer. 

Es un espíritu errante y viajero por idiosincrasia 

Salta de Nueva York a Roma, del Perú a Noruega 

de la India a Colmenar Viejo... Que tiene calor, s 

va a Sierra Nevada; que tiene frío, al Cabod-lc 

Hornos. 

Que no tiene ni frío ni calor, a Torrelodones. Ei cas 

es no parar. 

¡Y de aventuras, oh!... En Persia fué a tomar unapc, 

aguas para que no le hiciese daño el vino, y en quin 



ce días que estuvo allí, el Presidente del Gobierno y 
el Sah, rematao. En Mongolia chifló ai Príncipe he- 
redero. 

Y cuenta que tuvo que huir de un modo operetesco 
con una caravana de mercaderes. 
Mercaderes que a los cinco días de caminar con ella 
todos habían quebrado. 

En Nueva York arruinó al rey de los rascacielos . 
Un señor que tenía cuarenta y dos casas de treinta 
y cinco pisos cada una; pues a pesar de tantos pisos 
lo dejó sin un cuarto. 

Es una extravagante. La última vez que la vimos la 
seguía como flirt un boxeador negro, campeón del 
mundo de pesos pesados. 

NÉ. ¡Y tan pesados! Como que cuando estuvo en nuestra 
casa de Madrid, al sentarse rompió dos butacas. 

NY. No la hagas caso. Esta la tiene prevención por la 
vida frivola que hace. 
Demasiado frivola. 
Pues ya estoy deseando conocerla. 

NÉ. Ya verás... Es una novela de Conan-Doyle, ericua-- 
dernada lujosamente. {Se escucha fuera repetidamen- 
te y aún lejana una bocina de automóvil.) 
Aquí la tenemos. 

Sí, es ella. Un auto pide entrada en el parque. 
Pues mientras se apea y la recogen el equipaje, va- 
mos a arreglarnos un poco, si te parece. 
Y nosotros, Enrique, a cambiar de traje, que hemos 
de irnos a comer a ese antro... 
Después de saludar a Totó. 

jAh, claro! (Vánse todos por segunda derecha. Queda 
la escena sola. Un momento de pausa. Gregorio sale 
por la izquierda y se asoma al ventanal.) 
Debe ser la señorita del telegrama,.. Voy a ver qué 
tal. {Mira. Se va fijando cada vez más y acaba ha- 
ciendo los más exagerados aspavientos.) -¡Mi madre! 
¡Mi agüela, qué mujer!... ¡Estupenda! ¡Enorme! ¡De 
escándalo, pero de escándalo con juicio de faltas! 
{Se agacha, se estira, se esfuerza por mirar.) Ahora 
baja del auto... ahora... ahora... ¿Pero de dónde nos 
habrán mandado esa preciosidad? 
{Entra por la izquierda con una manta, un cabás y 
un neceser grande de cuero. ¡Ay, Gregorio!... {Está 
desfallecido.) 

íG. ¿Qué te pasa? 

iNc. Sostenme, que no puedo ni con el neceser. ¿Has vis- 
to qué señora? 

67 



lNC. 



Greg. 

Franc. 

Greg. 

Franc. 

Greg. 

Franc. 



Chom. 



Franc. 
Chom. 
Greg. 
Chom. 

Franc. 
Chom. 



I 



TOTÓ. 

Los Tr, 

ToTÓ. 

Greg. 
ToTÓ. 



Chom. 

TOTÓ. 

Greg. 
Franc. 



ToTÓ. 
Franc. 

TOTÓ. 

68 



¡Que si la he visto! 

¿Has visto qué cuerpo? 

Eso no es natural, Francisco. 

Eso se lo ha hecho Bienlliure. 

¡Qué tía!... ¡Es un sueño! 

¿Cómo sueño?... ¡Eso es una encefalitis letárgic 

Mira, cuando m'ha alargao la manta, m'ha diri^ 

do una sonrisa, que si no m'apoyo en el landolt 

me derrumbo. 

(Entra por la izquierda con dos maletas y dos cap 

una debajo de cada brazo.) ¡Ré Euskalduna... ¿Ya 

habéis visto a la señora c'ha llegao? 

¡Ay, Chomín, qué mujer! 

¡Que la miras y los ojos ya te lloran de guapa que ' 

La ve uno y se priva. 

Se priva por no tener una cuestión... Que si no, 

madre de mi hijo no se privaría. 

¡Chist... callarse; ella! Aquí está. 

Fijaros cara, fijaros cuerpo, fijaros a pies, fijarol 

todo... (Totó entra por la izquierda con abrigo 

sport, gorro de automóvil, las gafas sobre él. Vie 

alegre, sonriente, con ademanes elegantes, ligeros, 

sueltos. Es una mujer encantadora, de veintioc 

años, de una natural distinción aristocrática. (M ^^ 

cuentra a los tres criados en hilera, con el equipaje 

las manos, y, aunque con cierto disimulo, miránd 

animadamente.) 

Buenos días. 

{Reverencia.) ¡Señora! 

¿Pero vosotros todavía aquí? 

En este momento íbamos... 

{Curio seándolo todo con los impertinentes, mienta 

los criados siguen en sus miradas ávidas.) TieE 

una villa monísima. Qué buen gusto. Esta casa no 

conocía yo. Bueno, ¿y vosotros cómo no habéis a 

sado a los señores? 

Como subíamos los equipajes, ya estábamos aquí es 

rándonos a la señorita pa que daría orden pa coloe 

¿Pero no me han designado cuarto? 

Como se recibió el telegrama un poco tarde... 

Pero como suponíamos que la señorita ocupara 

departamento de invitados, ya lo hemos estao ar 

glando con todo esmero. 

{Sonriendo.) Gracias. ¡Qué serviciales! ¿Sois to 

de la casa? 

Para servir a la señorita. é 

Tú tienes cara de aragonés. f 



SíR'. 



OTÓ, 



I5I&, 



De Zaragoza soy. Ha adivinado ía señorita. 
¡N'oble tierra! El Ebro, el Pilar, la Seo, un guitarro, 
la jota brava; ¡con qué emoción se recuerda todo eso 
cuando se ha visto y se tiene lejos! {Tararea una 
jota en voz baja,) 

Porque soy de la arrabal 

me llaman la rabalera. 

En siendo de Zaragoza 

que me llamen lo que quieran. 

¡Eres muy simpático, muchacho! 
{Radiante i mirando con orgullo a los otros.) ¡Se- 
ñorita!... 

{A Gregorio.) ¿Y tú de dónde eres? 
De Zamora, para servir a la señorita. 
¡Oh, la hidalga Zamora!... La conozco... 

Tres cosas tiene Zamora , 
que no las tiene Madrid: 
la Gobierna, Pero Mato 
y el paseo San Martín. 

¡Cómo sabe la señorita!... 

¡Oh, aquellos campos de Zamora, inmensos trigales 
de oro, con las manchas rojas de las amapolas!... Y 
los álamos del río... y la carreta lejana y aquellas to- 
nadas de Castilla, ¿eh? {Tararea.) 

Al paso de los bueyes 
van los gañanes 
y al paso de los curas 
ios sacristanes. 

{Imitando la voz del gañán.) ¡Riá, Maravillo! ¡oep!... 
¡Eres un buen mozo, muchacho! {Gregorio revienta de 
satisfacción.) Y sl tino hay que preguntarte... {Diri- 
giéndose a Chomin.) 

De Gainchurisqueta le soy nativo, pa servir a la se- 
ñorita y familia. 
{Riendo.) No la tengo. 
¡Lástima ya le es! 

Complexión recia, facciones agudas, cuerpo maci- 
zo... tipo puro de vasco, 
¡A lo pasadero, na más!... (¡Mi ha dicho puro!) 
¡Habrá que verte bailando el aurreskn, en la plaza 
del pueblo, mientras toca el chistulari!... 

69 



jAy, ayay mutillak 
chapeii gorri ya 
nescacha tiru manta i 

polita tubi ya! 
¿No es eso? 
Chom. ¡Ya lo creo!... Pos si quiere ia señorita le cantoi^ 
Edén; edén arriga mantúa, garriga al súa... ¡Del | 
feón, un servidor ya le ha sido! 
ToTÓ. No, no; gracias... Si me quedo aquí, ya tendrás oc 
sión... Ahora, avisa a los señores... mientras desea 
so, que el automóvil me tiene quebrantada. (Se sii 
tay pone una pierna sobre otra, dejando al descubiS 
la pantorrüla. Los tres criados no se mueven, 7RÍr<^ 
se les empiezan a caer cosas del equipaje.) ¿Pero 
os pasa?... ¿No vals?... 
Greg. Sí; era que... t 

Franc. Yo no iba por. . . 

Chom. Yo, como había visto que la señorita tenía más cosj 
abajo, ya la subiría algo más si quería... \ 

ToTó, ]s[o, no... anunciadme, anunciadme. {Hacen mut 
los tres por primera derecha.) í 

Greg. Aquí están ya. I 

Nene. {Saliendo 'muy afectuosa.) ¡Querida Totó!... | 

ToTÓ. ¡Nene de mi alma!... ¡chiquilla, estás guapísimaf 
¡pero si no pasan los años por tí!... 1 

Nene. ¡Que los hago pasar de puntillas para no enterarní 
Mach. (Saliendo.) ¡¡Totóü Ya era hora, hija. {Se ábrazai 
Totó. ¡Machaiént... |Ay, nena, estás hecha un sol! | 

Mach. ¡Tú sí que estás un escándalo de guapa!... 
Totó. ¡Por Dios, qué va! Nada de eso. 
Nene. ¡Pero siéntate, hija, siéntate! {Se sientan.) 
Totó. ¿Quieres fumar? 
Nene. ¿Son turcos? 
Totó. Egipcios. 
Nene. Mejor. . . Los turcos no sé qué me dan . hija. . . {Enci§, 

den las tres; fuman . ) 

Mach. ¿Y qué; de dónde vienes ahora? 

Totó. Pues mira, la semana pasada estuve en Keyston, u| 

playa de Escocia; el lunes en Brayton; ayer en Del 

vi lie y hoy aquí. 

Nene. ¿Y mañana, Dios sabe dónde, no? 

Totó. (Riendo.) Soy una vagabunda incorregible, como 1 

dices. {Salen Gregorio, Francisco y Chomin por i 

primera derecha.) 

Greg. Señorita... {Como están las tres con una pierna soh 

otra, no saben dónde mirar.) El jovencito ese que^ 

llegado con la señorita en el auto... 

70 



Frií 



Mac: 



TOTÓ. 



Nene, 



Que nos ha dicho que le preguntásemos a la se- 
ñorita... 

Que qué se haría con Trosk y Clemaséau. 
¡Oye, pero te has traído a Trosky y Clemansó! 
Sí, pero no alarmaros; son mis perros. 
¡Vaya unos nombres que les has puesto! 
Son'^dos dogos enormes, obsequio de un gran duque 
ruso. El pobre no podía mantenerlos y me los rega- 
ló. Si no fuera porque muerden, son muy poco mo- 
lestos; porque ladrar no ladran más que cuando sien- 
ten el ruido de un beso. 
jAy, pues que los pongan fuera de casa!... 
En el jardín los puse, debajo de la ventana del señor; 
con agua les dejé para que no rabiarían. 
¡Qué cosa más original!... ¿De modo que oyen be- 
sarse? 

¡Y arman un escándalo! El gran duque no confiaba 
mucho en la fidelidad de su mujer y se conoce que 
los educó así. 

¡Que cosa más excéntrica! 

Pero bien lo pagó el pobre... porque era general y 
tomó un ayudante muy guapo... 
¿Y los perritos no le dejarían parar? 
¡A ninguna hora!... ¡tuvo que divorciarse para no 
oírlos ladrar; no os digo más. {Se oyen dos perros la- 
drando escandalosamente. Las tres se miran estupe- 
factas.) ¿Oís?... {Por la segunda derecha aparece Te- 
resa, con el pelo en desorden y colorada.) 
{Muy azorada.) Señora,.. 
¿De dónde viene usted? 

Del cuarto del señor... que me ha dado... un encargo 
para el cocinero... que ]e hagan dos bocadillos. 
Bueno, pero los bocadillos no se los dé usted. Ya irá 
Francisco... 

¡Está bien, señora! (¡Qué perritos!... Creí que salta- 
ban por la ventana.) {Mutis por la izquierda.) 
Francisco, vaya usted a servir al señor. Y para otra 
vez. con uno que suba a dar los recados, basta... 
Quédese, Gregorio. {Los otros dos se van después de 
hacer una inclinación de cabeza; CUomínpor la puer- 
ta del jardin, y Francisco por la segunda derecha,) 
{A Gregorio.) No, no hace falta..., dígale a ese joven 
que ate los perros lejos del cuarto del señor para 
que no le molesten y que espere mis órdenes. (Gre- 
gorio saluda y vase por la izquierda.) 
¿Y a ese joven que viene contigo, habrá que prepa- 
rarle alojamiento? 

71 



TOTÓ. 



Mach. 

Nene. 
ToTÓ. 



Mach. 
ToTÓ. 

Nene. 

TOTÓ. 



Mach. 

TOTÓ. 



Mach. 

TOTÓ. 

Nene. 
ToTÓ. 



Nene. 
Mach. 
ToTÓ. 

Nene, 

Mach. 
ToTÓ. 

Nene. 

Nene. 
Mach. 
Nene. 

Chom. 



líCI 



1 

Si; pero no preocuparos. Es mi secretario. Un chico 
de Falencia. Un tipo ori|2rinalísimo. Ya lo veréis. Lo 
encontré vendiendo mantas en Noruega. Boxea ma- 
ravillosamente, es campeón de pesos Walter y ade>- 
más un virtuoso del violín. 
¡Qué cosas tan heterogéneas! 
Como todo lo que rodea a ésta. 
Si vierais en los scherzos de Scarlati como hace vi-' es 
brar la cuarta cuerda... es un prodigio. Y además el 
pobre está loco por mí. Os lo confesaré. ' 

¿Y tú por él? 

M soñarlo. Yo dejo que me siga. Es mi tercer pe 
rro... 

¿Pero éste no ladrará como los otros? 
No; éste es más discreto. Lo he tomado por distrac- foi 
ción, por snobismo. Además, como boxea tan bien te 
me defiende heroicamente, y sobre todo me distrae Iiícj 
mucho. Ha venido todo el camino junto a mí, yo en 
el volante y él tocando scherzos, allegros, modera- 
tos... según estaba la carretera... Trozo liso, un lar- 
gúete; que había baches, pizzicato. 
¡Jesús! ¡Eres de lo más excéntrico!... 
Todo menos la vulgaridad, hija. Bueno, y vosotras 
¿qué vida hacéis?... (A Machalen) ¿Tú, cuando te ca- 
sas? ¿Tienes novio? 
A medias. 

Y tú y Tony ¿cómo os lleváis? 
A medias también. 

No os comprendo... y hay además en vuestras pala- 
bras un dejo de amargura que me alarma. ;0s pasa 
algo? 

Lo que no puedes sospechar, querida Totó. 1 

¡Un asco de hombres, hija! | 

¡Me intrigáis! . . . Y si no es secreto. . . | 

Para tí, nunca; al contrario, tú eres una mujer de 
claro sentido, que conoces el mundo... 
Es verdad. ¡Y quién sabe si podrías darnos alguna 
solución para lo que nos sucede! 
Encantadísima. ¡Ojalá! Hablad. {Aproximan las si- 
llas o se acercan más unas a otras.) 
Pues verás. {Vuelven a ladrar los perros desaforada- 
mente.) 

¡Jesús! ¡Otra vez los perros! Pero ¿qué será? 
¿No habrá llamado el tío a la otra doncella? 
Espera que averigüe... {8c acerca al foro.) ¿Qué ocu- 
rre, Chomín?... 
{Desde la puerta del foro del jar din.) Pos que ha pa- 



to' 



Fot. 



fci 

Ion 



sao un señor cura... y mi chica l'ha besao ia mano... 
y a bocaos contra el saserdote se han puesto los 
perros, que sin sotana se anda el pobre señor. (Mu- 
tis.) 

OTÓ. ¿Veis?... ¡En cuanto han oído un beso! 

ACH. ¡Y por lo visto no distinguen de besos seglares ni 
eclesiásticos! 

ÍENÉ. ¡Qué perritos! . . . 

OTÓ. Bueno, sigamos con lo nuestro. ¿De modo que tu no- 
vio y mi señor primo? 

ÍENÉ. Tony, querida Totó, ¡está peor que nunca!... Tú sabes 
que siempre ha sido un trueno... ¡pues ahora es una 
tormenta! No para en casa un momento; ni come, ni 
cena, ni duerme. 
¡Qué horror! 

Sale a escondidas, se retira de madrugada...^ 
Y lo peor es que Enrique, mi novio, que está invita- 
do por la tita a pasar una temporada aquí para ulti- 
mar los detalles de nuestra próxima boda, pues los 
ultima... acompañando en sus farras, que dicen los 
argentinos, al tío Tony. 

ÍENÉ. Y aquí nos tienes, hija mía, solas, aburridas, deses- 
peradas, mientras ellos se divierten, una noche con 
un embajador, otra con un ministro. 

/[ach, ¡Un ministro que canta cuplés trágicos y un embaja- 
dor que hace las manos! 
¿Una cupletista y una manicura? 
Exactamente. Y tú comprenderás que esta vergüenza 
y este escándalo no pueden continuar un día más. 
¡Ni un minuto más!... ¿Qué haríamos, Toto; qué ha- 
ríamos para retenerlos en casa?... 
Tu consejo puede ser para nosotras valiosísimo. Te 
imploramos una solución, Toto; ¿qué haríamos? 
¡Ah, queridas mías!... He de empezar diciéndoos que 
estas batallas no se ganan con recriminaciones ni 
con escándalos. El hombre es un enemigo al que hay 
que batir empleando sus mismas armas. Vosotras no 
habéis sabido manejarlas por lo visto... ¡Ah, si vos- 
otras tuvieseis absoluta confianza en mí, plena y ab- 
soluta confianza, yo os juro que os volvía al redil a 
esas ovejas descarriadas, y perdonad lo de ovejas! 

>ÍENÉ. ¿Y por qué no lo haces? 

\ÍACH. ¡Ay, Totó; cuánto te lo agradeceríamos! 

Totó. No lo hago, porque el hacerlo con eficacia me crearía 
con vosotras una situación delicada, delicadísima... 

N^ENÉ. Delicada, ¿por qué? 

Totó. Porque para lograr yo que Tony y tu novio no vuel- 

73 



Mach. 

TOTÓ. 



Nene. 

TOTÓ, 



Nene. 



Mach. 

TOTÓ. 

Nene. 
ToTÓ. 

Mach. 

ToTÓ. 

Nene. 
ToTÓ. 



LosTr 

Nene. 

Mach. 

TOTÓ. 



Los Tk. 

ToTÓ, 

Nene. 

ToTÓ. 

Mach. 

74 



van a salir de casa en quince días y olviden por con 

pleto al embajador Y al ministro, necesitaría que tü 

vieseis en mí una confianza ciega, absoluta. 

Yo la tengo. 

Y que vierais lo que vierais no se os habían de alte 

rar los nervios... ni los celillos habían de clavar s 

aardo sutil en vuestros corazones. 

¡Por Dios, no digas eso! 

Yo os aseguro que la farsa no ha de pasar del ca 

rmo que me merecéis ni del respeto que os debo- pe 

ro para transformarlos y curarlos de su infidelidad 

necesito emplear recursos y coqueterías que.. 

¡Nada, querida Totó; confianza ciega en tí!... Habí 

de ver a Tony rendido a tus pies... y me tendría si 

cuid.aa.0. 

Como yo con Enrique. 

Pues si estáis seguras de eso, os los transformo. Ho 

ya no saldrán de casa. 

Mira que no los conoces. 

Os lo^prometo. Es mi especialidad. Gozo con estas co 

tas. tmco o seis amigas mías me deben su dicha. 

abrc^'^^^^ ^^^^ ^^ abrazo de gratitud anticipado. (L. 

¡Pero no recelaréis jamás! 

Nunca. Te lo juro. 

Pues son nuestros. Es decir, vuestros. Con tu permi 

so, {Toca un timbre y se presentan los tres criados 

cada uno por donde hizo mutis.) 

Mande la señorita. 

¿Pero qué os pasa hoy que acudís a los timbres ei 

terceto?... 

Parece una salida de opereta. 

Díganle ustedes, los tres o uno sólo, al señor y al se 

norito Enrique, que voy a cambiarme de traje, v qu( 

les ruego que no se vayan de casa sin haberme dad( 

la alegría de saludarles. 

Señorita... {Reverencia. Van se por la segunda dere 

Cica , j 

Venios a mi cuarto. Mientras cambio de ropa ultima 

remos detalles. 

¡Ay, hija mía! ¡La Providencia ha encaminado tufl 

pasos a esta casa! 

La Providencia y una aventura que os contaré cuan 

do tenga tiempo. ¡Vengo a refugiarme aquí huyendr 

ae un general mexicano que es una especie de'tigre' 

¡Ay, pues ojalá no te encuentre... hasta que nos ha~ 

yas salvado! (Mutis primera derecha. Por la primera 



izquierda se oye un violin que toca muy dulcemente la 
frase del dúo de «La Dolores^ ^Di que es verdad que 
me amas. Di que es verdad que me quieres. Dilo y será 
un paraíso...» y con el calderón y tocando muy deses- 
peradamente la frase final, que dice: «la vida para los 
dos», entra en escena Aniceto Mordente, joven de unos 
veintiséis a veintiocho años^tipo cómico, romántico, 
un poco exagerado, ojeroso, con melena y chalina, et- 
cétera. El violin lo tocará cerca de la puerta un pro- 
fesor, de no saberlo tocar el actor.) 
{Llegando hasta el proscenio, le dice al público.) La vi, 
le hablé, me habló y enloquecí. Sí. Fué hace noches 
en el Gran Casino; sollozaban las cuerdas de mi 
stradivarius las sublimes notas del «Adiós a la 
vida», de Tosca. ¡Y qué adiós me salió! Al acabar, 
una ola de aplausos me envolvió. Yo empecé a tocar 
otra composición y el auditorio, puesto de pie, grita- 
ba: «No, no; adiós, adiós.» «¿Se van ustedes?» interro- 
gué.— Que repita el adiós,— dijo una voz cristalina a 
mi derecha. Volví los ojos y ¡ojalá hubiera cegado! 
¡Era ella, ella, Totó! Repetí el adiós y después toqué 
una composición mía, con modulación obligada 
sobre la cuarta cuerda y que titulo ¡Ay mi madre!... 
pero no pude acabarla: no pude, pero que cada vez 
que la melodía cantaba: ¡Ay mi madre!, yo, sin que- 
rer, balbuceaba también, reparando en ella: ¡Ay mi 
madre!... ¡Qué señora! Y se me escapaban las notas, 
me faltaban los grupetos y se me atropellaban los 
pizzicatos. {Háblándole al violin.) ¿Lo recuerdas? ¿Qué 
rato pasaste, verdad? Pues desde aquella noche yo 
ya no soy Aniceto Mor dente, el gran virtuoso del 
violin; yo soy un esclavo de sus antojos, un pajarilio 
prisionero en las redes de su frivolidad, que no cesa 
de cantarle: {Toca en el violin la frase de «El asom- 
bro de Damasco», que dice: «la que manda eres tú y el 
esclavo soy yo») Y que no hago más que decirle: (Toca 
la frase de «Doña Francisquita» , que dice: «Me gus- 
tas, mujer, etc.) En cambio, ella, ella {Al violin), ya 
lo ves, apenas me hace caso, y cuando m.ás apasio- 
nado estoy se pone a flirtear con otro, hasta el extre- 
mo de hacerte decir: {Toca, indignado, la frase de 
<¡.La Monteria», que dice: «(¡Hay que ver! ¡Hay que 
vei'!», y tocando esta frase salen por la segunda 
derecha Tony y Enrique, vestidos ya con trajes de 
mañana. Quedan sorprendidos al oir tocar a Mor- 
dente.) 
¡Cómo se habrá metido aquí este tipo!... 

75 



Enriq, 
Tony. 

Anic. 
Tony. 

Anic. 

Tony. 
Anic. 

Enriq. 

Tony. 

Anic. 

Tony. 

Anic. 

Enriq. 

Anic. 

Tony. 



Nene. 
Tony. 

TOTÓ. 



Tony. 

IMach. 
To'i'ó. 

Enr/q. 
Totó. 



Mach. 

Enriq. 

Nene. 



Mach. 
ToTÓ. 



Parece un domador de monas. 

Oiga, Joven. 

¡Señores!... {Reverencia. Cesa de tocar,) 

Díg-aie a Francisco que le de treinta céntimos v n 

vuelva más. Tenemos pianola. 

{Ofendido.) Señor mío, yo no soy un pordiosero, so 

un virtuoso. 

Siendo así, ande y que le den dos duros. 

El señor, sin duda, me confande. Soy el secretario 

de su prima Totó. 

¡Acabáramos!... 

Y, además, por lo oído, murguista. 

¡Cómo murguista!... ¡Me llaman el prodigio de la 

cuarta cuerda, porque hago locuras con ella! 

¿Con la cuarta? 

Sí, señor. 

¡Y, por lo visto, quiere hacerlas también con la 

prima! 

¡Oh, la prima!... Cuan lejos de mis realidades: pero 
SI algún día... ¡Oh!... ¡Ah!... 

Este tío es el Puente de los Suspiros. (Salen por la 
primera derecha Nene., Machalén y Totó, vestida ma- 
ravillosamente con un traje de casa, de esos que no se 
sabe si son para vestirse o para seguir desnudas ) 
¡Míralos, aquí los tienes! 
(Abrazándola.) ¡Querida Totó! 

¡Queridísimo primo!... ¡Oh, pero por Dios, qué 
Joven, qué guapo!... ¡Pero si cada día tienes menos 
canas! 

¡La que está que escandaliza de belleza eres tú!.. 
¡Esto es un abuso!... . 

¡Te presento a Enrique Marzo, mi prometido!... 
¡Oh, tanto gusto!... ¡Es simpatiquísimo!... ¡Te feli 
cito!... 

¡Señora! (¡Qué señora!) 

Sé que es usted un pintor eminente. He visto esa 
mancha. ¡Deliciosa!... ¡Ya había oído hablar de usted, 
en París! ¡Quién no conoce a Marzo! 
¡Es un mes muy variable! 
¡Por Dios, Machalén, que va a creer esta señora!.. 
(¡Qué mujer para mi tonalidad violeta!) 
Bueno, pues nosotros os dejamos con Totó; acompa 
ñadla un instante. Mientras nos vestimos. Queremos 
llevar a Totó a dar una vuelta por la plaza... 
¡Y luego volveremos a almorzar las tres sólitas! 
Pero ¿estos caballeros no almuerzan en casa?... ¡Qué 
lástima!... 



'I 



Tony. 

TOTÓ. 



Tony. 

TOTÓ. 



Tenemos un compromiso, ¿sabes? Tenemos que ir a 
almorzar a un antro para describir... Tengo entre 
manos una novela y... pero puede que mande a 
éste... 

O vas tú solo y luego me cuentas... 
Pues ahí os quedáis. 

Hasta ahora. ¡Y que Dios te inspire en el antro!... 
{Mutis segunda derecha.) 
¡Aniceto! 
Señora... 

Saliendo por ahí, a la derecha, creo que está el par- 
que... cuide que les den de comer a los perros, ins- 
tálese y espere mis órdenes. 

¡Ah, señora!... corro, vuelo a cumplimentar... (¡qué 
no haré por ella!... ¡qué no hará un hombre por!..., 
{Hace mutis por la izquierda, tocando en el violin la 
frase de Benamor ^Por una mujer, etc.) 
¡Este pollo habla hasta con el vioiín! 
(Riendo.) ¡La fuerza del amor!... (Hay un momento 
de pausa, Totó se deja caer lánguidamente con una 
coquetería refinada y cruza las piernas, medio acos- 
tada en la chaisse-longue. Enrique coge los pinceles y 
figura que pinta sin dejar de mirar a Totó.) ¡Pobreci- 
11o!... Oye, Tony, os habrá sorprendido mi llega- 
da, ¿no? 

¡Pero con la sorpresa de las cosas gratas! 
¡Eres deliciosamente fino! 
¿Y qué te ha traído a nuestros brazos? 
Nada... y todo... un cansancio, una nostalgia, me- 
jor... un deseo de intimidad y de afecto familiar y 
puro... que me tenía sin sueño. |Ay, Tony!... 
¿Qué? 

¡Qué harta vengo de mentidos halagos..., de pasio- 
nes egoístas y brutales!... ¡Ah, ojalá halle a vuestro 
lado la dulce paz... y la..! ¡Oye, tú tienes una cabe- 
za preciosa! 

¿Te gusta?.,. |Pues no me había fijado! 
Tú has mejorado mucho, Tony. No sé qué te encuen- 
tro...; quizá estás algo más viejOí Pero hay en tu oca- 
so una extraña y dulce serenidad que... ¡Ah, qué bella 
luz la del sol al ponerse! 

¿Al ponerse cómo?... porque el sol puede hacer lo que 
quiera, pero yo me pongo como te dé la gana. 
¡No bromees y enciéndeme el pitillo, anda! ¡Oh, las 
últimas hojas doradas del otoño, los últimos resplan- 
dores pálidos del crepúsculo!... ¡Qué interesante be- 
lleza la de todo lo que va a extinguirse!... ¡No hay 

77 



Tony. 

TOTÓ. 

Tony. 
ToTÓ. 

Enrío. 

ToTÓ. 

Enriq. 

ToTÓ. 



Enrío. 

ToTÓ. 

Tony. 
Enriq. 
ToTÓ. 

Tony. 

ToTÓ. 
Tony. 

Enriq. 



pasión más serena, más dulce, más intensa que' 
Enciéndeme el pitillo, anda. 
Es que te oigo y se me agotan las cerillas sin... 
¡Oh, mi aventura más interesante fué con un hombre 
de tu edad!... Ya te contaré. 

(Yo mando a Enrique que se vaya a almorzar con 
esas y me disculpe). 

(Levantándose y acercándose a Enrique.) Y usted, En- 
rique... ¿podría perder unas horas en hacer mi re- 
trato? 

Señora... ¿qué mejor empleo para mis humildes pin- 
celes? ^ 

¿Humildes?... ¡Oh, no diga usted eso! ¡He descubierto 
en esa mancha iniciada unas cálidas tonalidades que 
revelan un ideal vehemente... y un alma ardorosa 
de artista intenso! 

Sí, confieso a usted que en mi sentido de arte hay un 
anhelo de expresión que sólo una modelo canaz de 
comprenderme podría... 

¡Oh!, usted me recuerda uno de mis más apasionados 
amores... Era un muchacho pintor...; lo encontré en 
Venecia. Un milanés que se llamaba Teopoli. Se pa- 
recía un poco a usted; tenía unos ojos de leopardo... 
ai:rayentes y agresivos a la par... ¡Me hizo el más 
bello de mis retratos!... Su pincelada vigorosa tenía 
algo de esas tonalidades fuertes e intensas que us- 
ted ha iniciado en esa mancha. ¿Quiere usted encen- 
derme el cigarrillo? 

Señora... (Lo enciende.) (Bueno, con esas golfas se va 
a almorzar este solo.) 

(Ya más alto y a propósito para que lo oiga el otro.) 
Y puesto que mi primo se marcha a almorzar fuera, 
de sobremesa contaré a usted esta aventura que fué 

tan dulcemente dolorosa para mí. 

Sí, pero, vamos... yo irme...; ¿por qué no te marchas 

tú a almorzar fuera y luego vuelves? 

Hombre, porque el que tiene verdadero compromiso 

de ir eres tú. 

Sin embargo, si usted pudiera suplirle... , ¡vengo tan 

ansiosa del familiar afecto de mi único pariente!... 

No te vayas. Tony. 

Ya lo oyes..., viene ansiosa del familiar afecto de... 

de modo que hoy almuerzas solo. 

¿Y por qué no se queda usted también? 

No, porque uno de los dos tiene que ir y lo natural 

es que sea él... ' I 

Me parece que he dado con un término medio... ¡ 



Será eñcaz, porque ustedes los artistas son tan día- 
Ibólieos... 

Que se vaya él... o, en último caso, que avise por 
teléfono. 

¡Oh, delicioso, delicioso!... Se quedan ustedes ám... 
Son mis prisioneros... Les echaré mis cadenas... (Eien- 
do.) ¿No les pesarán demasiado? {Pasa tm brazo por 
el brazo de cada uno.) 
¡Dulces cadenas! 

¡Que yo h^ría perpetuas! {Salen Nene y Machalen.) 
¡Admirable! 
¡Precioso cuadro! 

¿De modo que esta pareja de inseguridad? 
Es mi prisionera... ¡Almuerzan con nosotros! 
No me he atrevido a desairarla. 
Y como yo sin éste no pinto nada... 
¡Pero qué pronto los ha convencido! ¡Qué poder el 
de Totó, tita! 

Un poder diabólico, que me asusta. Les ofreces lan- 
gosta a la maj^onesa y no se quedan..., y viene esta..., 
dos palabritas y los pega al mantel . 
Pues antes de almorzar vamos a dar un paseíto por 
el parque. Los tres os precedemos. Soy la forastera. 
¡Para mí todos los. honores! ¿No me envidiaréis? 
{Riendo.) 

Puede que sí, puede que sí. 

Es posible, es posible. {Rien forzadamente. Salen to- 
dos por la puerta del foro que da al jardín. Apenas 
han desaparecido asoman la cabeza y salen de punti- 
llas Francisco^ Gregorio y Chomin.) 
¡Mírala! 

¡Qué encanto de mujer! 

A mí me darían esa mujer, y es como si el viático 
me darían...; a la muerte me pongo. 
Toma, por guapa. {La tira un beso.) 
Toma, por rica. {ídem.) 

Toma, por ser escacha polita. {ídem. Los tres, ya lo- 
cos, empiezan a tirarla besos; empiezan los perros a 
ladrar desaforadamente.) 
¿Pero de qué son estos perros? 
De la Sociedá de padres de familias paresen. 

TELÓN ! 



79 



ACTO SEGUNDO ! I» 

La playa de Zarauz ea ana mañana espléndida de ae-osto Pl J '"'^ 
bhco .olo ha de je. uno de los extrejos de la playf con ^os^ • - 
tres toldos, cuatro o seis sillas de las llamadaS confesonarios I* 
algunas casetas. 

[art 

;atü. 



Niña. 



Mary . 
Niña. 

Catu. 



Mary. 
Catu. 



Niña. 



Marí 



Catu. 



Mary 
Niña. 
Catu. 



Mary. 



Jf^na, Mary y Catuca son tres niñas bien; pe 
sean parla playa, vestidas con trajes de manan 
y sombrillas de colores varios.) "^^nan 

{A las otras.) Mírala... mírala... no ha hecho más qu 
llegar y los que lleva detrás. {Se fijan todas enZ^ 
guien que debe andar por la playa, aún distante de 
sitio en que se encuentran.) 
Creo que se llama Totó. 

it7' ^^^\ ^^ ^^i'^^^ es que hasta el nombre paree 

asi como de una de esas de cabaré' 

Unos dicen que es una prima de ios Santurce . ^ 

otros dicen que no tiene nada de prima, que el pareii 

tesco es más considerable. ^ ' ^ "=' i^«^«^ 

¡Ay, hija, qué intención tienes! 

¡Pero hija, si es que estoy volada! Desde que ha ve fe" 

nido esa mujer se han puesto los prismáticos a dofjÍM 

mil pesetas. ip^p^ 

^•npr'/-^'^" ^^'''''' ^í, ^^ ^^'^^°' y^ la llaman d^k 
cinco o seis maneras: «El disloque de Zarauz., «El tu'SÉ 
multo de la playa:., «El barullo del Océano». 

h.r£c^ ''?'''*'^' ''''^ ^^ fastidiado, hija, porque ncik' 
hay OJOS mas que para mirarla a ella 
Ya ves, yo antes de salir del mar tomaba baños dcj ^cT 
sol... y casi siempre veía, cuando estaba tumbada er ' 
la arena, que detrás de las rocas centelleaban losi 
Wntfo ^t7aí:í^f prismáticos... Pues ahora tomcfco 
baños de sol hasta los días que llueve, y no me mirar 

nJZ2 '^^''-''^■" ^ ""^ ^' ^^^ ^^^a^^« q^e ^na nc 
merezca... siquiera unos gemelos de teatro.. 

II hasta un telescopio, hija!... 

¡Bastante más vales tú que ella! 

Todo es la novedad, porque en casa, ya ves, hasta 

mi hermanito Fefé, que tiene doce años, desde que 

ebtá aquí esa mujer viene a bañarse con lupa. 

I la verdad es que no es para tanto... 



iN'iNA. - jN'o, guapa sí es!... 



Catu 
Mary. 
Niña 
Catu. 

8o 



íja Viene, ya viene!... Callaros. 
¡Mirarla, mirarla; los que la siguen: 
\i todos con los gemelos!... 
¡Cuánto babosol 



ÍOTÓ, 



kí, 



loTÓ 



Jiña. 
Eary. 

ÍIÑA. 

Iary. 

^ATU. 
^JIÑA. 



!■ ?*EPÜ. 
^ARY. 
^EPU. 

det^ATu. 

>ÍIÑA. 



Tony. 

TOTÓ. 

Tony. 

ToTó. 



Y viene tonteando con su primo Tony, que va arras- 
trando los pies. 

¡Es que creo que se ha bañado cinco días con ella... 
y ha cogido un reuma que no se puede mover! 

Y mira los que vienen siguiéndola... Cocolo Casape- 
lanas, Goyito Valsoso y Pepucho Zarazíbar... 
¡Callaros, callaros que ya están aquíl... 

¡Qué expectación en la playa!... ¡Como se bañe hoy 
que hay marea baja, en cuanto entre ella tienen 
que salirse los besugos... de tantos como van a entrar 
a hacerles la competencia! 

Ya, ya... {Por la primera izquierda sale loto con ele- 
gantísimo traje de playa y sombrilla de color. Viene con 
Tony que la sigue cojeando, y apoyado en un bastón de 
muletilla, pero vestido muy elegante. Detrás salen, con 
los prismáticos colgados, tres pollos pera, a la última y 
con los cuellos escotados, sandalias y sin nada a la 
cabeza. Son Cocolo, Goyito y Pepucho, y luego, como 
siguiendo a Totó y a Tony, sale Aniceto, llevando en 
un portamantas de correas, la ropa de baño de 
Totó.) 

{Al salir y ver a las chicas.) Adiós, Trinidad. 
Oye, tú; que ninguna nos llamamos así. 
¡Pero como sois tres! 
¡Ay, qué salao eres, rico!... 

¡Si te envuelven en un papel de estraza... un 
arenque! 

{Con intención y señalando a Totó,) Hasta la vis- 
ta, ¿eh? 

I Ja, ja, ja! {Se van riendo por el lado de las casetas, o 
sea a la derecha.) 
¡Déjalas a esas!... 

¡Tienen una pelusa que se mondan! 
¡Esto sí que es una señora pa tocarla la Marsellesa! 
(^e pasean por el foro.) 

(Que desde que han salido habla animadamente con 
Totó, que ríe y coquetea.) ¡Que sí, que sí y que sí; que 
me baño contigo y que me baño contigo, ea!... 
¡Pero por Dios, Tony, sé reflexivo! ¿Cómo te vas a 
bañar con la gota que padeces?... 
(En tono heroico.) ¡Y qué le importa una gota más al 
Océanol... 

Al Océano, no; pero a tí sí, que no te puedes mover, 
y además, Nene está indignada, y con razón... Dice 
que un reumático como tú no debe bañarse, ni si- 
quiera venir a la orilla del mar... ¡Y me regaña a mí 
porque te lo consiento!... 

Si 



lüNi'. 



fONi'. 



roNi. 



lOTÓ, 



TOTÓ, 



Tony. ¡Pues me bañaré, si tú te bañas, aunque la gofa 
me convierta en chorro! 

ToTó. Además, es que tú abusas; ayer me dijo Nene qf 
llevaste a casa un cangrejo agarrado a un botín. 

Tony. Aunque lleve un chipirón. jNo cejo, Totó; no cejo! 

ToTÓ. Mira que ya no tieries fuerzas ni para sostener las cí 
labazas. 

Tony. No le hace. Y ya sabes tú, Totó^ por qué insisto... S 
ya lo sabes. 

Totó. ¡Porque eres un niño... teñido, pero un niño! ^^^^' 

Tony. Porque adivino que lo que quieres es alejarme de 
playa para quedarte sola con Enrique... 

Totó. ¡Pero, Tony; por Dios! (Ríe.) ¡Eres absolutamen' 
pueril!... ¿Pero es que vas a tener celos?... 

Tony. Sí, Totó, sí... sí... ha llegado la hora de las grande 
confesiones... Sentémonos en un confesonario, qi 
voy a estirar la pierna {Se sientan) ¡que me due 
mucho! 

Totó. ¿Y qué confesiones son esas, vamos a ver? 

Tony. ¡Que he adivinado que amas a Enrique! Y que tenf 
unos 'teelos brutales. 

Totó. (Riendo) ¡Jesús!... ¿Y en qué has conocido que 
prefiero? 

Tony. En todo. Ayer, cuando nos embarcamos los tres pai 
bañarnos en alta mar, me trataste con displicenci 
me dijiste que yo no hacía más que meter el remo 
un poco torcido, y salpicarte de agua... ¡y en caí 
bio, te volviste a él diciendo: «¡Mira éste, qué bi( 
boga!...» ¿Y qué quieres, Totó? ¡Yo no puedo conse 
tir que en tu corazón esté en boga nadie más qi 
yo!... De modo que mi odio a Enrique es africano, 
¡abisinio! . . . ¡Y hoy le echo de casa!... ¡jSí, 
echo!! 

Totó. (Seria.) ¡De ninguna manera! No cometas esa locur 

Tony. Le echo de casa, aunque sea por un balcón; porqi 
si no le echo, le mato. 

Totó. ¡Jesús!.,. 

Tony. Con que tú dirás lo que prefieres: si un estrellac 
un cadáver... 

Totó. ¿Pero estás loco?... 

Tony. Sí, loco; pero loco furioso... de odio a él y de am 
a ti..: A ti, Totó; porque tú, Totó... has levanta 
en mi alma una galerna de amor, a cuyo soplo i 
rioso se han desgajado de mi corazón afectos, deb 
res, pasiones... y todo rueda en tumultuoso troj 
roto y maltrecho... ¡Ay!, ¡mi madre! (Queja amarga 

Totó. ¿Qué ha sido? ! 

^ 1 



(lOYl, 

Pepu. 



Coco, 



Pepu, 



Que al llegar a lo del tropel he encogido la pierna... 
y he visto... las estrellas es poco, la osa mayor. 
{Levantándose.) ¿Estás viendo? Vamos, tranquilízate 
y acompáñame hasta la caseta, que voy a bañar- 
me... y no pienses más en eso de Enrique. 
No he de pensar, si su conducta equívoca mantiene 
mis sospechas. 
¡Estás loco! 

¿Dónde está ahora, que no le veo?... 
¡Qué sé yo!... Ha cogido su caballete y se ha ido a 
pintar. \ 

Sí, a pintar... Pero cuando yo desaparezco, coge su 
caballete y se viene a galope a tu lado... Y eso es 
porque algo secreto existe entre los dos. 
Te ruego que no insistas, Tony. Vas a llegar a mo- 
lestarme. Ya sabes cuánto te estimo, cuánto me in- 
teresas... Enrique me es indiferente. Va a casarse... 
Bueno, pues tú verás lo que haces. ¡Como le prefie- 
ras, mañana las merluzas tienen una indigestión! 
Porque esta noche me tiro al mar desde eL faro. 
Bueno, hijo; eres más complicado y más emociona.n- 
te que un drama de Pirandello. ( Vase hablando por 
la primera derecha.) 

{Que ha estado sentado en la arena^ triste y silencio- 
so.) A ese anciano se le comen las merluzas... ¡Y a 
mí, dada mi enclenquez, se me comen los boquero- 
nes!... Para esta mujer, los hombres son pasto de pe- 
ces. {Vase tras ellos.) 
Va a bañarse, ya a bañarse. 

Sí, sí; se han parado al pie déla caseta. {Miran con 
los prismáticos.) 
El primo se despide... ella entra. 

Y el secretario le da la ropa, quedándose con la capa 
al brazo. 

¡Qué hincha le tengo al secretario ese! 
Pensar que le acompaña hasta la orilla y, una vez 
en la orilla, la despoja de la capa... ¡Que es como 
deshojar una rosa! 

Y luego, cuando sale vuelve a ponérsela. . . ¡Que es 
como hojear una rosa! 

Y algunas mañanas... ¡hasta la emboza!... ¡Embozar 
a Venus! ¡Privarnos de un panorama que ni los 
Andes! 

Ni los Andes... ¡ni los corras!... ¡Esa mujer en traje 
de baño, a dos metros de tus niñas, es para que te 
tires un bocao de entusiasmo y te claves los colmi- 
llos en el cogote! 



GoYi. 

Coco. 
Pepu. 



Coco. 

Pepu. 



GOYI. 

Cogo. 
Pepu. 



GOYI. 

Pepu. 
Coco. 



Pepu. 

Coco. 
. Pepu. 

Chom. 

Coco. 

GOYI. 

Pepu. 
Chom. 



Coco. 
Pepu. 

Chom. 

84 



Oye, Pepucho, tú que eres pirandeliano, ¿qué dií 

blura inventaríamos para quitarle la capa al secrí 

tario, o alejarle de la orilla del mar, para que ai s, 

lir ella, hoy que hay marea baja, tenga que inP 

sin capa a la caseta un larg-o trecho? 

Hombre, esa delicia, que podríamos titular ^El r 

creo de mis niñas», es absolutamente imposible. 

No tanto, no tanto... y callarse, que se me está oc 

rriendo un truco, que si lo redondeo... (Pausa.) iC 

lia, ya lo tengo!... ¡Ya está! 

Pero, ¿cómo que está? 

Nada, que si me pagáis una barrera para los torlpí 

del domingo y me lleváis a San Sebastián en aut' 

yo alejo al secretario de la orilla con capa y todo, i ko 

esa ondina tiene que irse en traje de baño, mondo m 

lirondo, hasta la caseta... y la podéis prismatiqueí! ru, 

a vuestro gusto. ^ 

Hecho. Yo acepto la apuesta. 

¿Pero cómo lo vas a lograr? 

Es una cosa un poco arriesgada... pero yo creo qij 

ese secretario es un alfeñique... y aunque vayamos I 

malas... 

No te fíes. No te niego que tú eres fuerte; pero 

mismo creías de aquel joven polaco... 

¡Ah, sí, Mamporrousky! 

Que luego resultó campeón europeo de pesos pli 

mas, y tú le desafiaste haciéndote el gallito y te di 

una de «mamporrouskis» que te desplumó. 

¡Pero, hombre, no voy a tener siempre esa desgrfín 

cia!... ¿De modo que aceptáis la apuesta? 

Y además te convidamos a almorzar. 

Hecho. Me llevo al secretario con capa y todo. (Pe 

la izquierda sale Chomin.) 

(Saliendo.) Ya me dispensará, señorito Cocolo; ¿la S(i ík 

ñorita Totó es al agua? 

No; todavía no es... 

Pero va a ser de un momento a otro. 

¿Vienes a bañarla tú? 

Tal que bañar no es que digamos... que pa nadan 

mejor que un pes... ya le sobra... pero como se melfi 

adrento y hay resaca, pos le voy con el bote detrás. 

por si le darían calambres o así... 

¡Qué mujer, Chomin! 

Dichoso tú, que la sigues Océano adentro y la vd ípi 

agitarse entre dos aguas, nadando como una sireni «c 

¡Oy, madre!... El otro día la iba yo atrás y se pu8 

a nadarse de pleugeón... y yo loco mirándola... y v 



!C0, 



511, 



DTÓ. 



víIC. 

)CO. 

CPU. 



DCO. 



se hase una plancha, y yo, loco, la miro, y qué co- 
sas me darían a los ojos de tanto mirar, que no la vi. 
Entonces el que hizo la plancha fuiste tú. 
Planchaso que me llevé. Me voy, que al agua se va 
andar, párese. (Vase por la izquierda.) 
Es verdad. Ya va a salir. 
¡Prevenidos! 
¡Ya salió! 

Y siempre con la dichosa capita. 

Y siempre con el dichoso secretario. 

Pues hoy os quito ambas cosas de en medio. Ya ve- 
réis. (Todos con los prismáticos.) 
¡Qué figura!... ¡Qué encanto! 
¡Oy... se la ha visto un poco de pierna! 

Y ahora un hombro. Callaos, que ya está aquí. (Efec- 
tivamente, por la derecha sale Totó envuelta en una 
elegante capa de baño y con traje de lo mismo. La si- 
gue Aniceto. Delante de Totó salen Mary, Niña y Ca- 
titea, con capas de baño.) 

¿Pero has visto qué mitin? 
Es una manifestación prismática. 
Vamos, que no es para tanto; ja, ja, ja. (Vanse rien- 
do por el foro izquierda.) 

(Que se ha detenido a a.rreglarse el sombreólo.) He di- 
cho a Chomín que hoy no necesito el bote. Me inter- 
naré poco. 

Está bien, señora. (Sigue su camino.) 
(Al verla iiasar .) ¡So nereida! 
(ídem.) ¡So ondina! 

¡Quién fuera ola, para acariciarla a usted y ahogar 
a su acompañante! (Totó se rie y continúa por la iz- 
quierda.) 

(Agresivo, dirigiéndose a Pepucho.) ¿A mí? (Se contie- 
ne y al ver que Totó desaparece por la izquierda, se 
va tras ella.) 

¡A usted, si! ¡So antipático! ¡So rodrigón! 
¡Pero, hombre, por Dios! 
Ño le insultes. 
Dejarme, que es mi truco. 

(Mirando.) Ya va a entrar en el agua. Ya se quita 
la capa. 

Ahora se Ja cuelga al secretario. 
¿Que se la cuelga? (Gritando.) ¡So perchero! 
Ya entró. ¡Qué mujer! jEs una exhalación! 
No da tiempo a nada. (Salen un Mño, mirando con 
unos prismáticos, y una Niña detrás, regañán- 
dole.) 



85 



Niña. {De diez años.) Vamos, Quiquín. Como la vuelvas ¡ 

mirar, hemos terminado. 
Niño. (De doce años.) Es que voy a ver si es verdad qu 

ésto aumenta ocho veces las cosas. 
Niña. Jesús, cuando se irá esa señora, para quedarse un; 

tranquila, ^ ^ 

Niño. Sí, sí que aumenta. 1 

Niña. ¿Pero ocho veces? ^" 

Niño. Ocho. Con estos gemelos miras un duro y se te hací 

ocho veces mayor. 
Niña. Pero, ¿a que si un duro se te hace ocho veces mayo 

no te lo toman en ninguna parte? 
Niño. Mira si aumentará que el otro día se estaba bañan df" 

el ama de mi hei^manito, la miré con esto y creí qu 

era un submarino. (Vanse hablando. Por la izquiei 

da sale Aniceto con la capa de Totó colgada al brazo 
Anic. (Dirigiéndose al grupo.) Buenos días. 
Pepu. {A sus amigos.) (¡Ya es mío! ¡Ahora veréis que juga 

rreta!) Buenos días. 
Anic. (En tono agresivo.) ¿Me hacen ustedes el favor de d« 

cirme quién de ustedes me ha llamado perchero? 
Pepu. Servidor. (Me lo llevo con capa y todo.) 
Anic. ¿Y tendría usted corazón piara repetírmelo otra ve: 
Pepu, Y cincuenta y ocho. (¡Veréis qué risa!) Pero no aqu 

Porque aquí hay amigos míos y pudiera parecer ue 

ventaja. 
Anic. ¡Vamos donde usted quiera! 
Pepu. ¿Usted ve el puente aquel que cruza la carretera? 
Anic. Vamos al puente. 
Pepu. Sí, señor; pero como aquello está muy concurrid* 

iremos por una vereda. 
Anic. Vamos a la vereda... 
Pepu. Subimos a la falda de aquel monte. 
Anic. Vamos a la falda... 
Pepu. Y luego, en la otra ladera, que no pasa nadie, 

llamo a usted perchero y puede qile algún otro utei 

silio más denigrante. 
Anic. ¡Vamos allá!... 
Pepu. (Lo tengo hora y media andando.) Vamos. (Mutis pt 

la derecha.) 
Coco. ¡Qué risa! 

GoYi. ¡Se lo lleva con capa y todo! 

Anic. (Vuelve a salir. Llamando.) ¡Chomín, amigo Chomíi 
Chom. (Saliendo.) Ya se manda. 
Anic. Tome usted la capa de la señora para que se la por 

ga al salir, que voy a romperle las narices a un poli! 

y vuelvo. (Vase.) 

86 



Señé 



ím 



hi 



oco. 

OYl. 
HOM. 
OCO. 
HOM. 



rOYI. 

;oco. 



INÍUQ.. 



Mach. 

Nene. 



Mach. 



Nene. 



Mach. 



¡Atiza! 

¡Nos ha reventao! ¡Deja la capa! 
¿Qué ha ocurrido, pues? 

¡Que se va a pegar con nuestro amigo Pepucho! 
Pues narices que l'han terminao a don Pepucho, que 
este don Aniceto parece así cosa poquita, pero tiene 
una fuersa que el otro día no quiso pararse el del 
tranvía y de un tirón parao dejó. 
¡Mi madre, pues lo mata! 

¡Pobre Pepucho!... Mira, vamos a situarnos en este 
lado que lo veremos mejor. {Mutis de los dos foro iz- 
quierda.) 

[Sale por la izquierda con la caja de pintar en la 
mano.) Ya está en el agua. La he visto desde lo alto 
de aquella peña y he bajado para ocultarme en un 
confesonario de estos y abordarla en cuanto salga. 
He observado antes que estaba hablando con Tony y 
eso yo ya no puedo resistirlo. ¡Odio a Tony con mis 
cinco sentidos!... Los celos me devoran. Es preciso 
que elija. ¡O Tony, o yo!... ¡Y como elija a Tony, ocu- 
rre una tragedia!... {Observando) ¡Calle, Nene y Ma- 
chalén, se acercan!... ¡Me ocultaré hasta que pasen! 
{Se oculta foro derecha. Por la primera izquierda sa- 
len Nene y Machalén en trajes de playa elegantes. 
Sombrillas.) 

¿De modo, tita, que estás dispuesta a cantarle a 
Totó las verdades del barquero? 
Si no se las canto, por lo menos se las tarareo. Su co- 
quetismo ha llegado ya a un límite que no quiero 
calificar. Mi marido era viejo, pero me lo ha baflao, 
y eso ya no es un hombre, eso es un chaleco salva- 
vidas. ¡No quiere salir del agua!... 
Ella no hace más que decir: «Confianza, tened con- 
fianza... Veáis lo que veáis, no perder la confian- 
za...» Y yo lo que veo es que el que tiene con ella 
cada vez más confianza es Enrique. ¡Que está loco!... 
No hace más que mirarla, seguirla. Ayer me dijo 
que se iba a hacer una mancha de color. ¡Y cómo 
estará de atontado, que se sentó encima de la pale- 
ta!... ¡Menuda mancha! 

Pues y Tony... Ya ves, cojeando de gota y me lo en- 
cuentro esta mañana por el jardín, arrancándole ho- 
jas a una margarita: si no, si no... Yo no sé que le 
habría preguntado, pero se conoce que le dijo que no 
y empezó a tirarle mordiscos al tallo, con una rabia, 
que metía miedo. 
Pues Enrique a mí ha dejado de hacerme el retrato 

87 



Nene. 

Mach. 

Nene. 

Mach. 

Nene. 



Mach. 

Nene. 
Mach. 

Nene. 



Mach. 

Nene. 

Mach. 

Nene. 
Mach. 

Nene. 

Mach. 



Coco. 

GOYI. 
ÁNTU. 

Coco. 

Antu. 

88 



t ■ 

y, en cambio, se lo está haciendo a ella. Y no ha© 
más que escotarla, y que si la nieve del hombro, ^ 
que SI la nieve del brazo, y vuelta con la nieve ' 
iComo que yo les he puesto en el lienzo una tariefc 
del Club Alpino! 

i Bien hecho, hija, hay que herirlos con la ironía' . 
iQuien me lo iba a decir a mí!... Porque Tony nun 
ca ha sido muy partidario del madrigal, pero vamos 
antes, de vez en cuando me llamaba «mona»; puei 
ahora, ni ese piropo cuadrumano siquiera. 

Y yo, además, estoy que no vivo, porque Enrique s( 
fué anoche a dar un paseo con ella por el jardín ^ 
los perros no pararon de ladrar. 

Sí, a mí también me alarmó, pero luego averigüé qui- 
era que el Aniceto ese, el secretario, le estaba tocan 
do a María Inasi, con el vioiín, el cuplé de ios be 
sos, de El Conde de Luxembiirgo... 
¡Pero qué hombres, tita!... ¡Antes, todo el día en la 
calle! 

Y toda la noche. Y ahora no quieren salir ni los cria- 
dos. Los mandas a un recado y se sortean . come 
parair aMelilla. 

Estoy por decirte, tita, que prefiero a la manicura. 
1 yo a la cancionista. 
Siquiera a esas no las teníamos en casa. 
Sí, sí, hija, tienes razón. Hoy— lo más finamente que 
pueda— pero hoy la digo que se vaya. Y ahora alejé- 
monos. Esperemos a que salga del baño. 
Si, me da asco esta corte de imbéciles que la acecha. 
Y hoy hay pocos. La otra mañana estaba todo Za- 
rauz. 

Me dijeron que hasta el cura. 
No, el cura no viene, 
¡Ya me parecía a mí! 

La ve mejor desde la torre de la iglesia y allí lo tie- 
nes con nn telescopio. 

¡Qué horror y qué asco! (Alutis primera derecha. Por 
el foro izquierda salen Cocolo, Goyito y Antuñano: 
este ultimo es un viejo verde y saca un telescopio que 
enfocará, como los otros los prismáticos, hacia la iz- 
quierda.) 
Ya sale, ya sale. 

Fijarse en Chomín; no acierta a ponerle la capa. 
Lo que no quiere es ponérsela. 

¡Ya viene! (Por el foro izquierda y en dirección a la 
derecha sale Totó cubierta con la capa.) 
{Deteniéndola,) Está usted faltando a la leyenda. 



Ton- 



toxí 



hi 



(Muy amable.) ¿Yo? 

Usted. Venus no surgió del mar con capa. 
Surgió envuelta en su ondulante cabellera. 
¡Claro!, pero surgió asi porque no se llevaba el pei- 
nado a lo garfonne. 
¡Pues es verdad! 

Ni tampoco llevaban prismáticos los langostinos. 
{Hace mutis por la derecha riéndose.) Muy buenas. 
O he entendido mal, o nos ha llamado langostinos. 
Como que nos ha dejado a la vinagreta. 
(Guardando los útiles.) Bueno, se acabó el espec- 
táculo por hoy. 

Coco. ¿Y nosotros qué hacemos? 

GoYi. Vamos a ver si encontramos a Pepucho. 

Coco. A Pepucho o a lo que quede de él. (Hace mutis por la 
derecha. Sale Enrique por el foro derecha.) 

Enkíq. ¡Ya está en la caseta!... ¡Ojalá se levantase una ga- 
lerna que arrebatara esas frágiles tablas, dejándonos 
al descubierto las suaves armonías de ese cuerpo 
glorioso! Bueno, esta mujer me ha puesto a mí en un 
estado de idiotez que para acordarme de cómo me lla- 
mo tengo que mirar una tarjeta. Yo no sé qué hechizo 
se desprende de sus palabras... ¡Qué efluvio de sus 
ojos de diosa pagana!; pagana, sí; pagana!.. 

Tony. (Sale y le da con la moMo en el hombro.) ¡Pa gana la 
que tenía yo de echarte la vista encima, hombre! 

Enriq. ¡Tony! 

Tony. Mud mem, que se dice en la lengua de Molier. ¡Todo 
el día buscándote! 

Enriq. ¡Lo ignoraba!... 

Tony. Cualquiera creería que me huyes. 

Enriq. ¡No sólo no te huía, sino que deseaba encontrarme 
contigo a solas y cara a cara!... 

Tony. Pues aquí estamos ya tet a tet, Y puesto que nuestros 
deseos coinciden, hablemos francamente, Enrique. 

Enriq. Hablemos. 

Tony. Vamos a quitarnos las caretas. 

Enriq. Y las caras, si es preciso. 

Tony. Com vu vudré, que se dice en el idioma de Mo- 
lier, 

Enriq. Bueno, Tony; déjate de francés, porque ya es mucho 
Molier, y en castellano neto dime lo que quieras. 

Tony. Pues quiero decirte que extremas demasiado tus so- 
licitudes y tus atenciones con Totó y que no estoy 
dispuesto a consentírtelo. 

Enriq. ¿A título de qué? 

Tony. A título de pariente de Machalén, con la que estás 



Enriq. 
Tony. 

Enriq. 



Tony. 
Enriq. 

Tony. 



Enriq. 
Tony. 

Enriq. 

Tony. 

Enriq. 

' Tony. 
Enriq. 

Tony. 

Enrtq. 

Tony. 

Enriq. 
Tony. 
Enriq. 
Tony. 

Enriq. 
Tony. 



Enriq , 
Nene. 
Enrtq , 



90 



prometido en matrimonio y a la que engañas villana- 
mente en mi propia casa. 
¡Tony, eres un farsante! 

Enrique. {Enarholando la muletilla.) ¡Mira lo que 
dices o te muleteo !.,. 

Repito que un farsante, porque lo que menos te im- 
porta a tí es Machalén... y lo que más, que te devo- 
ran los celos. 
¿Celos yo? 

{7 rágicamente y bajando la voz.) ¡Celos tú, sí!... ¡Por- 
que imaginas que Totó me prefiere!... 
¡Pues bien, sí, ea!... ¡Echemos fuera el corazón!... No 
es que tenga celos, no; es que yo adoro a esa mujer, 
sé que me ama y no quiero estorbos a mi lado. 
¡Y quieres que me vaya de tu casa! 
¡Eres un fakir indio adivinando indirectas! 
Pues bien; oye mi resolución irrevocable... ¡No me 
da la gana de irme de tu casa!.., 
¡Gorrón! jTe echaré a puntapiés!... (Al ir a dárselo da 
un grito de dolor.) ¡Ay, mi pierna! 
Ya sabía yo que no harías efectiva tu amenaza, ¡so 
gotoso!... 
¡Miserable!... 

¡ Y no me voy de tu casa porque no quiero separarme 
de Totó, que me ama locamente! 
¡Mientes, villano! 

¡Como me insultes te hago un efecto de luna en el 
cráneo! (Le amenaza con la caja de pinturas.) 
¡Pues si no te vas, la tragedia es inminente! Se lo 
contaré todo a Machalén. 
Y yo a Nene. Y veremos quien pierde más. 
¡Nos batiremos! 
¡A muerte! 
¡Miserable! 
¡Idiota!... 

¡Toma!... (Levanta la muletilla para pegarle; pero ve 
a Nene que aparece en aquel momento por la derecha, 
y cambiando de tono y de actitud, igual que hace JEn- 
rique, le dice con la mayor naturalidad del mundo:) 
Toma por aquel sendero, subes a aquel altito y divi- 
sarás el más bello panorama que has soñado en tu 
vida, para un cuadro. 
Tantas gracias. 
¿Pero qué os pasaba? 

Nada, que iba a darle con la caja... el boceto del 
cuadro que me han encargado en el Casino para que 
se lo llevara, porque me ha dicho que se marchaba a 



TOTÓ. 

Enriq. 

TOTÓ. 

Enr[Q. 



buscarlas a ustedes... ¡Dice que se encuentra malí 

Claro, la proximidad del mar. 

(Aparte.) ¡Bandido! 

Pues yo estaba alarmada, porque os veía discutir con 

un calor... 

Treinta grados a la sombra... 

No, y que yo, además, ¡hay que decir la verdad!... 

le estaba regañando. No debe venir a la playa. 

Todos los días se lo repito y en todos los tonos, y no 

me hace caso. 

Pues hay que llevárselo, aunque sea a la fuerza. 

¡Qué Enrique este!... ¡Le voy a dar un par de mulé- 

tazos... y le voy a matar! 

¡Nada, a casa; a casa! 

¡Tiene razón, tiene razón!... {Se va con Tony, discu- 
tiendo, por la primera derecha.) 

¡Ya me lo he quitado de encima!... ¡Me deja el campo 

libre!... ¡El canalla, querer echarme de su casa!... 

¡Mientras esté Totó, como no me den el cloroformo 

no me sacan de allí! [Sale Totó, ya vestida en traje de 

playa, por el foro derecha.) 
¡Buenos días, excelso artista! 

{Encantado.) ¡¡Ella!! 

Hoy ha venido usted más tarde. 

En efecto, y esta tardanza me produce ahora una 
gran alegría. 
¿Por qué? 

Porque veo que usted la ha notado. 
¡Jesús! Es usted muy pretencioso. 
Muy avaro de todas sus sensaciones. 
Y mi primo, ¿no está por aquí? 
Acaba de irse. 
¿Pero volverá? 
Qué sé yo. 

¡Ah! ¿Usted cree que no volverá? 
¿Le desagrada que no vuelva? 
¡Claro que sí, y mucho! ¡Mi primo es tan simpático, 
tan interesante! 

Sí, todos ios gotosos son muy interesantes. Se les ve 
cojear..., ¡y su cojera tiene un balanceo tan melan- 
cólico!... ¡Él salicilato es de una poesía!... 
{Riendo.) ¡Es usted de una crueldad neroniana! 
Es que me molesta™¿por qué no ser franco?— la ex- 
cesiva amabilidad de usted con su primo. 
¡Que le molesta!... Cualquiera creería que está usted 
celoso. 
Y aunque así fuese, ¿qué? Soy libre, soy joven, soy 

91 



TOTÓ, 



Enjiiq 

ToTÓ. 

ESRIQ, 
TOTÓ. 

Enriq. 

ToTÓ. 

Enriq. 



ToTÓ. 



Enríq. 

ToTÓ. 



■bNRIQ. 
ToTÓ. 

Nene. 

ToTÓ. 



Enriq. 

ToTÓ. 

Enriq. 
ToTÓ. 

Enriq, 

ToTÓ. 



pintor... ¿Por qué ha de extrañar que me enamore de 
enSto?^' ^^ belleza, de su extraño y perverso 

¡Cuidado, que me voy a figurar que me hace usted el 
amor! 

. ¿Y qué tendría de particular? Soy libre, soy ioven 
soy pintor... j j^y^u, 

Joven, bueno...; pintor, usted lo dice,..; pero libre 
libre, no. ^ ^^^ «=..., 

¿Se reñere usted a mis relaciones con Machalén^ 
Relaciones que pronto se convertirán en alffo más* 
C¿uien sabe, (Con resolución.) Puede que ya no 
{fingiendo asustarse.) ¿Qué dice usted^ 
Digo, Totó, que desde que la he conocido a usted 
siento en mi espíritu una inquietud de amor y un del 
seo de su presencia, que no me dejan vivir . y to- 
dos^los días, todos, cuando nos quedamos solos quie- 
ro aecir a usted alg-o que no me atrevo a decirle v 
que hoy... ^ 

(Levantándose.) ¡No, no me lo diga usted tampoco; 
f^ ?J^A^ memoria! (Suspirando y con mía gran 
frivolidad.) ¡Ay, y lo triste es que me es usted muv 
simpático, pero muy simpático! 
(Encantado y con pasión.) ¿De veras, Totó? 
(En el mismo tono de ingenuidad.) De vera?/ v sin 
embargo... En fin, vamonos..., porque... me dk el co~ 
razón que voy a hacer una tontería... ¡y ya es ate- 
rrador el número de las que llevo hechas! De modo 
que olvídeme usted, Enrique... mejor será. 
¡Munca!... ¡Totó, es usted adorable! 
(Riendo.) Lo creo; aunque no sea más que por las ve- 
ces que me han adorado. 

Es que yo la adoro como seguramente no la habrá 
adorado ninguno. 

También me lo han dicho muchas veces igual y lo 
gracioso es que nunca lo he creído, y ahora, que tam- 
poco lo creo, no sé por qué... siento allá dentro, en 
mi corazón, muy escondidita, la pena de no creerlo... 
vamos, vamos... 

¿Qué (|uiere usted decir, Totó; es que acaso?... 
Nada, nada, Enrique... Lo único ameno de la vida, es 
la frivolidad... ¡No salgamos de ella!... 
¡Pero cuando una pasión...! 

¡Chits!... ¡silencio!... ¡Eso es muy grave!... Yo estoy 
aqm^ cumpliendo un encargo... y no puedo salir de él. 
¿Que encargo? 
ün encargo que me dio... la Providencia. Un difícil 



encargo que ya me pesa... Déjeme usted acabar mi 
misión... y luego... procura usted olvidarme, y... y 
yo... {Baja la cabeza emocionada.) 
{Apasionadamente, trata de cogerla la mano.) ¡¡Totóü 
{Conteniéndole cariñosamente.) Vamos a dar un pa 
seo; si viera usted, después del baño, qué bien me 
sienta pasear... 

¡Pero, por Dios, Totó, mí pasión!... 
¡Chitsss... (Riendo) que le he dicho que nada de co- 
sas graves!... Mire usted ese niño que sale del agua... 
¡qué encanto!... ¡Qué amor de niño, con su pelito de 
oro!... (Vase seguida de Enrique por el foro izquierda. 
Nene y MachaUn por la derecha.) 
íMira qué frescura!... ¡Se van juntos!... 
¡Y él parece que se la quiere comer!... 
¡Qué encanto de niña! ¡Vaya una fresca! 
¡Me explico el éxito que ha tenido en el Ecuador!... 
¡Y luego nos viene con su monserga!...: «Por Dios, 
confianza, mucha confianza. Veáis lo que veáis, ab- 
soluta confianza.» ¡Ahora verás tú cómo la digo que 
tenemos tantísima confianza con ella, que estamos 
deseando que se marche!... ¡Más confianza!... 
¡Por Dios, tita! Nada de alterarte. Nosotras somos 
nosotras. Lo que tengas que decirle, se lo dices, pero 
con compostura. 

Sí, procuraré usar la compostura, porque como esto 
siga y le coja yo un día las naricea a mi marido^ no 
sé si sería posible ya la compostura. 
Energía, pero serena. 

Lo que siento es no dominar las lenguas que ella do- 
mina, para molestarla en seis o siete a la vez...; pero 
por lo menos en francés, la voy a decir lo que le de- 
cía el otro día la doncella al chófer de enfrente, que 
es de Hendaya: «Tasporté come un cocher». 
Pues si vas a hablarla, llámala, que se alejan. 
{Fuerte, llamando.) ¡Totó!... ¡Rica, hija mía, haz el 
favor, monina!... 
¡Sí, que vengas! 

Pero tú sola... Enrique que siga... Le digo que siga, 
porque está de cara al mar; a ver si se ahoga. 
Sí, unas palabritas. 
{Saliendo.) ¿Me llamabais? 
{Secamente^ Oui. 

Y perdona que te hayamos cortado el idilio. 
El segundo idilio... porque el primero le había cele- 
brado ya, aquí mismo Tony... 
Ya, ya... (¡A que le digo lo del cocher!) 

93 



TOTÓ. 

Nene. 

TOTÓ. 

Mach. 
ToTÓ. 



Nkné. 
Mach. 

ToTÓ. 

Nene. 

TOTÓ. 



Nene. 

TOTÓ. 



Mach. 

ToTÓ. 



Nene. 

ToTÓ, 



Y apropósito... hace dos días que no me habláis de 
mis triunfos ni me felicitáis. Supongo que no estaréis 
quejosas; los pájaros antes tan volanderos, ahora no 
se mueven del nido. 

No, mi marido no es fácil que se mueva... ¡Y cómo le 
toleres otro baño, te va a hacer el amor en carrito! 
¡Pero, Nene, me extraña el tono!... ¿Es que estáis 
disgustadas? 

No, no, quiá... ¡contentísimas! Ahora, que si piensas 
seguir reteniéndonos a los pájaros, lo único que te 
suplicamos es que, aunque los enjaules, no te los lle- 
ves. 

No se necesita ser muy lince para comprender que os 

vais arrepintiendo un poco de la confianza que me 

otorgasteis... 

Pero es que toda confianza tiene un límite. 

Y cuando una mujer tan discreta como tú olvida ese 
límite, es que alguna razón poderosa... 

¡Bah, bah, bah!... Bueno; basta, basta. 
No, no basta. 

Sí, basta. Desde que empezasteis a hablar, me hice 
cargo de vuestras indirectas. ¡Estás celosa de tu pin- 
tor!... ¡Y tú de tu marido!... ¡Claro!... (Volviendo a su 
tono festivo.) ¡Es gracioso; combináis un plan, para 
buscaros la tranquilidad y un cariño que se os esca- 
paba y escogéis como intérprete a la prima de To- 
tó!... ¡la prima, que por sus condiciones y su carác- 
ter frivolo, era materia a propósito!... Ruegos, súpli- 
cas... la prima acepta y pone todo su cuidado o toda 
su ligereza en hacerlo lo mejor posible, y cuando 
cree que está resolviendo la tranquilidad de un ho- 
gar, resulta que... {Riendo.) ¡Es gracioso!... ¡Estupen- 
damente gracioso! 
¿Pero es que encima te burlas? 

{Riendo.) ¡Yo, quiá; yo qué he de burlarme!... Digo 
simplemente, que me habéis utilizado a vuestro an- 
tojo y, sin averiguar si yo podía, en la farsa, perder 
algo de mi dignidad o de mis sentimientos, cometéis 
ahora la indelicadeza... 
¡Totó, mira lo que dices! 

Está bien mirado... Cometéis, repito, la indelicadeza 
de echarme en cara el éxito de vuestra misma propo- 
sición... 

Mujer, nosotras no te hemos dicho... 
¡Terminemos! Cada mujer tiene el marido que se me- 
rece!... Sois dignas de la manicura y de la cuple- 
tista. 



94 



Oye, tú... 

No tengo nada que oir. Podéis estar tranquilas. Esto 
lia terminado. Porque ahora mismo me marcho de 
Zarauz. 

¿Que te marchas? 

A Santander... a seguir mi vida, interrumpida para 
mezclarla en la prosa de la vuestra. No me perdona- 
ré jamás esta vulgaridad. ¡Hasta nunca! (JSace mutis 
izquierda.) 
¿Qué te parece, tita? 

Pues que pensábamos ponerla como un trapo y re- 
sulta que ha sido la que... la que se ha dado por 
ofendida, 

Y dice que se marcha. 

Eso tenemos que agradecerla, que se vaya espontá- 
neamente, porque si se lo indico yo, es capaz de echar- 
nos a nosotras. {Por la derecha sale Tony; poco des- 
pués^ por la derecha, Enrique.) 

{Saliendo con un ramo de rosas de pitinfiini.) ¡Rosas! 
¡La flor preferida! ¡Yo se las hubiese traído de Ben- 
gala, pero está tan lejos! Y por aquí no se encuen- 
tran más que estas de pitiminí. 
{Fijándose en él.) ¿Pero Tony, cómo es que vuelves? 
Pues hija, vengo de... rositas; ya lo estás viendo. 
¿Y para quién es ese presente? 
Pues para la primera que se presente... Para tí mis- 
ma. {Se lo da.) 

Gracias; ya hacía tiempo que no me obsequiabas con 
flores. 

Porque no ha habido ocasión; pero acuérdate del do- 
mingo pasado que por la mañana te traje de San Se- 
bastián un ramo de claveles, por la tarde uno de 
campanillas y al oscurecer uno de Don Diego de no- 
che. 

Sí, lo recuerdo, sí. ¡Qué dominguito de ramos! 
{Saliendo por la izquietda.) ¿Es verdad lo que me 
acaba de decir Totó? 
¿Que se marcha? 

Sí, me ha dicho que se marcha. Pero que ahora 
mismo. 

Pues te ha dicho el Evangelio. 
¡Cómo!... ¿Que se va Totó? 
Sí, se marcha a Santander. 
Dice que a seguir su vida. 
Esa vida frivola y loca. 

Bueno, pero ¿qué ha ocurrido para semejante deter- 
minación? 

% 



Tony. 

Mach. 

Nene. 

Mach. 
Enriq. 



Néné. 

Enriq. 

Mach. 

EliRIQ. 

Mach. 
Enriq . 
Tony. 



Mach. 

Enriq , 

Nene. 
Tony. 



Enriq. 
Tony. 



Enriq. 
Tony. 
Enriq. 
Tony. 

Nene. 
Mach. 
Tony. 

Eneiq. 
Tony. 



96 



Vosotras ie habéis dicho algo... Indudablemente U 

nabeis dicho algo. 

Nada. 

Yo pensaba decirle una cosa en francés, pero no me 

ha dado tiempo. 

{A JBnrique.) ¿Pero qué te pasa; por lo visto te preo 

cupa la marcha de la primad 

(Disimulando,) ¿A mí? ¿por qué? ¡La marcha de la 

m7 maí!?ha ^i» cuidado! Lo que me preocupa e^ 

¿Cómo tu marcha? 
Sí, mi marcha. 
Pero ¿es que te vas? 

Si me voy; pero me voy contra mi voluntad. Despe- 
dido, arrojado... Es preciso que lo sepáis todo. 
¿Despedido? ¿Por quién? 
Por Tony. 

¡Hombre, yo! (Aparte.) Este sinvergüenza se apro- 
vecha ahora de lo que le dije para largarse tras ella; 
no, pues a mi no me gana la partida. 
¡Pero es posible! ¿Mi tío te ha dicho que te vayas? 
No hará quince minutos; en este mismo sitio 
¿Que dices a esto, Tony?... 

S!SnJ^''n-f ^^^4^^; q^e él y yo no podemos seguiíl 
juntos. Diferencias de carácter..., de apreciaciones^ 
artísticas, incluso de aseo personal... El se pasa el día 
haciendo manchas...; yo, ya sabes lo curioso queJANic, 
soy Discutimos, y acaloradamente le dije no sé qué 

L?r ?f ^',?^f ^' T^' ""^"^^ y^ '^y incapaz de amar- 
garla felicidad de nadie, y menos de una sobrina Gon 

mdá ^^^^ ^^^^ ^ ^^ ^^^ ^^- P^"^ '^^^ ^®^P°" 

(Aparte.) ¡Qué tío más vivo! (Alto.) Nunca. El está 

en su casa y yo soy un extraño: me voy yo. 

bi; pero yo sé lo enamorado que está de Machalén v 

el dolor que le produciría una separación; de modo 

que me voy, y ahí queda ese. 

¡Me voy yol 

¡Yo! 

¡Yo!^ 

¿Estáis viendo cómo no podemos estar juntos? 
¡Pero Tony! 
¡Pero Enrique! 

i1 y^^'l''^^'''^ ^^^^' ^^^^'* rétenlo; no le dejes que 
Turbar yo la felicidad de nadie. ¡No faltaba más! k. 



¡n. 



ÜSNl 

UiCi 



Axic, 



SOYI 

Cocc 

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Anic. 



I Coco 
j ínic, 
¡ Gen, 



Ehriq. 



Mach. 
KsNé. 
Mach. 
Nbné. 
Uach. 

N»NÉ. 



\jjie. 



&OYI. 

Coco. 

GrOTI. 



I ^NIC. 



GOTI. 

Anic. 



Coco. 
Anic. 

GOYI. 

Anic. 



Pepu. 

Los DOS. 



¡Mis maletas! ¡Mi auto! Mis perros, digo mis... sali- 

cilatos. (Mutis por la izquierda.) 

¡Vivir en una casa contra la voluntad del dueño! 

¡Nunca! (Marchándose.) ¡Mis maletas! ¡Mis lienzos! 

¡Mis pinceles!... (Mutis por la izquierda.) 

¡Se van, tía; se van! 

Sí, hija mía: se van. 

No debemos consentirlo. 

¿Y crees tú que nos harán caso? ¡Se van tras ella! 

(Haciendo mutis.) Pero, ¿qué es esto, tía? ^-Oaé es 

esto? 

(Sentenciosamente.) Esto es nuestro Güaterló. ¡Pero 
déjate, que nosotras también nos vamos, y ¡ay de 
ellos y de ella! (Hacen mutis las dos por la izquierda; 
por la derecha, aspeado, rendido materialmente, hecho 
un trapo, sale Aniceto y se deja caer en la silla.) 
¡No puedo más! ¡Me chillan los pies! ¡Me crujen los 
huesos! ¡Me bailan los ríñones! ¡Qué carrera, Dios 
mío! ¡Qaé carrera! Si la sigo en Madrid, a estas 
horas soy perito agrónomo. (Por la izquierda salen 
Goyito y Cocolo.) 

¿No te decía yo que era el secretario? Míralo. 
Sí, es verdad. 

Vamos a preguntarle qué ha sido de Pepucho. {Se 
acercan a él.) ¿Tendría usted la amabilidad, y usted 
perdone, de decirnos qué ha sido de su contrincante? 
Pues mi contrincante, al llegar al frente, se fijó en mí 
y me dijo que, para repetirme lo de perchero, tenía 
que volver por la capa. 
Lo diría por ponerse en situación . 
Lo dijo por burlarse, pero como de mí no hay quién 
se burle, le di un puñetazo en el vacío y le asesté un 
segundo, que dio también en el vacío, porque enfiló 
la carretera de la costa y apretó a correr que, para 
qué les voy a decir a ustedes..., se tragaba los kiló- 
metros con una velocidad que los automóviles a su 
lado parecían patinetes. 
¿T no. logró usted alcanzarlo? 
A ese no le alcanza ni un indulto. 
El caso es que yo tenía que darle un encargo. 
Pues telegrafíeselo a Bilbao, que a estas horas estará 
llegando. (Se sienta en un confesonario, quedando 
oculto. Por la derecha sale también jadeante, rendido 
y maltrecho Pepucho-, se dirige a las sillas, pero al ver 
a sus amigos se contiene y disimula el cansancio.) 
jHola, queridos! 
¡Pepucho! 



97 



GoYi. ¿De dónde vienes? 

Pepu. {Dándose importancia.) Ya os lo podéis suponer: de 
darle una paliza al antipático del secretario, que lo 
he reventado; pero que lo he reventado. 

GoYi. (De guasa.) ¿Ah, si? 

Coco. (ídem.) ¿Al otro lado del monte, verdad? 

Pepu. Ca, hombre; yo no me he podido esperar, y se la he 
dado en la carretera; le he dado una de patadas, que 
traigo los pies como si hubiese corrido quince kiló- 
metros; ese no vuelve más por aquí. (En este momen- 
to sale del confesonario Aniceto . ) 

Anic. (Saliendo.) ¡Embustero! 

Pepu. ¡Mi madre! ¿Qué es lo que veo? ¡El secretario! 

Anic- Ahora me puede usted decir lo de perchero. 

Pepu. Y se lo digo; pero aquí no; usted ve la carretera... 

Anic, (Levantando el puño.) El que no la va a ver es usted. 
(Pepucho aprieta a correr por la derecha como alma 
que lleva el diablo.) 

Chom. Si va a seguirle detrás, ya me lo dirá, que la señora 
le está buscando. 

Anic. ¿Quién, yo? ¿Correr detrás? Pero, ¿usted sabe quién 
es ese? 

Chom. ¿Un galgo o así? 

Anic. ¡El rápido de Irún! 



I 



TELÓN 



ACTO TERCERO 



TJn gabinete del gran Hotel del Sardinero, en Santander. Primera. '^^ 
izquierda, puerta de entrada; lateral derecha, puerta que da entrada ;T 
a la alcoba; en el foro, ventanal de cristales, no muy grande, por 
el que se verá el jardín, pero que dé idea exacta de que el gabinete 
está a un metro del suelo. Muebles adecuados: una mesita en el cen- 
tro; sobre las sillas, maletas abiertas y ropas extendidas en desor- 
den; sombrereras; la ventana del foro aparece abierta. 

(Al levantarse el telón son las nueve de la ma- 
ñana. Aniceto, con un pijama ridículo, está junto 
a la puerta de la alcoba, o sea la de la derecha, j/h 
toca en el violin la conocidísima frase de La Tem- 
pestad, «Despierta, niña, despierta,— que el día 
avanzando va». Al terminar la frase deja de tocar 
y aplica el oído a la puerta.) 
Anic. ¡Pues no despierta!... Y eso que esta frase de Laf 
Tempestad está indicadísima... Y si no despierta con 
La Tempestad no sé con qué despertarla... Como no 
sea con las Campanas de Carrión!... ¿Qué tocaría yo 
que la diese una idea de que ya ha salido el sol?. .. 
98 



Ci 



!Ah, sí!... (loca la conocida frase de ^La casa del 
oso^.) 

«Al salir el sol 
canta la perdiz.» 

(Al acabar la frase se oijen dentro tres golpes dados 
en la puerta.) ¡Lo de la perdiz ha hecho efecto» Sí 
porque ha dado tres golpes. * 

{Desde dentro.) Ya salgo, Aniceto, ya salgo. 
¿Continúo con la perdiz o ataco con un salutem plu- 
riman? 

(Saliendo en elegantísimo pijama.) No ataques nada. 
porque ya estoy aquí. 
(Dando un grito al verla.) ¡Ah! 
¿Qué te pasa? 

¡Que tiene usted un aparecer que no sabe uno qué 
ejecutar, si El salto del pasíego o Don Quintín el 
amar gao!... (¡Mi respetable madre, qué idealidad!) 
Ya te he dicho que como romántico admirativo, no 
me agradas gran cosa; te prefiero como campeón de 
pesos plumas; a propósito: ayer, cuando llegamos 
aquí al Sardinero, me pareció ver en el hall del ho- 
tel un affiche anunciando un match de boxeo para 
hoy en lucha libre; ¿por qué no tomas parte? 
¿En un match de boxeo? ¡Imposible! Yo no estoy ya 
para boxeos, y menos para matchs. 
¿Qué dices? 

Que para matchs ^ menos. 

(Riendo.) ¡Bueno, hombre, bueno! (Toca el timbre.) 
Ayer me salió en Zarauz un señor que me quiso dar 
carrera... 
¿Un protector? 

Un autociclo... Dieciocho kilómetros, a cincuenta por 
hora, me hizo correr... De modo que me he quedao 
que para tocar el violín me tengo que arrimar a un 
tabique. 

Pues no pensemos más en Zarauz, Aniceto; a tí te han 
cansado y a mí me han rendido..., y toca en tu vio- 
lín el gloria in excelsis, porque hoy te voy a dar una 
alegría. 

(Entusiasmado.) ¿Una SilegrísL a mí?... ¿Qué quiere 
que toque: La alegría de la huerta, Las alegres coma- 
dres, La alegre trompetería?.. . 

No, nada de músicas; hoy no estoy filarmónica. {Por 
la izquierda aparece Cristeta, camarera del hotel.) 
¡Diga la señora! 

99 



ToTó. Oiga, ¿cómo me dijo ayer que se llamaba, que ya ui 
me acuerdo? 

Grist. Cristeta; pero en el hotel me llaman Cricrí. 

Anic. Pues le han quitao lo mejor. 

ToTó. Bien, Cricrí; tenga la bondad de traer dos desayu- 
nos. Té para mí y para mi secretario..., ¿usted qu 
quiere tomar? 

Anic. (Con loca alegría.) Pero, ¿cómo voy a...? 

ToTó. ¿A desayunar conmigo?... Sí, hombre, sí; pues esaeí 
la alegría que le iba a dar. 

Akic. (Loco.) ¡Inmensísima!... ¡Inesperadísima!... ¡DesayU' 
nar con ti..., digo con té!... Porque yo, amable Cris 
teta, y perdona que no te quite nada, tomo lo mismo 
que la señora. 

Grist. Entonces, ¿traigo dos tés? 

ToTó. Sí, para mí trae té. 

Anic. Y para mí trae té... y tráete seis panecillos..., si pue- 
den ser vienas, mejor que brioches. 

Grist. ¿Los tés completos? 

Anic. El mío que rebose. 

Grist. (Haciendo mutis.) ¡En seguida! 

Ame. (A Totó.) Yo también vuelvo en seguida. 

ToTÓ. Pero, ¿dónde vas? 

Anic. A cambiar de indumento. ¡A hacerle el honor al 
desayuno! 

Totó. {Riendo.) ¿Te vas a poner de saqué? 

Anio. De saqué, no; pero me voy a poner una trabilla que 
tengo, color manteca, que le va muy bien al té. ¡Soy 
una centella! {Mace mutis también por la izquierda.) 

Totó. {Riendo.) ¡Como quieras! Realmente, este Aniceto es 
uno de los hombres más encantadores que conocí ja- 
más... Es un tonto definitivo... No es como casi todos 
los hombres, que tratan de disimular de algún modo 
su tontería... ¡Nada, éste no!... Este tiene la deliciosa 
sinceridad de su estupidez... Es realmente un caso 
interesantísimo... {Echando una mirada alrededor.) 
Anda, y cómo está todo esto... ¡Qué desorden!... 
¡Pero, claro, tuve que salir de Zarauz precipitada- 
mente!... ¡Zarauz!... {Con melancolía.) ¡Yo sé por qué 
me emociona su recuerdo!... ¡Pero, en fin, es mi sino: 
encrespar las almas... y luego tenerme que alejar 
para que se restituyan a la calma de sus vulgarida- 
des!... {Dejando de arreglar lo que estaba en desor- 
den.) ¡No tengo paciencia!... ¡Ya hará un rato la ca- 
marera para arreglarlo! {Cristeta sale con una ban- 
deja y, en ella, dos servicios de té con tostaditas. Sobre 
la bandeja viene una tarjeta.) 

109 



(Desde la puerta.) ¿Se puede? 
Sí; pase, pase, Cricrí. 

{Entra y coloca el servicio sobre la mesita del centro.) 
¿Desea algo más la señora? 

Nada... digo, sí; haga el favor de entrar esas sombre- 
reras en la alcoba y, al mismo tiempo, abra la ven- 
tana que da al jardín, que se renueve el aire. {Pasa 
un camarero por el foro y, asomándose a la ventana 
y sacando medio cuerpo, le dice a Cristeta^ que está 
cogiendo las sombrereras:) 

(A Cristeta.) Oye, tú, que no se te olvide decirle a la 
señora lo que te ha encargao el metre d'hotel. (Vase.) 
¡Ay, es verdad! 
¿Y qué encargo era? 

Pues que me ha dicho el metre que a ver qué dispo- 
ne la señora de los perros, porque no pueden estar 
sueltos. 

¿Pues qué han hecho? 

Que han mordido a un botones que traía un besa- 
lamano. 

¿Ah, un besalamano?,.. ¡Claro! Pues, nada, que lo» 
aten. {Entra Cristeta en la alcoba, o sea en la dere-^ 
cha.) ¡Una tarjeta! A ver.., {La coge y la lee.) «Anto- 
nio Santurce, marqués de Calauva.— Novelista por 
prescripción facultativa». ¡Dios mío, una tarjeta de 
Tony! Pero ese necio, ¿me habrá seguido?... 
(Que sale.) Ya está abierta la ventana. 
¿Quién trajo esta tarjeta? 

Pues un señor un poco cojo, que está ahí fuera, y 
que desea que la señora lo reciba. 
(¡Lo que suponía!... Me ha seguido. ¡Habrá que oír 
a Nene!... Pues, nada, yo le voy a hacer algo que lo 
consterne. Dentro de veinte minutos está caminando 
hacia Zarauz a noventa por hora). (Alto, a la cama- 
rera.) Dígale que pase. (Cristeta hace mutis por la iz- 
quierda,) ¡Este imbécil es más peligroso que Aniceto! 
{Por la izquierda, con guardapolvo y gorra de viaje, 
que sacará doblada en la mano; en tono heroico.) 
¡Heme aquí! 

¡Con que heme!... ¿Y quién te ha mandado que te he- 
mes aquí? 

(Entrando.) ¿Y me lo preguntas, Totó?... A la orilla 
del Océano, ¿no te pinté mi pasión mientras el mar 
lamía nuestras plantas? 

La tuya sí me la pintaste... Me habéis pintado mu- 
cha» tonterías en Zarauz; pero la mía, ¿no te dije 
que era imposible? 



Tony. ¡Ah, Totó!... ¡Vengo dispuesto a todo!... Y no me 
niegues la dicha de que mi alma se sumerja en tu 
amor para que emerja... (Aterrado, fijándose en U 
inesa.) ¡¡Oye!!... 
Totó. ¿Qué te asombra? 
Tony. ¡¡Q^e aquí hay dos desayunos" 
Totó. Dos . 

Tony. ¿Se me ha adelantado, acaso, Enrique? 
lOTó. No, por Dios, ¡qué locuras piensas! 
loNY. Ya decía yo; porque ese, de venir, viene en bicicle 
ta. No dispone de otro vehículo... Pero ¿cómo ios 
desayunos son dos, si tú eres una? 
loTÓ. Presentimientos. Me daba el corazón que hoy iba a 

desayunar acompañada. 
Tony. Luego, ¿me esperabas? (Oon alegría.) 
A OTÓ. Sí, Tony, sí... ¿Qué novelista eres que no penetras en 

estas pequeñas psicologías? 
Tony. Luego, ¿oae amas, Totó? 

Totó. Limpíate..., siéntate... y desayuna conmigo, Tony... 
Al amor no le preguntes cuándo llega. ¡Viene de 
puntillas!... Le gusta sorprender. 
Anic. (Por la izquierda; viene de punta en blanco, con una 
gran orquídea en el ojal de la americana. Sale de 
puntillas y rápido.) ¡Heme aquí! 
Totó. /Otro que heme! 
Tony. Oye, ¿quién es esta media tostada? 
loTó. -^i secretario; ¿no lo has conocido? 
Tony, Como tiesto no tenía el gusto... 
Anic- Perdone la señora si he irrumpido... 
Totó. Nq, el que tiene que perdonar eres tú. Acaba de lle- 
gar inesperadamente mi primo y le he invitado a 
desayunar conmigo. 
Anios Adiós, tú... digo, adiós té. 
T<^Tó. ¿Qué? 
Anic. No, nada... 
Totó. Desayune en el jardín. 
Anic. (Con rabia y tristeza, se arranca la flor y la tira.) 

¿Y para esto me he florecido? 
Tony., Pollo... (Señalando laflor.)qaQ se le ha caído elrepollo. 
Anic. (Con desprecio.) ¡Que lo cuezan! 
Tony. Con que toque la marcha de los Nibelungos, y el te 

cabe la fronda. 
Totó. ¡Ah, y cuida de los perros, que se ha quejado el 

met7'e\ 
Tony. ¿Se ha quejado el metre?... Pues al que han mordido 
ha sido a un botones... ¡Esto es una vida de perros... 
(Vase por la izquierda.) 
102 



¿Te sirvo? 

Espera un poce, que se haga más. A menos que a ti 
te guste... 

A mí me place como a ti te plazca. 
¡Qué placentero vienesl ¿Y qué has dejado en Zarauz, 
Tony? 

He dejado la vulgaridad, la monotonía, la insipi- 
dez... y arrollándolo todo, entre una nube de polvo 
incendiada por el sol de la mañana, he venido vo- 
lando hasta tus pies. 
¡Eres magnífico, Tony! 

Y además traigo un programa brutal. 
¿Un programa? 

Sí, Totó. Desde que te presentaste en casa y te oí 
hablar del amor con esa frivolidad, que es uno de 
tus mayores encantos; desde que me dijiste que yo 
tenía una cabeza artística, como para cincelarla en 
marmol de Garrara. , . ¿Creo que dijiste Carrara? 
Sí, algo de rara dije. 

Desde que me dijiste que nada te interesaba tanto 
como un ocaso. . . 

Sí, sí. . . etc. . ., etc. No me repitas todo lo que he 
dicho durante los siete días que estuve a tu lado . . . 
que voy a desayunarme. 

Pues bien, prima; desde entonces, soy otro hombre. 
jQue sea enhorabuena! 

No te burles, porque estoy loco, no vivo; pensaba 
ponerme a escribir mi gran novela «El pollo pera» , 
y cuantas veces he cogido la pluma, se me ha resis- 
tido el pollo. No tengo imaginación más que para ti. 
¡No creí que era tan poca! 

Y vengo a proponerte que de hoy en adelante viva- 
mos el uno para el otro, siempre unidos. 

Pero, ¿y Aniceto? 

Yo te sacrifico a Nene; tú me sacrificas al secretario, 
a Trosky y a Clemenceau, y solos y libres, nos de- 
dicaremos a correr el mundo como en un sueño . ¡La 
India misteriosa! ¡El África salvaje! ¡La América 
aventurera! Viviremos una vida loca y errante, toda 
de fiebre y de abrazos, y cuando los nervios nos pi- 
dan reposo, construiremos una cabana en el corazón 
de una selva virgen, y lejos del mundanal ruido, 
nos haremos vegetarianos o herbívoros y seguire- 
mos amándonos como Dafnis y Filemón. 
Muy bonito. Ahora cuéntame uno de ladrones. 
Pero oye, ¿has tomado esto por un cuento? 
¡Es tan bello! 

103 



Tony. 

TOTÓ. 

Tony. 

TOTÓ. 

Tony. 
ToTÓ. 
Tony. 



TOTÓ. 



Tony. 

TOTÓ. 
TONT. 
TOTÓ. 

Tony. 

TOTÓ. 



Tony. 

TOTÓ. 

Tony. 

TOTÓ. 

Tony. 

TOTÓ. 

Tony. 
Crist. 

TOTÓ. 

Crist. 

TOTÓ. 

Tony. 
ToTÓ. 

104 



¿Pero qué te parece como programa? 
Para un cine, ideal. 

¡Tetó! 

Querido Tony, ¿has venido en automóvil? 

A noventa por hora. 

¿Has llevado tú el coche? 

^^1 ^^If ?í^^ y« ^0 ío he llevado más que do« veces 

nna al taller de reparaciones, porque me dejémed7¿ 

capota en una farola, y otra a la Casa de SoS)rri 

porque me dejé medio ami^o en una esquina ' 

Pu^s bien; te lo preguntaba-ha llegado la hora de 

la franqueza -porque parece que te ha traído al Sar^ 

dinero el augel tutelar de mi vida 

¿Qué diees, adorable Totó? 

Que acepto tu programa en absoluto. 

¿De veras? 

Tu programa es mi única salvación, porque... por- 
que... me da reparo decírtelo. 4ue... por 

p!,T.^i!-^''''m' ^"""^ ^'""^^ ^^® ^^ llegado esa hora? 

do« mn^' ^T^;- ^^^^"^^ ^ ^^^^^^«5 <l^í«ro pagar 
dos millones de francos que debo allí... ¡Estoy arrni 

ZtA'n ^^'^'^ «vivarme!... Pagas los dos millonea 
que debo... y con esto restituyes mi crédito... y libr(> 
lo ^/**^?^^f rías nos entregaremos a la más bella de 
la felicidades {Viendo a Tony, que se ha pucto Z 

r.in ''I" \^ '''^^' ^^ ^«"« ^' ^« ^«^^O Pero ¿qué 
te pasa?... ¿Te has puesto pálido?... ^ 

No, nada nada... la fatiga del viaje, sin duda. ¿T 
dices que dos millones?... * 

ui^ir^ '^!' TI '^ ^'^''•^ íQ^^ ^® te están cayendo 
las medias... tostadas! 

¿Y dices que en la ruina? 

díd^ Vo^'n''? °'^' ^^'^^^t^' pero tú me salvarás; ¿ver- 
Desde luego; ahora que... 

Porque sí, Tony, sí; yo quiero huir contigo a unft 
selva virgen. * 

Bueno, suponiendo que quede alguna en esas condi- 
ciones. En fin, ya veremos, porque... 
{Entrando.) Con permiso de la señora. 
¿Qué pasa? 

Este señor, que desea ser recibido. {En una bandeja 
de plata alarga una tarjeta,) 

{Leyendo.) Enrique Marzo, pintor de crepúsculos. Po- 
niente, 12. 
¿Enrique aquí? 
Dígale que pase. {Cristeta hace mutis.) 



\ 



¡Ah! ¿Pero vas a recibirle? 
¿Por qué no? ¿No te he recibido a tí? 
Es que él es un conocido y yo soy un primo. 
Nada de competencias. Cualquier amigo puede igua- 
larse a un primo, y aun superarle. 
¿De modo que lo consideras más primo que yo? 
Por el estilo. {Sale por la izquierda Enrique, con 
guardapolvo y gorra.) 

Encantadora, To... {Reparando con disgusto en Tony, y 
¡Ah! ¿Pero estás tú aquí? 

¡Muá meml... De modo, so farsante, que cuando ale- 
gaste ayer para irte de casa que yo te había echado 
era porque pensabas seguir a Totó. 
¿Ahora te desayunas? 
No he podido antes. 

Pues sí; era para seguir a Totó; como era para se- 
guirla también el pretexto que pusiste tú de que no 
querías que yo me moviera de allí para no destruir 
la felicidad de Machalén. 
¿Truquitos a mi? 
¿Pues y los tuyos? 

¡Por Dios, señores, que olvidan ustedes que todavía 
les acompaño! 
Es verdad. Perdón, Totó. 

Hacerle a uno perder la educación es el privilegio de 
los imbéciles. 

Pues si has perdido la educación alguien te va a re- 
gañar, porque tuya no era. 

Basta, he dicho. Siéntese... Enrique... ¿no trae ustec| 
la caja de pinturas? 
¡Viene puro y sin mancha!. . . 

¡Ta saldremos de aquí. . . y te constiparás y no ten- 
drás con qué estornudar!.. . Al tiempo. 
{Muy amable.) ¿Y de dónde sale usted? 
Acabo de llegar de Zarauz... Un señor del Sardinera 
me ha encargado que le haga un retrato. 
{Con sorna.) ¡Pues no se te olvide darle un carnet de 
identidad para que le conozcan, porque si no está 
fresco! 

¿Pero está usted oyendo qué gracias más taberna- 
rias? 

¡Por Dios, Tony, que estoy violentísima! Os suplico 
que ceséis en vuestra hostilidad, que me aflige doble- 
mente, porque, sin quererlo, por lo visto soy yo la 
causante de ella. 

Sí, tú lo eres, Totó, y lo eres por tu excesiva bondad 
Le has alabado esos indignos chafarrinones que 

105 



Enriq. 

Tony. 

Enriq. 



TOTÓ. 

Tony. 



ToTÓ. 

Enriq. 
ToTÓ. 



Tony. 
Enriq. 

TOTÓ. 
liOS DOS, 
TOTÓ. 



Enriq. 

TOTÓ. 



Tony. 
ToTÓ. 

Enriq. 

TOTÓ. 

106 



pinta. . . y se ha creído que te han vuelto loca su 
paisajes. ¡Paisajes que son, más que cuadros, canas 
tos de verdulería! 
¡Canastos! . . . 

¡No blasfemes, que hay señoras! 
Efectivamente, Totó; de todo lo que ocurre üem 
usted la culpa, por haberle dicho las cosas con excd 
siva delicadeza. Le ha dicho usted que tenía un ocas^ 
espléndido y que su cabeza era digna de un bloqui 
de piedra, y no ha comprendido que lo del ocaso era 
por no llamarle carcamal, y lo de la piedra era 
para que le diesen con ella en mitad del cráneo 
nada más . 

Yo ruego a ustedes que se moderen. 
No, Totó, nada de moderación; y pues que el acasí 
nos pone ante tí, frente a frente, dinos tu voluntad 5 
sepamos de una vez a qué atenernos. 
No me parece mal. {A Enrique.) ¿Está usted con- 
forme?. ... 

Con respetar la voluntad de usted, siempre. 
Pues no se hable más. Oigan lo que yo resuelvo en 
juicio definitivo. En San Sebastián hay una cancio- 
nista trágica y una manicura espléndida . . . 
¿Tú sabías? (Levantándose.) 
¿Usted BSihQ? (Levantándose.) 
Y Nene y Machalén tampoco lo ignoran. 
¿Lo saben?... 

Todo. Lamentaban las ausencias, lloraban los des- 
víos y no encontraban la manera de lograr que los 
pájaros no abandonasen tantas veces el nido . ¡Que 
rían retenerlos y no sabían cómo! 
¿Y acaso encargaron a la prima?. . . 
Usted lo ha adivinado. Encargaron a la prima Tot(í 
que con su alegría, con su frivolidad, con el exóticc 
perfume de sus extravagancias, cortase las alas a los 
pájaros y los retuviese en el nido; pero como en este 
de la coquetería es tan difícil acertar con el juste 
medio, lo que a ustedes les parecía poco a ellas les 
pareció demasiado, y la prima Totó enemistó a doí 
hombres, disgastó a dos mujeres, y un poquito herida 
en su dignidad, y tal vez en su corazón, tuvo que le- 
vantar el vuelo. 

Entonces todo eso de mi ocaso y de mi cabeza... 
Sigue siendo espléndida y artística; pero, ¿quién 
mejor que mi prima para admirarla? 
¿Y mis manchas y mis retratos? 
Le proporcionarán, indudablemente, una gloria que 



TONI 
TOTC 
TON^ 

Toié 

T0N5 



Tot( 

TONl 
ENR! 



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TON! 

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TONl 

Enri 

M 
ToNi 

Enri 

TOT( 

ToNi 



Enri 

T0T( 



Není 



Cris' 



Cris: 



debe usted compartir con Machalén, amigo Enrique* 
¿De modo que todo esto es un sacrificio tuyo? 
¡Exactamente! 

Bueno, querida Totó. No hay sacrificio sin recom- 
pensa. ¿Me has dicho que necesitabas dos millones? 
jDos millones! 

Pues ya lo oyes, querido Enrique, necesita dos mi- 
llones; tú, eres joven; tú, eves artista; tú, eres ani- 
moso; a ganarlos para ella. 

¡Oh, Tony, qué generoso, qué bueno y qué sinver- 
güenza eres! 

¡Por Dios, no estropees tus elogios! 
Lamento que por mi culpa haya usted recibido -la 
menor ofensa, y le agradezco la baena intención con 
que me mintió su afecto. 
¡No fué mentido! 
Exagerado. 
Quién sabe... 

Pero para demostrara usted que todo lo arrostraría 
por su estimación, soy capaz de. . . {Por la izquierda 
se oye la voz de Nene que grita.) 
Le digo a usted que no necesita anunciarnos. 
Somos de la familia. {Sigue el rumor,) 
¡Mi dignísima abuela! 

¡Ellas!... ¡Ellas aquí!... ¿Por dónde salimos? 
¡Dios mío, qué complicación tan desagradable! 
¡Nos dan el escándalo! 

Yo, por evitarla a usted... Creo que debíamos ocul- 
tarnos... 

Pero, ¿dónde? No tengo más que mi alcoba. 
El sitio es agradabilísimo., .pero demasiado expre- 
sivo. 

Pero si no hay otro medio. 
El único, pronto, que ya están aquí. 
Procura que no entren, por lo que más quieras; por- 
que de entrar mi mujer, el montoncito de polvo con 
gorra que habrá junto a la mesilla de noche, soy yo. 
Sí, procure usted evitar que nos encuentren. 
De prisa. (Entran a la derecha. Como sigue el rumor 
de discusión entre la cam^arera y las señoras, se acer- 
ca a la puerta de la. izquierda.) Pero, ¿qué ocurre? 
{Entrando con Machalén y Cristeta.) ¿Qué ha de ocu- 
rrir? Este grillo ... 
Me llamo Cricrí. 

Pues por eso mismo; este grillo que no quería dejar- 
nos pasar. 
Comprenda la señora que yo necesito anunciar... 

107 



Nene. 
Mach. 

TOTÓ. 

Nene. 



Mach. 

Nene. 

TOTÓ. 

Mach. 



Nene. 



TOTÓ. 



Nene. 

ToTó. 
Mach. 

Nene. 

TOTÓ. 

Mach. 

Nene. 



TOTÓ. 

Mach. 
Není. 



ToTÓ. 

NlNÉ. 

ToTó. 
Mach. 
ToTÓ. 
Nbné. 

TOTÓ. 
108 






Pues que la pongan a usted de telón en un cine. * 

Ya la hemos dicho que éramos de la familia. I 

Bueno, basta; retírese usted, Cristeta. (Cristeta hace 

mutis por la izquierda.) 

(Por lo laja a Machalén, mientras Totó cierra la 
puerta de la derecha y acerca unas sillas.) Fíjate; dos 

desayunos. 

¡Claro, el de ella y el de Enrique! 

¡El de ella y el de Tony... que hay galletas! 

Bueno. (Se sientan.) Pues vosotras diréis a qué debo 

esta agradable sorpresa. 

Pues la verdad, como la entrevista de ayer fué tan 
desagradable y nos quedamos, tanto la tita como yo, 
bastante disgustadas... 

Hemos decidido pasar unos días aquí y verte a me- 
nudo, para suavizar lo que por nuestra parte te hu 
biera parecido molesto. 

¡Jesús, qué amables! ... y cuanto lo agradezco^ 
pero no tenían necesidad. ¿Y ha venido Tony tam- 
bién? 

Con nosotras, no; pero vamos, yo casi estoy segura 
de que está aquí. ¡Lo juraría! 
¿Y Enrique, quedó en Zarauz? 

Pues Enrique sospecho que también debe andar p or 
estos alrededores. 
Uno u otro no estarán lejos. 
Claro; sería imperdonable que os dejasen solas. 
(Aparte a Nene.) (¡Cómo disimula!) 
{Aparte también.) Pues yo registro la alcoba. Ahora 
verás. Oye, Totó, ¿sabes que estás muy bien insta- 
lada? 

Regular. En el cuarto de un hotel no se pueden pedir 
gollerías. 

Este gabinetito es sencillo, pero muy mono. 
Y mira por dónde podemos dar noticias a las de Río- 
seco, que nos encargaron que viésemos habitaciones 
en este hotel... El gabinete es muy elegante... (Le- 
vantándose) y esa es la alcoba, ¿verdad? 
Sí; esta es la alcoba. 

Oye, pues vamos a pasar a ver la alcoba, con tu 
permiso. 

No, perdonadme; a la alcoba no podéis pasar. 
¿Que no podemos? 

(Apurada) No podéis. ' 

¿Acaso hay alguien en ella? 

Ha*ce muchos años que disfruto de una libertad que 
me excusa de esas contestaciones... pero, en fin, os 



diré que no hay nadie. Lo que hay es que he conocido 
vuestro deseo de registrar mi cuarto, y esa ofensa no 
puedo tolerarla. Soy independiente... Soy libre... 
Sí; pero acaso dentro de esa habitación puede que 
haya alguien que no sea tan libre como tú... 
O alguien que esté para dejar de ser libre. 
¿Qué queréis decir? 

Ea, basta de disimulos. Yo he venido aquí porque 
tengo la convicción de que Tony está ahí dentro. 
Y yo he venido porque estoy segura de que está En- 
rique. 

[Nada menos que los dos! {Riendo) ¡Cuan injustas 
sois conmigo! 

Pues demuéstranos la injusticia dejándonos en- 
trar. 

Ño hace falta que entremos, tita. Cabe un arreglo; 
puesto que no quieres que veamos al que está ahí, 
sea quien sea, que hable desde dentro, que diga 
cualquier cosa. 

Que grite: «¡Viva la Unión Patriótica!» y yo te diré 
si es el Sr. Gavilán o Tony. 

No os canséis; el que está ahí dentro es persona a 
quien no quiero molestar. 
Porque es Tony. 

Porque es Enrique. {En este momento se oye por la 
puerta de la izquierda la voz de Tony que grita: «No 
se moleste, soy de la familia». 
(Asombrada.) ¡Ah, mi marido! 

Como que el que está ahí dentro (Por la alcoba) es 
Enrique. 

{Entrando seguido de Enrique y señalando a Nene y 
a Machalén.) ¡Míralas! ¿No te lo dije? 
(Asombrada.) ¡Enrique! 
¿Pero cómo habéis venido? 
Pues saltando por... 

(Sin dejarle acabar.) Por todo; saltando por todo. 
Nos encontramos en el camino de San Sebastián; a 
mí se me había acabado la gasolina, este me ofreció 
su coche... 

Nos reconciliamos, volvimos juntos a Zarauz... y nos 
dijo Teresa que estabais camino del Sardinero... y 
aquí estamos. 
¿Y cómo estáis? 
Bien, ¿y vosotras? 

Digo que cómo estáis a estas horas sin haber dormi- 
do y sin... 
¡Ah, pero es que cuando la mujer amada duda d© 

109 



TOTÓ. 

Nene. 
Tony. 

Nene. 
Tony. 
Nene, 
Tony. 
Nene, 
Tony. 
ToTÓ. 



Nene. 
Mach. 
Enriq. 
Mach. 
Enriq. 

TOTÓ. 



Nene. 

Mach. 
ToTÓ. 

Tony. 

Nene. 

Enriq. 
Mach. 

Tony. 

Nbní. 
Enriq. 
Tony. 

Mach. 

TOTÓ. 

Nene.- 



no 



uno... uno se sorbe los kilómetros para llegar a tran- 
quilizarla. 

Y luego os quejaréis. 

Y esa mujer amada, Tony, ¿quién es? 

Gente de paz. Digo ¡tú!... ¡tú, Nene, tú!... lÁv' 

¡Nene!... 

¿Ese suspiro es amoroso? 

Mitad amoroso, mitad reumático. 

Pues mañana nos vamos a los baños de Alhama. 

Y al ama, ¿la has visto tú? 
Verás qué hermosura. 
Pues estonces, vamos. 

Sobre todo, curarse. ¡Es lo mejor que podéis hacer! 
¡Nada como unas termas para curar los celos a los 
sesenta años! 
No exageres 

Y a tí que te pasa, Enrique, estás preocupado. 
Preocupado, no. . . Un poco triste. . . 

¿Por mí, acaso? 

¡No, por mí sólo! ... No te preocupes. 
(Aparte.) (¡No me meto en un arreglito de estos que 
no me clave una espina!) (Muy alegre; alto.) ¡Pero en 
fiu, ya que estáis tranquilos todos!... ¡Marchaos a 
vuestra felicidad!... La prima Totó os ve felices y 
queda contenta en su soledad. 

¡Si queréis pasaros el día aquí!... Comeremos jun- 
tos .. . 

Sí, y Totó puede comer con nosotros... 
¡No, yo os lo agradezco, pero yo... estoy comprome- 
tida ! 

¿Que estás comprometida? 

(Mirando maliciosamente a la alcoba.) ¡Cállate, hom- 
bre!. . . ¡Cuando ella lo dice!. . . 
(Indignado . ) Pero ... 

{Maliciosa. Guiñándole un ojo.) ¡Es que ahí dentro 
hay ropa tendida! ... 
¿Estáis seguras? 
Segurísimas . 

(Así paga el diablo a quien bien le sirve.) 
Entonces, querida prima, que concluyas de pasar e! 
verano felizmente. 

Y perdona que te hayamos molestado, pero com- 
prende.. . 

¡Qué no comprenderé de vosotras! . . . 
{Aparte a Totó.) Oye, rica, que estoy que chillo de 
curiosidad. . . ¿El que se ha ocultado ahí cuando he- 
mos venido nosotras es el general mexicano? 



I 



{Riendo.) El mismo, 
¿Y como se llama? 
Don Antero Dos. 

¡Ah, Dos!... ¡El general Dos!... ¡Cuanto siento irme sin? 
conocerlo! ¡Soy tan partidaria del panamericanismo!.^ 
¡En otra ocasión! 

Pues vamos. . ¡Hasta la vista, prima! 
{Despidiéndose de Totó . ) Totó . . . encantado de ha- 
berla conocido. 

Y yo también, Enrique. {Se dan la mano lar garriente. y 

Y si algún día volvemos a vernos , . . 

No, posiblemente, ya no volveremos a vernos más; 

pronto embarcaré para América . 

Entonces... Adiós para siempre... ¡qué remedioJ 

{Mutis por la izquierda.) 

¡Adiós a todos! {Vanse. Totó queda despidiéndolos . Se 

oye próximo el violin de Aniceto que toca.) 

, ■ Adiós, Niñón, 

gentil Niñón, etc. , etc. 
{Toca el timbre y aparece Cristeta .) B-agei el favor de- 
decirle a mi secretario que venga. 
¿Quiere la señora que cierre la ventana de la alcoba? 
No, ya, ¿para qué? {Cristeta hace mutis. Joto se diri- 
ge a una de las maletas, saca un cuaderno de piel muy 
elegante y una estilográfica, se sienta en un sillón, en- 
ciende un pitillOy cruza una pierna sobre otra, apoya 
en la que cabalga el cuaderno y se dispone a escribir.) 
{Entrando con el violin.) ¿Me necesita la señora? 
Sí. ¿Desayunaste? 

Lo he intentado, pero no me pasaba el Suchard de la^ 
epiglotis. 

Pues lo siento, porque podrías desayunar conmigo,, 
pero quiero estar sola« 
Entonces, ¿me alejo? 

Sí, y durante un momento toca en el jardín, pero 
donde yo te oiga, algo doloroso y romántico, alegre 
y sentimental al mismo tiempo. 
¿Entonces, el sueño de Manónf 

Quizá... {Vase Aniceto. A poco se oye muy dulcemente 
el sueño de «Manon». Totó va escribiendo y repitiendo 
lo que escribe. Escribiendo.) Diario de mi vida. 15 de 
agosto. . . Vuelvo a quedarme sola. . . y en el silen- 
cio de mi soledad triste. . . oigo las pisadas leves del 
amor que ha vuelto a pasar cerca de mi alma y que 
se aleja. . . se aleja. . . {Levanta la cabeza,) ¡Se aleja!: 

CAE EL TELÓN 

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Éllllifltlllllílli!llllllllllllllllinlítll)l!lll!IIIII!lll!lllllllll![IIIIH 

! I 

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OBRA.S PUBLICADAS 



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Pedro Mata: Una ligereza 5,00 

I Eduardo Zamacois: Los dos. 2,50 

I Alberto Insúa: Mi tía Manolita 5,00 

! Antonio de Hoyos y Vinent: El sortilegio de 

I la carne joven 5,00 

I Paul Morand: La Europa galante 5,00 

Alberto Insúa: Una historia francamente in- 
moral.. 2,50 

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el amor. 
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Paul Morand: Lewis e Irene. 
José Francés: Su Majestad. 
Alvaro Retana: El paraíso del diablo. 
Pedro de Répide: La abominable virtud. 



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